Un corazón puro y humilde es como ese perfume que sube al cielo.
Nos preocupamos por oler bien, difundir ese olor que nos
gusta y que deseamos sea exhalado por los demás. Acicalamos nuestro cuerpo y
como toque generoso, lo alegramos con esencias que ofrecen pinceladas
aromáticas a nuestra persona. Pero olvidamos que el perfume más agradable no es
aquel que con maestría se ha logrado destilar en un alambique. El olor que cada
cual ha de portar debiera ser esa fragancia que se obtiene cuando nos acercamos
a Dios y somos rociados por su misericordia. El olor grato del que nos habla la
palabra, es un aroma que hemos de expandir por ser hijos del Rey soberano y que
aquellos que desconocen nuestra moral cristiana, nuestros principios éticos,
han de recibir como aire fresco y perfumado de gente a la que quizá no conocen
casi nada, pero en las cuales aprecian una fragancia distinta.
Un "perfume grato a Dios" es una metáfora que se
refiere a las acciones, pensamientos y actitudes que son agradables y
aceptables ante los ojos de Dios. En muchos textos religiosos, como la Biblia,
el perfume se utiliza como símbolo de una ofrenda o sacrificio que sube al cielo
y complace al Señor. Pero, ¿cómo podemos traducir esta idea a la vida
cotidiana?
Un corazón puro y humilde es como ese perfume que
sube al cielo. Cuando vivimos con sinceridad, cuando ayudamos a los demás,
cuando actuamos con amor y justicia, nuestra vida se convierte en una ofrenda
agradable a Dios. No se trata solo de actos externos, sino también de nuestras
intenciones internas. Dios mira más allá de lo que hacemos; Él ve lo que hay en
nuestro corazón.
Por ejemplo, cuando perdonamos a alguien que nos ha hecho
daño, es como si estuviéramos ofreciendo un "perfume grato" porque
estamos actuando conforme al amor y la misericordia que Dios nos ha enseñado.
Lo mismo sucede cuando tratamos a los demás con compasión, sin juzgarlos, o
cuando dedicamos tiempo a orar y reflexionar.
También es importante reconocer que nuestras palabras pueden
ser como un perfume grato a Dios. Cuando hablamos con bondad, cuando edificamos
a los demás con nuestras palabras, estamos ofreciendo algo agradable a Dios.
Las palabras tienen poder, y cuando las usamos para el bien, es como si
estuviéramos esparciendo una fragancia de amor y paz.
En resumen, ser un "perfume grato a Dios" no es
algo complicado o inalcanzable. Se trata de vivir cada día con amor, compasión
y sinceridad. Se trata de hacer que nuestras acciones, pensamientos y palabras
reflejen la bondad y la justicia de Dios, ofreciendo lo mejor de nosotros en
cada momento.
“Cercanía a Dios trae parecido a Dios. Cuanto más veas a
Dios, más de Dios será visto en ti” Charles Spurgeon.
Ayer en la noche, me acordé muchísimo de un gran Amigo, un hombre
de Dios, Juan Cabo Meana. Estuve largo tiempo, recordando, entre lágrimas de
todo tipo, y me entró una nostalgia infinita. Y sin darme cuenta, iban
viniendo a mi mente y a mi corazón, los recuerdos más recónditos y preciosos
que guarda mi alma acerca de ellos.
Lo más grande, entre cosas que no podré olvidar nunca, y que
han marcado mi vida, era con lo que concluía de cada uno de ellos; entre sus
enseñanzas sin ningún tipo de fanatismos, y combinado con su ejemplo de vida,
han hecho de mi lo que soy, un hombre que ama a Dios sobre todas las cosas, y
que a pesar de mis pocas virtudes y mis muchos defectos, la impronta y la
huella que ha dejado me han marcado de tal modo, que he dejado todo atrás hace
mucho, para dedicar mi vida por entero al Dios de Jesús que con él fui
descubriendo.
Todas estas cosas daban vueltas en mi cabeza, entre esa
morriña dulce y triste a la vez, esa que sólo podemos sentir los que hemos
nacido y llevamos en la sangre a nuestra Galicia.
¡Jesús aceptó renunciar a todo para hacer la voluntad de Su Padre!
Escogió confiar en Él y seguir el camino que el Padre había
trazado para Él.
Jesús era amigo de los pecadores, y sabía pasar de largo de
las miradas y los juicios de los demás, para ir directo al corazón de los que
le necesitaban.
Me pregunto que huella de vida habré dejado cuando el Señor
me llame a Su presencia, o venga a buscarme. Espero y oro continuamente para
que mi huella pueda ser lo mejor posible, de haber dejado el mensaje de Cristo
del mejor modo y por todos los lugares posibles; pero cuando me miro hacia
dentro, Soy muy consciente de mis muchos errores, faltas,
equivocaciones… Pero precisamente eso, es lo que me motiva a intentar
hacerlo mejor cada día
Podríamos añadir muchas otras, pero realmente creo que estas
pueden abarcarlas todas, Entrega a los que más lo necesitan, amor, sencillez…….
Simplemente, ser como Cristo, impregnar las vidas de aquellos que nos rodean de
ese perfume tan grato a Dios.
Quiero aprender a modelar mi voz y servir de
estímulo a quienes me oyen y desean ser acariciados por repiques de
amor.
Creo que es hora de sumergirme de nuevo en el Río de Su
Espíritu, y dejar que sus aguas me limpien, me empapen, me llenen, me hidraten
el corazón, borren toda amargura, ahoguen cualquier duda… Y pueda levantarme de
nuevo con esas alas preciosas que me has regalado, con nuevas fuerzas para
seguir sirviéndote, en todo lo que Tú me pidas. Gracias por tu Amor, compasión
y paciencia conmigo. Te amo mucho mi Padre……. ¡Quiero ser como tú!
Te ruego mi Dios que me enseñes a cantar, a dejar fluir mi
voz y que ella porte el perfume grato de tu amor. Que al sonido de mi canto
otros te oigan a ti y puedan conocer al autor de todas mis melodías, creador de
la canción más sublime, del único cántico de liberación.

Hermoso mensaje lleno de reflexión, esperanza y amor en Dios. Gracias por compartir. Bendiciones.
ResponderEliminar