Ferrol-Oviedo: El Tren Olvidado en Ruinas que Avergüenza a Media España
Vamos a ponerlo claro: viajar en el tren Ferrol-Oviedo es un
ejercicio de paciencia y resignación. Desde que te subes al vagón (si tienes la
suerte de que llegue) sabes que te esperan horas y horas, y horas, de
encantadora incomodidad. Los asientos parecen sacados de una exposición de
tortura medieval, el ruido del motor es la banda sonora de tu propio calvario,
y el traqueteo es como el de un tren minero de principios de siglo pasado. ¿Te
parece exagerado? Pues pregúntale a cualquiera que lo haya tomado en los
últimos 20 años. ¡Eso si encuentras a alguien que tenga ánimos de hablar del
tema sin soltar alguna lagrimita de frustración!
Y ahí están, los políticos, sentados en sus despachos
climatizados, decidiendo con gran precisión el presupuesto para mantener los
trenes que realmente importan… en otros sitios, claro. Porque cuando se
trata de líneas rentables, las inversiones caen como lluvia en abril. Ah, pero
el tren Ferrol-Oviedo, ese no importa. Esa línea es como la tía lejana que
nadie quiere invitar a las cenas de Navidad. Da igual cuántas veces se
quejen los usuarios, cuántas fotos de asientos rotos, ventanas empañadas y
baños inservibles circulen en las redes sociales. Da igual, porque ellos no lo
usan. Ellos viajan en coche oficial o en AVE, así que lo del Ferrol-Oviedo es
solo una línea en un presupuesto que ni miran.
Cada tanto aparece algún político bienintencionado, o al
menos con ansias de ganar puntos, y hace una promesa sobre el “plan de
modernización del tren Ferrol-Oviedo”. Lamentablemente, cada vez que oímos eso,
deberíamos traducirlo como “vamos a seguir dándole largas al asunto”. Porque en
términos de inversiones reales, la línea sigue siendo el primo pobre del
sistema ferroviario español. Han pasado años y ¿qué tenemos? Trenecitos
antiguos, vías que necesitan una renovación urgente, estaciones donde ni
siquiera puedes esperar sentado sin sentir que estás en medio de una novela de
García Márquez. ¿Y mientras tanto? Pues el Ferrol-Oviedo sigue siendo un
recorrido turístico al pasado… no porque nos ofrezcan un tren histórico, sino
porque el material ferroviario es más o menos de esa época.
Lo más triste de todo esto es que, mientras esperamos el
milagro, la única solución real para mejorar el Ferrol-Oviedo es… ¡no usarlo!
Muchos pasajeros han acabado resignados a tomar otras alternativas, aunque sean
más caras y menos convenientes, simplemente para evitar esa odisea de horas y
horas en condiciones que no se le desearían ni al peor enemigo. Pero, claro,
¿eso afecta a los políticos? Claro que no. Ellos siguen en sus despachos,
planeando el próximo recorte, la próxima excusa o, mejor aún, ignorando el tema
hasta la próxima elección.
Así que, mientras el tren Ferrol-Oviedo siga en este
estado lamentable, lo único que podemos hacer es exigir y, de ser posible, no
callarnos. Porque ya sabemos que ellos solo invierten donde ven votos o peligro
de perderlos. Si ven que no nos importa, que seguimos aceptando este desastre
ferroviario sin protestar, seguirán tratando a esta línea como si fuera una
anécdota, un chiste o una molestia menor en el presupuesto. ¿Qué se necesita
para que tomen en serio esta línea? Quizá deberíamos invitar a un político
importante a hacer el trayecto, y no en coche oficial, sino en uno de esos
trenes “espectaculares” que tanto nos gustan a los usuarios. ¿Quién sabe? Quizá
cuando prueben la experiencia en carne propia, finalmente decidan hacer algo.
Hasta entonces, seguiremos en el tren Ferrol-Oviedo, ese
emblema del “haremos lo posible… en otra legislatura”.
Es hora de exigir algo mejor. La paciencia de los ciudadanos
tiene un límite, y este tren es un símbolo más del abandono de una parte de
España que también merece un transporte digno. Mientras los políticos viajan en
AVE, los usuarios del Ferrol-Oviedo se ven obligados a usar una línea de tren
que parece empeorar cada año. Un país que se precia de su modernidad
ferroviaria debería ofrecer algo mejor que esta ruina ambulante.
Así que, la próxima vez que alguien de arriba mencione “el
plan de modernización del Ferrol-Oviedo”, mejor miremos los hechos. Porque las
promesas vacías ya no son suficientes. Hasta que alguien realmente decida
invertir en un cambio, el Ferrol-Oviedo seguirá siendo el emblema de una política
de abandono, un recordatorio de que hay ciudadanos de primera y de segunda… al
menos en el tren.
Este tren no es solo un medio de transporte en ruinas; es un
monumento al desprecio institucional, un testimonio rodante de cómo se pisotea
a las regiones que no llenan titulares ni urnas. Cada vagón, cada asiento roto
y cada retraso eterno son una burla a quienes día tras día soportan esta
indignidad. Y que quede claro: mientras los políticos se llenen la boca con
promesas vacías y sigan relegando a los ciudadanos de esta línea a la última
fila, el Ferrol-Oviedo seguirá siendo la prueba viva de su absoluta
incompetencia y su vergonzosa desidia.
Cada kilómetro de este trayecto es una bofetada a los
ciudadanos y un recordatorio de la desconexión total de quienes nos gobiernan.
Los políticos que permiten que esta línea siga así no solo nos ignoran: nos
desprecian abiertamente. El Ferrol-Oviedo es más que un mal tren; es el símbolo
de una traición política que ya no debería tolerarse ni un día más.
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