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La dictadura de Daniel Ortega

La Iglesia no solo es perseguida en África, Oriente Próximo y Extremo Oriente. Si hay un país donde la libertad religiosa se ha convertido en una quimera, ese es Nicaragua, gobernada con mano de hierro por Daniel Ortega y su esposa, la “vicepresidenta” Rosario Murillo. El Papa Francisco lo comparó con el comunismo hitleriano e hizo hincapié en que es una dictadura grosera.

En un pasado más o menos reciente, los populistas latinoamericanos como Daniel Ortega (y López Obrador), han sido tan astutos que han utilizado incluso la llamada “teología de la liberación” para engañar a sus adeptos y fanáticos seguidores, como también a ingenuos simpatizantes de origen cristiano (católicos o protestantes) presentándoles retórica marxista con la envoltura del Evangelio judeocristiano.

Nicaragua, país secuestrado y castigado por el tirano Daniel Ortega, un ex guerrillero del FSLN que,  dejó de lado las banderas de su “revolución” para convertirse en lo que siempre ha sido. Un dictador peor que Anastasio Somoza a quien combatieron hasta derrocarlo. Pero no contaba el tirano con el valor de algunos obispos y sacerdotes católicos, que en congruencia con el Evangelio han estado mostrando al pueblo nicaragüense las mentiras y delitos públicos del tirano Daniel Ortega, quien enloquecido ya por el poder se ha dedicado a perseguirlos, hostigarlos y tratar de acabar con ellos y esclavizar a todo su pueblo.

Una vez en el poder, estos dictadores se pierden en su disfrute. Sale el verdadero monstruo que habitaba en su yo escondido, en su ego mega acariciado y ambicioso. Hombres perversos que creen que el mundo, en particular sus países, están para aguantarles y enseñorearse de ellos. Persiguen  a la Iglesia por su misión profética, porque es la única que es capaz de denunciar sus constantes violaciones a los derechos humanos, olvidándose de que cuando persiguen a la Iglesia, en la persona de sus servidores los obispos, los sacerdotes, los laicos, es a Cristo mismo a quien persiguen.

La cuestión de fondo es que sus planes populistas nada tienen que ver con el cristianismo. De hecho ha sucedido que al ser rechazados por los creyentes y exhibidos por sus líderes (sacerdotes o pastores), los tiranos la han emprendido contra ellos, mostrando su verdadero rostro de maldad.

El Papa Francisco cuestionaba abiertamente por primera vez al régimen de Ortega, que en febrero del 2023 excarceló y deportó a 222 presos políticos a Estados Unidos, y una represión que se ha cebado especialmente con los católicos. “Es como si fuera traer la dictadura comunista de 1917 o la hitleriana del 35, traer aquí las mismas… Son un tipo de dictaduras groseras”, fueron las palabras de Francisco.

Así las cosas, no debemos confundir cristianismo con comunismo… El cristianismo, en sus inicios, tenía una organización socioeconómica en forma de comunitarismo en la cual sus miembros eran propietarios privados que ayudaban libremente a la distribución de sus bienes a los más necesitados.

El comunismo es en sí mismo una ideología destructiva que adolece de carácter institucional, su carácter es revolucionario que utiliza el terror como forma de gobierno. El comunismo ha causado el mayor genocidio en la Historia de la Humanidad.

Las víctimas preferidas del comunismo han sido simples ciudadanos por el mero hecho de ser cristianos o contrarios al ateísmo comunista. Ha asesinado a obispos, a miles de sacerdotes, religiosos y religiosas especialmente a aquellos que trabajaban con celo con los pobres y con los obreros.

En los últimos tiempos está surgiendo con gran fuerza en  España la formación de  nuevos partidos políticos con la ideología comunista más radical que ha conocido la historia con el consiguiente peligro ya conocido de los años treinta del siglo pasado. Este comunismo es el mismo que estuvo instalado varias décadas en la Unión Soviética y en toda Europa Occidental, habiendo desaparecido de esos lugares después de haber dejado sumido en la mayor de las miserias a todos esos países.

Los comunistas, maestros en demagogia y en populismo, se han dado cuenta del hartazgo de los ciudadanos en los políticos populares y socialistas, a los que llaman «casta política», aprovechan esta desconfianza para presentar a los gobernantes de antes y de ahora como unos corruptos indignos de gobernar España. Ese dominio de la demagogia está causando estragos entre muchas personas normales ajenas a la ideología comunista. Aprovechan hasta el nombre comunismo como sinónimo de comunidad religiosa, habiendo convencido a muchos cristianos e incluso a algunos curas para atraerlos a su causa. Es conocida la frase los «curas comunistas» quienes, como «tontos útiles», han abrazado la ideología comunista, convencidos de que comunismo y el cristianismo primitivo es la misma cosa. ¡Nada más lejos de la realidad!

Las diferencias entre comunismo y cristianismo son enormes con fundamentos opuestos. El fundamento del cristianismo es el amor, esencia de Cristo, su fundador. La mejor prueba: el mismo Cristo: cuando estaba a punto de morir crucificado por los judíos, dijo estas palabras: Padre, perdónales porque no saben lo que hacen. Morir por los demás y pedir perdón por los que le están asesinando sin haber cometido culpa alguna, es una prueba decisiva del fundamento de la doctrina de Cristo.

El fundamento del comunismo es el odio, el peor defecto del ser humano. El odio es lo contrario a la propia naturaleza del ser humano, es lo contrario al amor, es lo contrario al respeto al ser humano, es lo contrario a la libertad.

El fundamento del cristianismo se podría resumir en la siguiente frase: lo mío también es tuyo. El fundamento del comunismo se podría resumir en esta otra: lo tuyo también es mío.

El cristianismo, en sus inicios, tenía una organización socioeconómica en forma de comunitarismo en la cual sus miembros eran propietarios privados que ayudaban libremente a la distribución de sus bienes a los más necesitados. El comunismo, en cambio, es una forma de organización socioeconómica caracterizada por la planificación colectiva de la vida comunitaria, la abolición de la propiedad privada y el control sobre el trabajo y los medios de producción así como la eliminación de las clases sociales. Esta doctrina fue fundada por los alemanes Karl Marx y Friedich Engels en el siglo XIX.

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