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Las “Zebedeas” del barco/catedral del Tíber

Nuestra enviada especial a Roma para Artículos sin Censura, Natale Caccini, nos hacía un amplio reportaje de las mujeres  “zebedeas”

Para Articulos sin Censura es un honor que Xabier Pikaza haga mención en su blog de este humilde blog.

Afirma X. Pikaza: "Los zebedeos (dueños de un barco) pidieron a Jesús más poder para servicio del “evangelio”. Venían de la buena administración de su padre Zebedeo, armador, o, al menos, propietario de barco. Sabían organizar movimientos sociales, mejor que Jesús, pobre albañil… Podrían dirigir la política del Reino, uno a la derecha otro a la izquierda. Pero Jesús no quería política, ni buena ni mala, simplemente evangelio"

Estas mujeres del Tíber no son dueñas de un barco, pero sí tienen dinero para alquilarlo.

Así es, cuando las mujeres (o cualquier grupo) defienden una causa justa de una manera que se percibe como "incorrecta" o extrema, es importante entender las posibles razones detrás de sus acciones. A menudo, esto ocurre cuando la frustración acumulada, el sentimiento de exclusión o la falta de respuesta institucional lleva a expresiones más radicales. Aunque el fondo de su lucha puede ser legítimo, las formas en que se expresan pueden generar polémica o rechazo.

Algunas razones por las cuales mujeres que defienden una causa justa podrían emplear "malas maneras":

Frustración y desespero: Cuando una causa ha sido ignorada durante mucho tiempo, las manifestantes pueden recurrir a métodos más visibles, provocadores o disruptivos. Esto puede ocurrir porque sienten que los enfoques moderados no han producido cambios significativos. Por ejemplo, algunas feministas radicales han empleado tácticas confrontativas para llamar la atención sobre cuestiones de género y desigualdad, sintiendo que los métodos pacíficos no son suficientes.

Intento de generar impacto mediático: A veces, acciones que parecen agresivas o extremas buscan generar atención mediática. En un mundo saturado de información, las acciones moderadas o discretas suelen pasar desapercibidas, mientras que los actos más disruptivos pueden captar el interés de los medios y del público, lo que da visibilidad a la causa.

Reacción a la opresión sistémica: Las mujeres que luchan por sus derechos a menudo lo hacen en un contexto de opresión histórica. La sensación de estar constantemente marginadas puede llevar a respuestas más contundentes. La ira acumulada por generaciones de discriminación puede expresarse de manera más intensa.

Desafiar normas sociales tradicionales: Muchas veces, lo que se considera "mala manera" puede ser, en realidad, un desafío a las expectativas sociales sobre cómo deben comportarse las mujeres. Históricamente, se espera que las mujeres sean pacíficas, sumisas o delicadas. Cuando las mujeres adoptan métodos más agresivos, están desafiando estas normas, lo que puede ser interpretado como un "comportamiento inadecuado", aunque su objetivo sea justo.

Estas formas también pueden alienar a potenciales aliados o desviar la atención de la causa principal hacia la metodología empleada. A veces, los medios o los opositores se enfocan en condenar las "malas maneras", restando legitimidad al mensaje detrás de la lucha.

La clave está en seguir el ejemplo de Jesús: el verdadero liderazgo en la Iglesia no se basa en el poder o la autoridad sobre los demás, sino en el servicio, la humildad y el amor hacia la comunidad, independientemente de si se es hombre o mujer. Por lo tanto, querer ser hoy sacerdote, tal y como está la Iglesia, es una aberración, es lo mismo que si un pacifista quisiera ser soldado.

Además, tanto el episodio de los Zebedeo como las demandas de estas mujeres -propietarias de una casa flotante- dentro de la Iglesia nos invitan a reflexionar sobre lo que realmente significa el liderazgo espiritual. Según la enseñanza de Jesús, no se trata de ocupar un puesto elevado o tener poder sobre los demás, sino de estar dispuesto a servir, a sacrificar y a trabajar por el bien común, sin importar el género o la posición social.

En un episodio significativo, la madre de Santiago y Juan se acerca a Jesús para pedirle un favor: que sus hijos se sienten uno a su derecha y otro a su izquierda en su Reino (Mateo 20:20-21). Esta solicitud puede interpretarse como un intento de asegurar un lugar privilegiado para sus hijos, un gesto que muchos ven como un deseo de poder y autoridad en el futuro reino prometido por Jesús.

Esta petición provocó una respuesta clara de Jesús, quien subrayó que el liderazgo en su reino no se trata de poder o estatus, sino de servicio. Les recordó que "el que quiera ser el primero, debe ser el siervo de todos" (Mateo 20:26-28), invirtiendo las expectativas humanas de grandeza y poder.

Dentro de la Iglesia, hay muchos ministerios que no dependen del poder o de la jerarquía, sino que se centran en el servicio, la comunidad y el apoyo a los demás. Estos ministerios son esenciales para la vida y misión de la Iglesia, y muchos de ellos están abiertos tanto a laicos como a clérigos, hombres y mujeres por igual. Su enfoque es servir a la comunidad desde diferentes aspectos de la fe cristiana, sin buscar prestigio ni control.

El ministerio de la acogida se ocupa de recibir y dar la bienvenida a los feligreses y visitantes en las parroquias. Aunque pueda parecer un servicio sencillo, es una labor clave para crear una comunidad acogedora y abierta, facilitando la integración de las personas en la vida de la Iglesia.

Ejemplos: Equipo de bienvenida en las misas, orientación de nuevos miembros en la parroquia, hospitalidad en eventos comunitarios.

Estos ministerios no dependen del poder o del control jerárquico, sino que se fundamentan en el servicio, el amor al prójimo y el compromiso con la comunidad. Reflejan la esencia del mensaje de Jesús, quien enseñó que el verdadero liderazgo en su Reino no está en la autoridad, sino en el servicio a los demás. Cada uno de estos ministerios permite a los fieles, independientemente de su género o estatus, contribuir a la misión de la Iglesia desde el lugar donde Dios los ha llamado.

Atender a los enfermos y visitar asilos de ancianos es, sin duda, un gran ministerio dentro de la Iglesia, y ejemplifica perfectamente el servicio desinteresado que Jesús enseñó, en contraste con el deseo de poder que los Zebedeo manifestaron en su petición a Jesús. Este ministerio, conocido como la pastoral de la salud o el ministerio de la misericordia, es un espacio donde lo más importante es el cuidado, la compasión y la dignidad humana, lejos de cualquier ambición de poder.

Servicio y no poder: Mientras que los Zebedeo buscaban posiciones de honor en el Reino de Jesús, los que sirven en hospitales y asilos hacen un trabajo humilde, muchas veces invisible, que refleja el verdadero liderazgo según el Evangelio. Jesús enseñó que "el que quiera ser grande entre vosotros, será vuestro servidor" (Mateo 20:26), y el trabajo con enfermos y ancianos encarna esta enseñanza. Aquí no hay lugar para la ambición personal; la prioridad es el bienestar del otro, especialmente de los más vulnerables.

A diferencia de la solicitud de los Zebedeo, que podía reflejar un deseo de poder o estatus, este ministerio exige humildad y sacrificio. Quienes participan en él se enfrentan a situaciones difíciles, como el sufrimiento físico y emocional de los enfermos o el aislamiento de los ancianos. A menudo, este trabajo no es recompensado ni destacado, pero es profundamente valioso porque demuestra el amor cristiano en acción.

Atender a los enfermos y ancianos es una forma de seguir el ejemplo de Jesús, quien constantemente sanaba a los enfermos y cuidaba de los más débiles. Este ministerio recuerda la enseñanza de Jesús en Mateo 25:36: "Estuve enfermo, y me visitasteis", destacando que el cuidado a los vulnerables es una forma directa de servir a Dios mismo.

Así, pues, mientras los Zebedeo y su madre se acercaron a Jesús buscando lugares privilegiados en su Reino, la pastoral de la salud y el acompañamiento a ancianos nos recuerda que el verdadero lugar en el Reino de Dios no está determinado por el poder, sino por el servicio humilde. Este ministerio refleja un tipo de liderazgo cristiano basado en el cuidado y la cercanía, y no en la búsqueda de estatus o influencia.

Al final, quienes dedican su tiempo y esfuerzo a este ministerio encarnan el verdadero espíritu del Evangelio, sirviendo a los más frágiles con amor y sin esperar nada a cambio, siguiendo el ejemplo de Jesús de cuidar a los más necesitados sin ambiciones personales.

 

 

 

 

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