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Nulidades de matrimonio nefastas…

Afirma José Luis Ferrando, (teólogo, filósofo y escritor español): “en cuanto a las sentencias de “nulidad” se entra en detalles innecesarios, poco edificantes e incluso sangrantes para aquellos que han querido ante un “Tribunal”, plantear su situación personal de buena fe, y se encuentran con unas bofetadas impresionantes y unos juicios absolutamente condenatorios por parte de hombres y mujeres de Iglesia. No entienden esos señores que si alguien se ha planteado la nulidad, desde esa experiencia de fracaso, ha aprendido lo suficiente para no caer en el error. Ya me gustaría que recapacitarán sobre sus propias experiencias de fracaso en la vida, y las oportunidades que la Iglesia les ha dado. Si el Derecho en la Iglesia no está impregnado de amor y misericordia, su justicia es peor que la humana. ya que se ejerce en nombre de Dios. Revisen, corrijan y rectifiquen su lenguaje y sus formas”

Las nulidades matrimoniales han sido, en muchos casos, objeto de controversia dentro de la Iglesia Católica y de la sociedad en general. Aunque, en principio, el proceso de anulación matrimonial tiene como fin garantizar que el sacramento del matrimonio se haya celebrado correctamente, en la práctica, ha habido numerosos casos que han dejado una impresión negativa, o "nefasta", sobre cómo se gestionan estos procesos.

En teoría, una nulidad matrimonial es una declaración por parte de la Iglesia de que un matrimonio, aunque aparentemente válido, no cumplía con los requisitos esenciales desde el principio y, por tanto, nunca fue un matrimonio verdadero ante los ojos de Dios. Sin embargo, a lo largo de la historia, se han dado situaciones en las que este proceso ha sido malinterpretado o mal utilizado, generando polémica y desconcierto.

Uno de los principales problemas percibidos con las nulidades matrimoniales es que, en algunos casos, parece existir un doble rasero. Personas influyentes, ricas o poderosas han logrado obtener nulidades de manera más rápida y favorable, lo que ha despertado sospechas de favoritismo o corrupción. Un ejemplo histórico notable es el caso del rey Enrique VIII de Inglaterra, quien, al no poder obtener la nulidad de su matrimonio con Catalina de Aragón, rompió con la Iglesia Católica y fundó la Iglesia Anglicana. Aunque este es un caso extremo, sigue siendo emblemático de cómo, en ocasiones, el proceso de nulidad puede ser manipulado por intereses políticos o personales.

Qué decir de un sacerdote que ante un tribunal eclesiástico difamó a otra persona por corporativismo clerical diciendo que esa persona estaba trastornada y consiguiendo de esta manera la ruptura de un vínculo sagrado.  No podemos olvidar que al “trastornado" el tiempo le dio la razón y es de dominio publico que ese cura "amigo" está “casado” con la que fue su esposa. Lo peor del caso es que el cura que fue a declarar en esa nulidad fue el que anteriormente había celebrado la ceremonia religiosa... Con la Iglesia hemos topado amigo Sancho...

¿Qué sentencia pueden esperar de cualquier juez humano si es que no creen en el Divino? Los humanos, si son ajenos a la religión, sentenciaran incoherencia y miseria moral. El Divino, inescrutable, ¿quién sabe lo que sentenciaría aparte de mostrar su misericordia por pecadores de tal guisa?

Son bien ciertas las palabras de S. Pablo: el poder y la gracia del Señor Jesucristo sólo pueden ser realizadas a través de la bendición de la debilidad, que es producida por las bofetadas de Satanás como un aguijón en la carne (2ª Cor. 12:7).

A través de la traición somos preparados para la bendición de ser usados alentando a otros en la misma prueba de fe, con la misma consolación que nosotros hemos recibido de Dios (2ª Cor. 1:4).

A través de la experiencia de la traición de muchos amigos falsos, muchas veces se reciben las más grandes bendiciones en la vida.

Cuando se concreta la bendición de la traición, podemos mirar hacia atrás y ver cuánto hemos segado en creciente gozo, amor, gracia, fuerza y comunión con el Señor Jesús; nos sentimos abrumados por la comprensión de cuánto bien nos ha hecho nuestro traidor. No importa cuáles fueron sus intenciones. Lo que importa es el fruto que Él ha traído a nuestras vidas.

Isabel Preysler, la famosa socialité española de origen filipino, ha vivido varios episodios relevantes en torno a la nulidad de sus matrimonios. De sus tres matrimonios, dos fueron anulados por la Iglesia. El primero fue con el cantante Julio Iglesias, con quien se casó en 1971 y tuvo tres hijos. Aunque su matrimonio civil terminó en divorcio en 1978, la nulidad eclesiástica fue concedida en 1979 por el Tribunal de Brooklyn.

Su segundo matrimonio, con Carlos Falcó, Marqués de Griñón, también fue anulado por la Iglesia, en este caso por la Sacra Rota de Madrid. Se argumentó que Isabel no creía en la indisolubilidad del vínculo matrimonial, lo cual fue clave para obtener la nulidad​.

Una vez más, lo que resulta dolorosamente injusto en todo orden de cosas, a los pobres se les cierran las puertas de la felicidad matrimonial, obligados “hasta que la muerte nos separe”, e inmoralmente, como esposo y esposa  a vivir sin con-vivir, mientras que a los ricos se les facilitaba el camino “legal” de los citados tribunales , que jamás debieran haber podido intitularse “eclesiásticos” , por su constitución y el comportamiento tan generalizado de no pocos de sus miembros , tal y como se pudo, y se puede, demostrar con documentos y sentencias firmes y seguras de los “otros“ Tribunales.

El trapicheo mercantilizado generado por los organismos citados con la originaria connotación de “católicos apostólicos y romanos”, y cita expresa del “nombre de Dios”, con las nefastas consecuencias que a los “rebeldes” y “arrebujados”, les reportaba su condición “pecadora” de proscritos por la sociedad y por la institución eclesiástica, administradores de sus bienes terrenales y “espirituales”, con proyección en esta vida y hasta en la “otra”.

Así, pues, la mayoría de los novios, novias, familiares y amigos no se casaron “por” la Iglesia con letra mayúscula, sino “en” la iglesia, con minúscula, al igual que sala de fiestas, restaurantes, regalos y obsequios, notas de prensa y fotos, y si en estas aparecen colorines episcopales, mejor que mejor.

Por fin fue aprobada la ley de divorcio y en la actualidad las estadísticas confirman el dato de que los matrimonios “por la civil”, rondan el noventa por ciento de los que se celebran hoy en España, más o menos equivalente a los que antes se celebraban “en” la iglesia, pero no “por” la Iglesia.

Bienvenida aquella ley que arrampló del mapa social tantas hipocresías y no pocos procedimientos, de los que habrían de servirse después los Tribunales Eclesiásticos para la legalización del nuevo estatus de los contrayentes.

Hoy, después de cuarenta años, el divorcio no es tan “pecado” como antes, no llegando a ser nunca tanto o más “pecado”, que lo fueron la mayoría de las nulidades-anulaciones matrimoniales concedidas - “amañadas- “en el nombre de Dios”

 

 

 

 

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