Mercadona: La Seguridad de sus Empleados, Secuestrada por el Beneficio Empresarial
"Los que nos han tenido aquí trabajando, sin cerrar,
han sido nuestros supervisores. No nos han dejado irnos. No puede ser. Han
jugado con nuestras vidas". Bárbara Jiménez ha pasado las primeras
horas de la DANA en el Centro Comercial Bonaire de València.
La joven trabaja en uno de los restaurantes del complejo, que mantuvo abiertas
sus puertas pese a la previsión meteorológica.
Durante parte del temporal, empresas de reparto como
Glovo y Uber Eats también continuaron operando, enviando a sus repartidores a
las calles bajo condiciones extremadamente peligrosas. Los repartidores, muchos
de ellos en motocicleta o bicicleta, se enfrentaron a intensas lluvias,
carreteras anegadas y fuertes ráfagas de viento. Las redes sociales
rápidamente se llenaron de críticas hacia estas plataformas, acusándolas de
anteponer el beneficio económico a la seguridad de sus empleados, mientras
usuarios y trabajadores denunciaban la falta de medidas preventivas y la
ausencia de protocolos de suspensión de actividades en circunstancias de
emergencia climática.
El periodista Daniel Bernabé ha recogido en su red
social X (antigua Twitter) el testimonio de una trabajadora valenciana que
solicitó marcharse a su casa por el temporal. Advertida por sus compañeras que
libraban, la empleada solicitó a su jefe interrumpir su jornada para
protegerse, lo que le fue negado. “Nos hemos jugado el pellejo por vender
cuatro cosas”, afirmaba, al tiempo que aseguraba que presentaría acciones
legales contra su empresa de la mano de su sindicato.
Según recoge el artículo 21 de la Ley 31/1995 de
Prevención de Riesgos Laborales, los empresarios están obligados a “informar
lo antes posible a todos los trabajadores afectados acerca de la
existencia de dicho riesgo” en caso de catástrofe o riesgo grave. De acuerdo a
lo establecido con dicha Ley, el trabajador “tendrá derecho a
interrumpir su actividad y abandonar el lugar de trabajo, en caso
necesario, cuando considere que dicha actividad entraña un riesgo grave e
inminente para su vida o su salud”. Desde el sindicato CNT Valencia
señalan que “la seguridad en el trabajo no puede vulnerarse en ningún caso”,
al tiempo que denuncian “a todas las empresas que han ignorado las alertas y no
han tomado medidas para prevenir” el riesgo de sus trabajadores.
La situación de esta empleada es alarmante y pone en
evidencia una problemática que trasciende a Mercadona y se extiende a la manera
en que algunas empresas gestionan la seguridad y el bienestar de sus
trabajadores en situaciones de emergencia. La decisión de impedir que una
empleada abandone su puesto de trabajo en medio de un temporal revela una falta
de sensibilidad y responsabilidad que merece una crítica profunda y una
reflexión sobre las prácticas empresariales en España.
La anécdota recogida por el periodista Daniel Bernabé sobre
la trabajadora valenciana refleja una triste realidad: la falta de
consideración de algunas empresas hacia sus empleados, incluso en situaciones
de emergencia en las que su vida puede estar en peligro. Según el testimonio,
esta trabajadora fue alertada por compañeras que no tenían turno sobre el
riesgo del temporal y, ante la creciente preocupación por su seguridad, pidió a
su superior autorización para interrumpir su jornada. Su solicitud fue denegada.
Este suceso no solo muestra la precariedad en la que se encuentran muchos trabajadores, sino que también subraya una falta de empatía corporativa en la que la venta y la productividad se imponen a cualquier coste. La frase que expresó la trabajadora, “Nos hemos jugado el pellejo por vender cuatro cosas”, revela la indignación y frustración de quienes, en momentos críticos, se ven obligados a elegir entre su integridad física y el miedo a represalias laborales.
El incidente saca a relucir una cultura empresarial que,
desafortunadamente, es frecuente en algunos sectores. Mercadona, una de las
empresas de alimentación más grandes de España, cuenta con una amplia red de
trabajadores que sostienen su actividad diaria. Sin embargo, esta red de
empleados, que es la base del éxito de la empresa, parece quedar relegada a un
segundo plano cuando se trata de su seguridad. En esta ocasión, no fue
suficiente el sentido común ni el riesgo evidente de un temporal para que la
dirección mostrara la empatía y la responsabilidad que una situación así exige.
Es importante recordar que no se trata de un caso aislado.
Muchos empleados en distintas empresas del país enfrentan día a día decisiones
donde el bienestar se subordina a las demandas de productividad, incluso cuando
esto implica riesgos personales. Esto plantea la cuestión de si estas empresas
consideran a sus empleados como personas con derechos y necesidades o
simplemente como recursos que deben maximizar la rentabilidad de la compañía.
Ante la negativa de su jefe y la exposición a un peligro
innecesario, la trabajadora ha expresado su intención de emprender acciones
legales, respaldada por su sindicato. Este es un paso valiente y necesario que
podría no solo buscar justicia para ella, sino también sentar un precedente que
haga replantearse a las empresas su postura en situaciones similares. Las
acciones legales contra la empresa podrían servir para arrojar luz sobre el
abuso de poder en entornos laborales y sobre la falta de protocolos de
emergencia adecuados. Las normativas laborales españolas exigen que las
empresas velen por la seguridad de sus empleados y respeten su derecho a
trabajar en un ambiente seguro. Negar una solicitud de abandono en medio de una
emergencia climática es, en principio, una violación de este derecho.
Empresas como Mercadona, que tienen una gran influencia y
cuentan con una sólida base de clientes y empleados, suelen presentar una
imagen de responsabilidad social corporativa, publicitando esfuerzos para
contribuir al bienestar de la comunidad. Sin embargo, incidentes como este
revelan las fisuras de estas promesas cuando se enfrentan a la realidad. Una
empresa verdaderamente responsable es aquella que actúa en defensa de sus
empleados, que establece y aplica protocolos claros ante emergencias y que
prioriza la seguridad de las personas sobre las ventas o la producción.
Este incidente es un recordatorio de la importancia de la
protección laboral en un país en el que el derecho de los trabajadores está en
teoría protegido, pero donde, en la práctica, sigue siendo vulnerado. Casos
como el de esta trabajadora valenciana evidencian que los beneficios económicos
y la productividad no pueden, ni deben, estar por encima de la seguridad de las
personas. Mercadona, y cualquier otra empresa en una situación similar, debe
replantear sus políticas y recordar que su éxito depende, ante todo, de la
integridad y el bienestar de quienes sostienen día a día su actividad.
Este tipo de incidentes plantea la pregunta de si estamos
realmente avanzando hacia una sociedad en la que el respeto y la protección de
los trabajadores son prioritarios o si, por el contrario, el valor de las
personas queda relegado a un segundo plano.


Es lo que esperáis y perpetuais con la democracia burguesa y su fiesta cada cuatro años, votáis a psicópatas, burros, carotas, lo peor de lo peor de la raza humana y desprecias, a los honrados, los que tienen mente crítica y sobre todo, CONCIENCIA DE CLASE, por encima de solidaridad mal entendida y con muy poco compromiso de cabreo y de exigencia.
ResponderEliminarDónde están los que quitan tajada de los muertos y las catástrofes, no en la cárcel, no, ni estarán, seguirán siendo unos héroes, porque donan máquinas para el cáncer, porque crean muchos puestos de trabajo, aunque te manden a la muerte y encima, la recuperación es gratis y muchos, como Florentino, harán el gran negocio de su vida , como los bancos, los que vendan muebles y enseres, coches y motos.
Mientras los gilipollas de a pie, nos sentimos realizados porque hemos sido solidarios con nuestros vecinos.