¿Yolanda Díaz lo sabía y lo tapó?
La hipocresía del poder es un fenómeno que ha acompañado a
líderes, gobiernos y sistemas políticos a lo largo de la historia. Se
refiere a la tendencia de quienes ocupan posiciones de autoridad a predicar
ciertos principios o valores, mientras actúan de forma contradictoria cuando
estos principios se ven comprometidos por intereses personales, necesidades de
mantener el control o la presión de grupos de poder. En la práctica, esta
disonancia no solo afecta la credibilidad de los líderes y sus instituciones,
sino que también debilita la confianza pública en el sistema y en los ideales
que, en teoría, deberían sustentar el ejercicio del poder.
El portavoz del GPP en el Congreso, Miguel Tellado,
muestra su apoyo a “todas las mujeres víctimas de acoso sexual” y afirma que
desde el PP se ha pedido a Yolanda Díaz que comparezca ante los medios de
comunicación para que explique “todo lo que sabe”, y que colabore con la
justicia para esclarecer si hay más afectadas.
Gamarra critica que “Sánchez llegara a La Moncloa con una moción
de censura para luchar contra la corrupción y diciendo que iba a hacer el
Gobierno más feminista de la historia: “Hoy todo esto se desmorona” porque “la
corrupción les llega hasta el cuello y el presidente del Gobierno está
acorralado” por las tramas que afectan a su entorno personal, a su partido y a
su Gobierno, y con su ex número dos “pendiente de la imputación por parte del
Tribunal Supremo”
Irene Montero valoró que «acabar con la
impunidad y romper el silencio no es fácil porque hasta ahora demasiadas
veces se protegía al hombre con poder. Cambiar esta
dinámica de la cultura de la violación es la tarea que el feminismo nos pone a
todas». En su mensaje en X llamó también a proteger a las víctimas.
“¿Qué sabía en su momento Podemos para no hacerle ministro?
¿Qué sabía Sumar para no darle una cartera? ¿Por qué la primera portavoz en el
Congreso fue Marta Lois y no él”?
Noelia Núñez, también reclamó explicaciones a
Díaz por la posible vinculación de Errejón con acusaciones de violencia
machista que «parece ser que eran un secreto a voces en todos los
ámbitos de la izquierda», lanzó, y para conocer «si alguien más
colaboró en encubrir todo este tipo de informaciones». Núñez, en un vídeo
remitido a los medios, censuró el «feminismo hipócrita» del Gobierno «de Pedro
Sánchez, con Ábalos, y ahora, de la señora Yolanda Díaz, con Errejón».
Sánchez mostró su solidaridad con Yolanda Díaz ante la
crisis que afronta Sumar. «El Gobierno trabaja por una España feminista
donde las mujeres tengan los mismos derechos, las mismas oportunidades y la
misma libertad y seguridad que los hombres», aseguró
En el evangelio de San Mateo, los “escribas
y fariseos” son mencionados, unos junto a los otros, pero entre ellos
había matices y no pocas diferencias. Los escribas, intelectuales,
se ocupaban de la escritura de los documentos importantes y de
contabilizar las cuentas económicas; los fariseos, en
cambio, se encargaban de representar a la nación, se ocupaban de
los negocios, conocían las leyes y su misión era instruir y
adoctrinar al pueblo en su cumplimiento; según Mateo, 23,4,
en palabras de Jesús, se les hace una severa crítica y resume así la hipócrita
conducta de ambos: “Atan cargas pesadas y difíciles de llevar, las
ponen sobre los hombros de los hombres; pero ellos ni con un dedo quieren
moverlas”. Hoy se puede decir lo mismo de muchos políticos. En palabras del
Eclesiastés, “nada nuevo bajo el sol”. De ahí que sea
necesario otear el horizonte de nuestra actual situación política y
democrática, intentando detectar las nuevas señales de los problemas que se nos avecinan ya que no es improbable que, en regímenes de democracia débil, la
propia democracia se vaya desmoronando y la política se desdibuje.
La hipocresía en la política no es una simple cuestión de
inconsistencia individual, sino una problemática estructural. Muchas veces,
los políticos y los sistemas de poder adoptan discursos nobles y atractivos,
que les ayudan a obtener legitimidad y apoyo, mientras realizan acciones
contrarias a esos discursos. Estas contradicciones han afectado la confianza
pública en las instituciones y han generado resistencias y movimientos de
cambio.
A lo largo de la historia, la política está llena de
discursos hipócritas y acomodaticios, sustentados en la mentira y en medias
verdades. Desde hace miles de años, los dilemas éticos en la gestión pública y
la actividad política han sido tema de discusiones y deliberaciones filosóficas
y motivo de chanzas literarias.
La hipocresía es el tema principal
de la obra “Tartufo o el impostor” (Le Tartuffe ou
l'Imposteur), una de las más conocidas comedias de Jean Baptiste Poquelin,
cuyo nombre artístico es "Moliêre"; esconde un ataque al papel
demasiado influyente que tenían y tienen algunos personajes siniestros que
existen en nuestra sociedad en distintos ámbitos -especialmente en la
política-, que utilizan su capacidad para convencer y dominar a quienes los
siguen.
Alexandre Koyré, filósofo e historiador de la ciencia, en su obra “La función política de la mentira moderna”, se preguntaba cómo identificar a los políticos mendaces, mediocres y falsos, inmersos en ese magma que es la acción política para, a continuación, dibujar un exacto retrato de su perfil: es importante saber ubicarlos y observar sus conductas. Su táctica es la mentira y su estrategia, trajinar en aquellos escenarios donde existe falta de información y razones y exceso de ignorancia y emociones.
Los ejemplos de hipocresía en el poder son numerosos y
diversos. En democracias modernas, es común que los candidatos se presenten
como defensores de la transparencia, la justicia y el bien común, pero una vez
alcanzado el cargo, estas promesas suelen quedar relegadas ante las
complejidades de gobernar.
Políticos y políticas que se presentan como feministas, como
defensores de la legalidad y el respeto a las normas, pero que son indulgentes
con quienes pertenecen a su círculo cercano o quienes les favorecen
políticamente, mientras que aplican la ley con todo rigor contra sus oponentes.
Este doble estándar crea una percepción de injusticia y alimenta la idea de hipocresía,
ya que desvirtúa los principios de igualdad ante la ley y de imparcialidad.
La hipocresía en los gobiernos del PSOE y Podemos refleja
el dilema de muchas formaciones progresistas: al acceder al poder, enfrentan la
presión de conciliar sus ideales con las limitaciones del sistema y la
necesidad de gobernar en coalición. Aunque ambos partidos han logrado implementar
algunas de sus promesas, muchos ciudadanos perciben que el costo de adaptarse a
la realidad del poder ha sido una moderación de sus ideales originales, lo cual
produce una sensación de falta de autenticidad en ciertos aspectos de su
gestión.


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