La Represión en Cuba: Silencio Forzado bajo un Régimen Autoritario
“Cuba se cae a cachos, literalmente. Lo sucedido
en los últimos días con la caída total del sistema eléctrico lo evidencia a las
claras. La gente pasa mucha necesidad, incluso hambre. Pero el Gobierno sigue
con la retórica falsa que lleva más de 60 años pregonando: la culpa es del
bloqueo. No, señores, la culpa es de unos gestores absolutamente ineficientes.
Para muestra, un botón: dejaron salir del país en estos tres años a cerca de
dos millones de personas en edad de trabajar y ahora se encuentran con que no
tienen mano de obra cualificada. Si no pueden producir electricidad es
porque ya nadie les fía en el mercado internacional y no tienen divisas porque
el turismo no se ha recuperado, porque nadie quiere viajar a una ruina de país
que además tiene miles de presos políticos. Cuba se merece otra cosa. Si los
dirigentes cubanos tuviesen una pizca de esa vocación de servicio público que
pregonan a los cuatro vientos, abandonarían el poder de inmediato. No sean
huevones. Patria y vida.”
Así es José Ramon, hace pocos días un cubano recurrió a
la última alternativa que le quedaba para cocinar. Rompió los muebles de su
casa y los convirtió en leña para elaborar sus alimentos ante la falta de
electricidad y gas licuado.
Así lo relató en sus redes sociales el fotógrafo Enzo GB:
“Esta es toda la luz que alcancé a ver, ayer en la noche, desde mi balcón. Un
vecino de enfrente, ante la ausencia de gas licuado, decidió picar con un
machete uno de los muebles de casa y cocinar con una fogata en el balcón”.
El artista tomó una fotografía del momento y la compartió en
Facebook, lo cual desató una serie de comentarios sobre el increíble hecho.
Lo cierto es que las personas se están quedando sin
opciones para cocinar los alimentos que no se han descompuesto por la falta de
electricidad durante casi 4 días. Tras un fin de semana terrible, este lunes ha
regresado la electricidad a varias zonas de La Habana, aunque algunos usuarios
han informado que han vuelto a sufrir apagones de forma intermitente.
La grave situación que vive el país ha provocado protestas
masivas que el gobierno ha asegurado que no permitirá mientras le achaca la
culpa de la debacle energética al embargo estadounidense.
La voluntad de denigrar a los cubanos que ejercen su
libertad de expresión es una constante del régimen cubano, pero resulta más
lacerante cuando se trata del clamor popular en momentos críticos, cuando la
población sufre las consecuencias de la mala gestión y la indolencia de los
dirigentes.
Miguel Díaz-Canel llamó borrachos e indecentes a los cubanos que durante estas jornadas de emergencia energética salieron a las calles a protestar por los apagones y el colapso del sistema electroenergético nacional (SEN).
Lo hizo durante su comparecencia del domingo en el Consejo
de Defensa Nacional (CDN), al que asistió vestido de verde olivo y donde
también exhibió “mano dura” y vertió claras amenazas de reprimir con
todo el peso del Estado totalitario a quienes se manifiesten.
La voluntad de denigrar a los cubanos que ejercen su
libertad de expresión y manifestación es una constante del régimen cubano, pero
resulta más lacerante aun cuando se trata del clamor popular en momentos
críticos, cuando la población sufre las consecuencias de la mala gestión y la
indolencia de los dirigentes.
La economía planificada centralmente implementada por el
gobierno ha resultado en una serie de crisis económicas. A pesar de los
intentos de reformas limitadas, las decisiones centralizadas han llevado a
escasez de productos básicos, salarios bajos y una dependencia excesiva de
subsidios externos, primero de la Unión Soviética y, más recientemente, de
Venezuela.
Las pocas reformas económicas, como la legalización de
pequeñas empresas privadas (cuentapropistas) o la apertura al turismo, han sido
insuficientes para mejorar significativamente las condiciones de vida de la
mayoría de los cubanos. Estas reformas suelen ser lentas, limitadas y
frecuentemente revertidas.
A lo largo de décadas, las malas gestiones económicas han
sumido al país en una profunda crisis. Los cubanos enfrentan una escasez
crónica de alimentos, medicinas y productos básicos. Aunque el gobierno culpa
al embargo estadounidense, muchos analistas consideran que las políticas
económicas del régimen, caracterizadas por un excesivo control estatal y la
falta de incentivos para la iniciativa privada, son los principales responsables
de esta situación.
Estos factores han alimentado el descontento popular,
visible en protestas como las del 11 de julio de 2021, en las que miles de
cubanos salieron a las calles para demandar cambios políticos y mejores condiciones
de vida. La respuesta del gobierno fue una represión violenta que incluyó
detenciones y juicios rápidos para los manifestantes.
La falta de renovación democrática, el control rígido
sobre las libertades individuales y los problemas económicos persistentes son
algunas de las razones por las que muchos consideran a los dirigentes cubanos
malos gestores de los intereses del pueblo.
Las autoridades
cubanas utilizan la detención arbitraria como una táctica para intimidar y
silenciar a los críticos del gobierno. Muchas veces, los activistas y
opositores son detenidos sin cargos formales, en procedimientos judiciales
carentes de garantías legales.
Torturas y tratos
inhumanos: Existen múltiples informes de prisioneros políticos que han sido
sometidos a torturas físicas y psicológicas, condiciones inhumanas en las
cárceles, y privación de asistencia médica adecuada. Estas prácticas buscan
desmoralizar a los detenidos y disuadir la disidencia.
Control social y
vigilancia masiva: El gobierno cubano ha establecido un sofisticado aparato
de vigilancia, con el objetivo de mantener a la población bajo control.
Los Comités de Defensa de la Revolución (CDR), distribuidos por todo el país, actúan como una red de vigilancia vecinal, informando al gobierno sobre las actividades de los ciudadanos. ¡Este control sistemático crea un clima de miedo y desconfianza!
El régimen cubano es considerado inhumano por su
represión sistemática, violaciones de derechos humanos, la falta de libertades
políticas y civiles, y las duras condiciones económicas a las que somete a su
población. Las demandas internas y externas de un cambio democrático han sido
sofocadas repetidamente, lo que mantiene a la isla en un ciclo de represión y
crisis.

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