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Ferrol-Oviedo: El Tren Olvidado en Ruinas que Avergüenza a Media España

¡Ah, el tren Ferrol-Oviedo! Esa maravilla ferroviaria que nos hace sentir como si hubiéramos retrocedido a una época donde viajar lentamente no era una opción, sino el único camino. Si alguna vez soñaste con un tren que combinara la incomodidad de un coche de los años 70, la velocidad de un caracol con resaca y la puntualidad de un reloj estropeado, entonces tienes que subir al Ferrol-Oviedo. Pero, claro, que no se diga que los políticos no han hecho nada: han invertido todo su esfuerzo en ignorar este tramo. Quizás incluso organizaron algún concurso secreto para ver cuánto tiempo pueden dejarnos con esta reliquia.

Vamos a ponerlo claro: viajar en el tren Ferrol-Oviedo es un ejercicio de paciencia y resignación. Desde que te subes al vagón (si tienes la suerte de que llegue) sabes que te esperan horas y horas, y horas, de encantadora incomodidad. Los asientos parecen sacados de una exposición de tortura medieval, el ruido del motor es la banda sonora de tu propio calvario, y el traqueteo es como el de un tren minero de principios de siglo pasado. ¿Te parece exagerado? Pues pregúntale a cualquiera que lo haya tomado en los últimos 20 años. ¡Eso si encuentras a alguien que tenga ánimos de hablar del tema sin soltar alguna lagrimita de frustración!

Y ahí están, los políticos, sentados en sus despachos climatizados, decidiendo con gran precisión el presupuesto para mantener los trenes que realmente importan… en otros sitios, claro. Porque cuando se trata de líneas rentables, las inversiones caen como lluvia en abril. Ah, pero el tren Ferrol-Oviedo, ese no importa. Esa línea es como la tía lejana que nadie quiere invitar a las cenas de Navidad. Da igual cuántas veces se quejen los usuarios, cuántas fotos de asientos rotos, ventanas empañadas y baños inservibles circulen en las redes sociales. Da igual, porque ellos no lo usan. Ellos viajan en coche oficial o en AVE, así que lo del Ferrol-Oviedo es solo una línea en un presupuesto que ni miran.

Cada tanto aparece algún político bienintencionado, o al menos con ansias de ganar puntos, y hace una promesa sobre el “plan de modernización del tren Ferrol-Oviedo”. Lamentablemente, cada vez que oímos eso, deberíamos traducirlo como “vamos a seguir dándole largas al asunto”. Porque en términos de inversiones reales, la línea sigue siendo el primo pobre del sistema ferroviario español. Han pasado años y ¿qué tenemos? Trenecitos antiguos, vías que necesitan una renovación urgente, estaciones donde ni siquiera puedes esperar sentado sin sentir que estás en medio de una novela de García Márquez. ¿Y mientras tanto? Pues el Ferrol-Oviedo sigue siendo un recorrido turístico al pasado… no porque nos ofrezcan un tren histórico, sino porque el material ferroviario es más o menos de esa época.

Si comparamos el tren Ferrol-Oviedo con las líneas de Cercanías en otras zonas de España, la diferencia es abismal. Las Cercanías, con sus trenes modernos, sus horarios frecuentes y sus paradas limpias y bien mantenidas, son el paraíso ferroviario comparado con este despropósito. Aquí estamos hablando de una línea de media distancia que, en condiciones normales, debería ser algo respetable, algo mínimamente funcional, ¿verdad? Pues no. Aquí no hay ni un solo esfuerzo en hacerlo decente. Ni siquiera el sarcasmo alcanza para describir la diferencia. Es como si nos hubieran olvidado en el rincón más oscuro de la red ferroviaria, y en vez de mejorar, cada año parece empeorar. Los de Cercanías tienen máquinas que funcionan, trenes que llegan, y algunos hasta tienen aire acondicionado. Nosotros… bueno, tenemos suerte si el tren llega algún día. 

Viajar siete horas en los asientos del Ferrol-Oviedo es como disfrutar de un exclusivo masaje medieval: madera dura, respaldo rígido y un relleno tan “suave” como una piedra. Cada minuto es un recordatorio de que el confort es para los débiles, y que los pasajeros de esta línea tienen la “fortuna” de fortalecer la espalda a base de traqueteo y mala ergonomía. ¡Un lujo al alcance de pocos!

Lo más triste de todo esto es que, mientras esperamos el milagro, la única solución real para mejorar el Ferrol-Oviedo es… ¡no usarlo! Muchos pasajeros han acabado resignados a tomar otras alternativas, aunque sean más caras y menos convenientes, simplemente para evitar esa odisea de horas y horas en condiciones que no se le desearían ni al peor enemigo. Pero, claro, ¿eso afecta a los políticos? Claro que no. Ellos siguen en sus despachos, planeando el próximo recorte, la próxima excusa o, mejor aún, ignorando el tema hasta la próxima elección.

Así que, mientras el tren Ferrol-Oviedo siga en este estado lamentable, lo único que podemos hacer es exigir y, de ser posible, no callarnos. Porque ya sabemos que ellos solo invierten donde ven votos o peligro de perderlos. Si ven que no nos importa, que seguimos aceptando este desastre ferroviario sin protestar, seguirán tratando a esta línea como si fuera una anécdota, un chiste o una molestia menor en el presupuesto. ¿Qué se necesita para que tomen en serio esta línea? Quizá deberíamos invitar a un político importante a hacer el trayecto, y no en coche oficial, sino en uno de esos trenes “espectaculares” que tanto nos gustan a los usuarios. ¿Quién sabe? Quizá cuando prueben la experiencia en carne propia, finalmente decidan hacer algo.

Hasta entonces, seguiremos en el tren Ferrol-Oviedo, ese emblema del “haremos lo posible… en otra legislatura”.

Es hora de exigir algo mejor. La paciencia de los ciudadanos tiene un límite, y este tren es un símbolo más del abandono de una parte de España que también merece un transporte digno. Mientras los políticos viajan en AVE, los usuarios del Ferrol-Oviedo se ven obligados a usar una línea de tren que parece empeorar cada año. Un país que se precia de su modernidad ferroviaria debería ofrecer algo mejor que esta ruina ambulante.

Así que, la próxima vez que alguien de arriba mencione “el plan de modernización del Ferrol-Oviedo”, mejor miremos los hechos. Porque las promesas vacías ya no son suficientes. Hasta que alguien realmente decida invertir en un cambio, el Ferrol-Oviedo seguirá siendo el emblema de una política de abandono, un recordatorio de que hay ciudadanos de primera y de segunda… al menos en el tren.

Este tren no es solo un medio de transporte en ruinas; es un monumento al desprecio institucional, un testimonio rodante de cómo se pisotea a las regiones que no llenan titulares ni urnas. Cada vagón, cada asiento roto y cada retraso eterno son una burla a quienes día tras día soportan esta indignidad. Y que quede claro: mientras los políticos se llenen la boca con promesas vacías y sigan relegando a los ciudadanos de esta línea a la última fila, el Ferrol-Oviedo seguirá siendo la prueba viva de su absoluta incompetencia y su vergonzosa desidia.

Cada kilómetro de este trayecto es una bofetada a los ciudadanos y un recordatorio de la desconexión total de quienes nos gobiernan. Los políticos que permiten que esta línea siga así no solo nos ignoran: nos desprecian abiertamente. El Ferrol-Oviedo es más que un mal tren; es el símbolo de una traición política que ya no debería tolerarse ni un día más.

 

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