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EL NUNCIO EN ESPAÑA ENVÍA ESCRITO AL GRUPO CRISTIANO DE REFLEXIÓN-ACCIÓN DE CÁDIZ.


El Nuncio en España ha enviado un escrito al Grupo Cristiano de Reflexión- Acción de Cádiz, acusando recibo de las tres tres cartas  enviadas a la nunciatura, en el pasado año 2020 y también a la carta abierta que difundieron este pasado día 3 de Junio.

En la 1ª carta le informaban del envío al Papa Francisco por parte del grupo Iniciativa Galilea, del que formaban parte, de un amplio dossier, con el apoyo de más de 100 firmas, de cristianos/as de la Diócesis sobre la situación que llevan sufriendo desde que llegó el obispo Rafael Zornoza.

“Hemos padecido más de 20 despidos en parroquias, Seminario y Cáritas que han hecho sufrir a muchas familias. Desde nuestro grupo repetidas veces le hemos propuesto que el Obispado ceda algunos de sus muchos inmuebles y pisos que posee a personas necesitadas (inmigrantes, desahuciados, personas sin techo etc.) sin ningún tipo de respuesta. Hemos visto con estupor y aflicción cómo algunos párrocos han tenido que sufrir lo indecible por atreverse a criticar actuaciones del obispo por considerarlas muy poco evangélicas y de carácter mercantilistas, lo que ha llevado a un cruce de acusaciones y denuncias en los tribunales civiles y eclesiásticos. Situación jamás vista en nuestra diócesis con los obispos anteriores.” Afirman

En la 2ª carta le adjuntaban un escrito firmado por cerca de 300 personas denunciando la situación insoportable que se vive en la Diócesis. Muchos sacerdotes tienen miedo a hablar en público con sentido crítico por temor a las represalias, aunque sí que expresan abiertamente su malestar cuando lo hacen en privado.

En la 3ª le adjuntaban nuevas firmas (cerca de 100) al anterior escrito. En total, unas 400 personas aproximadamente han firmado, en claro desacuerdo con determinadas actuaciones del Obispo y su equipo más próximo por el sufrimiento que está provocando en tantísimas personas. Le pedían también  que un visitador apostólico se desplazara a la Diócesis, hablara con los afectados y con nuestro mismo grupo, compuesto por 17 personas, pertenecientes a distintos colectivos cristianos, que hemos sido testigos directos del sufrimiento de tanta gente.

No cabe duda que a la autoridad le resulta más cómodo un súbdito pasivo y receptivo que uno que interroga y creativo. Así, podemos escuchar predicaciones que parecen correcciones y llamadas de atención, y no precisamente fraternas, como si la misión de los sacerdotes fuera recriminar y amonestar en lugar de ilusionar y animar a sus fieles. Esto también es fruto de un clericalismo que abunda mucho en la Iglesia, como ha dicho el Papa. Hay sacerdotes que se sienten más dueños que servidores: » Aquí quien manda soy yo”. Algunas homilías no son sino el reflejo de esa autoridad trasnochada.

A algunos jerarcas les cuesta comprender que es imprescindible buscar la unidad en la fe entre el clero y los fieles (moral, doctrinal, litúrgica), cultivar los carismas y mejorar la formación de los seglares. Afirmaba hace unos años el Papa Francisco: “mirar el pueblo de Dios, es recordar que todos ingresamos a la Iglesia como laicos.  El primer sacramento, el que sella siempre nuestra identidad y del que tendríamos que estar siempre orgullosos, es el del bautismo”. “A nadie han bautizado cura, ni obispo. Nos han bautizado laicos y es el signo indeleble que nunca nadie podrá eliminar” "El clericalismo lleva a la funcionalización del laicado tratándolo como un “mandadero”

Por otra parte también es necesario que los jerarcas den ejemplo poniéndose al nivel de las bases. Los obispos deben abandonar los palacios y vivir como la gente normal. La gente necesita ver cambios concretos y reales como los que ha hecho el papa Francisco, que ha dejado el palacio para ir a vivir a una residencia. Cuando los obispos formaban parte del imperio romano, eran grandes señores. Ahora deberíamos volver al tiempo en que  los obispos sean personas de a pie y cercanas, creyentes entre los creyentes.

Evangelio es el encuentro y la permanencia con Jesús; esto es lo que escuchamos algunas veces en las homilías, pero no cala, porque las normas se anteponen muchas veces: esto está prohibido, esto no es lo que piensa la Iglesia… La norma cuando se antepone a la persona criminaliza a la persona, la hace culpable, excluida.

No es fácil hablar hoy de democracia en la Iglesia. "Cristo nos ha liberado para que vivamos en libertad" (Gál 5,1), proclama Pablo. Y la Carta de Santiago hablará de la "ley de la libertad" (Sant 1,25; 2,12) como pauta radical de la conducta efectiva. Una libertad que se da no sólo frente a los "principados y potestades" más o menos sobrenaturales de los que repetidamente se habla, ni tan sólo frente a las imposiciones políticas o religiosas externas a la propia comunidad ("Juzgad por vosotros mismos delante de Dios si está bien obedeceros a vosotros antes que a Él": Hch 4,19), sino también dentro de ella misma. Pablo lo mostrará en un conflicto memorable: enfrentándose nada menos que a Pedro —a quien acababa de considerar uno de los "pilares" de la Iglesia naciente—, defenderá su libertad propia y la de los cristianos no judíos para no someterse a la ley judaica (libertad que ya antes había tenido que conquistar arriscadamente contra la expresa corriente "oficial": léase todo el episodio en Gál 2,1-16). Pero hay todavía otro pasaje más estricta y directamente relacionado con nuestra cuestión.   "Ya sabéis que los jefes de los pueblos tiranizan; y que los poderosos avasallan. Pero entre vosotros no puede ser así, ni mucho menos. Quien quiera ser importante, que sirva a los otros, y quien quiera ser el primero, que sea el más servicial. Que también el Hijo del Hombre no ha venido a que le sirvan, sino a servir, y entregar su vida en rescate por todos" (Mc 10,42-45; cf. Mt 20,25-28; Lc 22,25-27).

Para terminar me gustaría recordar las palabras del papa Francisco: “los laicos  pueden ayudar a toda la Iglesia y a la sociedad a repensar juntos qué tipo de humanidad queremos ser, qué tipo de tierra queremos habitar, qué tipo de mundo queremos construir”, y están llamados a “hacer una contribución original a la creación de una nueva ecología integral”.  Además, “el gran sufrimiento humano y social generado por la pandemia corre el riesgo de convertirse en una catástrofe educativa y una emergencia económica”, por eso el papa Francisco pide cultivar “una actitud sabia” como lo hizo Jesús, que "aprendió la obediencia por las cosas que padeció", lo que significa aprender “una forma de escucha elevada y exigente, capaz de permear la acción”.

 

 


Comentarios

  1. Estupendo, pues a ver si ahora hacen algo, y le invitan al pastor a dedicarse a otra cosa.

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