Julián Reina se olvida cuando el PSOE de Ferrol “tapaba baches con filloas…”
“Daquela”, apunta Reina, “o goberno só pensaba intervir nos
viais que unen a praza do Callao coa estrada de Castela e esta coa rúa do Sol”.
Pedía además que los trabajos se ejecutasen en vacaciones para evitar
“molestias no inicio do curso escolar”.
Parece que Julian Reina olvida cuando Ferrol emprendió su
cruzada exprés contra los baches, con el arranque del anunciado plan que preveía
reparaciones en diecisiete puntos de la ciudad, “arreglando baches con filloas”
El Concello destinó a esta batería de intervenciones un presupuesto total de 6.413 euros, a través de un contrato menor suscrito con la empresa Hijos de José Losada Cancelo SA. La concejala de Obras, Ana Lamas, destacaba que la intención era sacar adelante lo antes posible un contrato de mantenimiento de viales —el anterior venciera en noviembre, pero se encontraba sin fondos ya desde finales de septiembre— y que incluiría no solo reparaciones sino también una partida para inversiones. Mientras tanto informaban que iban a preparar filloas el lunes de carnaval con un presupuesto de 5.555. Para tapar los baches de las calles y carreteras de Ferrol como medida urgente dedicaban un presupuesto de 6.400 euros es decir 955 euros más que para filloas, esto es para echarse a llorar porque por aquel entonces, los ciudadanos dudábamos si iban utilizar las filloas para tapar los socavones. Además, arreglaban todo con un pegote de chapapote mal puesto y al cabo de un mes, vuelta a empezar. Lo que nos ocurrió en Ferrol con el PSOE fue el efecto llamado Dunni ng-Kruger: individuos que se hacían llamar políticos, con escasa habilidad y conocimientos, y que sufrían de un sentimiento de superioridad, considerándose más inteligentes que otras personas más preparadas, midiendo incorrectamente su capacidad por encima de lo real.
El gobierno de Mato dejó bien claro que Ferrol estuvo gobernado
por gentes sin ideas, que no se preocuparon de los ferrolanos ni su
idiosincrasia. Políticos que no vinieron a servir y sí a servirse. Políticos
de usar y tirar sin idea de ciudad, sin interés por ser el mejor, sólo
figurones que pretendían llegar y subir rápido al siguiente puesto…
La política está llena de contradicciones, y una de las más
notorias es la de los políticos que critican lo que ellos mismos no lograron
hacer cuando tuvieron la oportunidad. Este fenómeno es especialmente evidente en
aquellos que, tras dejar el poder o perder una elección, señalan los problemas
de la ciudad, sin recordar que en su momento no lograron resolver esos mismos
desafíos. Es fácil desde la oposición o fuera del gobierno apuntar a las
deficiencias o prometer soluciones, pero mucho más complicado es haber mostrado
efectividad cuando se tiene la responsabilidad y los recursos.
En el fondo, criticar lo que uno mismo no hizo es un reflejo
de la debilidad del sistema político, donde las responsabilidades se diluyen y
se busca culpables externos para justificar fracasos propios. La verdadera
madurez política, sin embargo, consiste en asumir los errores, aprender de
ellos y construir un futuro mejor, no en señalar con el dedo lo que, en su
momento, tampoco se supo resolver.
Este tipo de crítica, además de ser deshonesta, tiende a
minar la confianza pública en la política, ya que los ciudadanos no solo
esperan promesas o palabras vacías, sino resultados concretos. La retórica de
"lo haría mejor" muchas veces cae en saco roto cuando el historial
del político revela ineficiencia o falta de compromiso con los cambios que
ahora demanda. La autocrítica y la coherencia son virtudes que,
lamentablemente, a menudo brillan por su ausencia en el discurso de estos
actores.
Las críticas deshonestas de la oposición son un fenómeno
común en el ámbito político. En lugar de aportar ideas o estrategias para
superar los problemas, la crítica deshonesta se basa en sembrar miedo o
desconfianza, buscando capitalizar políticamente el descontento social.
Weber distingue, además, dos formas de hacer de la política
una profesión: “vivir para la política o vivir de la política”. Entre
vivir “para” y vivir “de” existe una
importante diferencia: quien vive “para” la política se
encuentra en el nivel alto de las convicciones, de los principios e ideales de
servicio a los ciudadanos; el individuo, en cambio, que vive “de” la
política se coloca en un nivel egoísta; son profesionales en este nivel
aquellos políticos que no desean gobernar en calidad de servidores de los
ciudadanos sino al servicio de sus intereses y/o de sus jefes políticos; no
están al servicio de los principios sino a los del poder o poderes.

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