Seguidores

Dios de la Vida y la Confianza

 


Oh Dios, fuente de todo aliento,
tú, el latido oculto en cada instante,
eres quien da la fuerza al alma errante,
quien levanta al que tropieza en su intento.

Eres luz que atraviesa la negrura,
guardas el misterio en las raíces,
eres la fe que entre sombras bendices,
el faro fiel que nuestra senda asegura.

Nos llamas a confiar en tu abrazo,
a caminar sin temor al abismo,
a rendirnos, Señor, en tu mismo paso.

Tu amor nos sostiene, tu paz nos guía,
por encima del mal y sus espejismos,
nos elevas, Dios de la eterna vida.

Oh, Dios eterno, fuente y destino,
que en cada aliento inspiras existencia,
eres la mano que da su asistencia,
el fuego oculto que enciende el camino.

Eres quien brota en la raíz del mundo,
la voz que calma al corazón que teme,
quien, en el silencio, en su paz sostiene,
todo lo perdido, herido, y profundo.

Nos hablas desde el viento y la tormenta,
desde el murmullo del agua en el río,
llamas al alma a confiar en tu aliento,
a descansar en la fe que nos sustenta.

Permites que las sombras nos rodeen,
no para caer en dudas y en muros,
sino para hallar tu luz en lo oscuro,
y en ti renacer en lo que aún creemos.

Nos pides mirar más allá del miedo,
a entregarte el peso que el alma esconde,

pues en ti, Señor, toda vida responde
y el dolor se vuelve paz en tu ruedo.

Oh Dios, tú eres el cielo que no cesa,
el amor que en la muerte se levanta,
la verdad última que a todos canta
y en la fe nos das calma y fortaleza.

Oh Dios, raíz de todo lo creado,
quien al alma quebrada da sentido,
eres refugio firme y escondido,
la paz que calma al corazón cansado.

Nos elevas por encima del mal,
de cada herida, de toda injusticia;
nos enseñas que, en ti, nuestra justicia
nace de un amor limpio y celestial.

Eres quien nos llama a confiar sin miedo,
a entregarte las cargas y el dolor,
a mirarte en la sombra y el temor,
a saber que en tu amor todo es renuevo.

Dejas que a veces nos alcance el daño,
que el mundo intente arrancar nuestra fe,
pero nos levantas, fuerte y con bien,
y en cada paso renuevas los años.

Porque en ti confiamos, Padre eterno,
por encima de lo oscuro y del odio,
pues en tus manos, sin miedo ni agobio,
caminamos hacia tu amor fraterno.

 

Comentarios

Publicar un comentario

Entradas populares