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¿A quién le importa la salud mental de los curas?

El estrés y los demás problemas psicológicos de uno de cada tres curas es tal, que, muchas veces, terminan sufriendo el síndrome del burnout. Es decir, se trata de sacerdotes que se sienten agotados, desmotivados, desilusionados, cansados, en una palabra "quemados". Como mariposas con las alas chamuscadas por una vela.

Son cada vez menos, más mayores y se les acumula el trabajo. Como consecuencia de la sobrecarga laboral, de su pérdida de relevancia social y de los escándalos de la pederastia, los curas católicos están deprimidos y estresados. Uno de cada tres sufre estrés crónico, según un estudio del misionero comboniano y psicoterapeuta italiano Giuseppe Crea. Y es que no es nada fácil ser cura en el mundo de hoy. Aunque tengan trabajo fijo, como asegura la Conferencia episcopal española, a muchos se les acumula el estrés y los problemas psicológicos.

Muchos especialistas coinciden en que "el clero católico tiene problemas psicológicos". Con una tipología específica y muy amplia, que puede ir desde el simple malestar a la depresión profunda, desde el "estrés en la actividad pastoral" hasta el rigorismo en la concepción del ministerio sacerdotal y las neurosis.

Martín Velasco, en los años 90 del pasado siglo, se acerca a la idea de clericalismo desde el término “clérigo” que, para este fenomenólogo de la religión, no se identifica necesariamente con “ministro ordenado” ni con “persona consagrada”. El clericalismo, para Martín Velasco, tiene que ver con “una determinada forma de encarnación sociocultural de estas dos instituciones de la Iglesia, que comporta una forma psicológica determinada de vivir tanto el ministerio como la vida religiosa”. Esa “forma psicológica” toma cuerpo en “una especie de funcionariado”. El mismo autor especifica: “Del clérigo se ha podido decir con razón que vive del oficio, del empleo, hasta el punto de identificarse con él y sacrificarle su propia vida personal”. Y continúa exponiendo que el clericalismo o “clericalización” constituye: uno de los mayores obstáculos para la realización la Iglesia como Pueblo de Dios, de acuerdo con los criterios evangélicos, y para su descubrimiento de la forma de presencia que le permita responder a las necesidades de nuestro tiempo; parece evidente, que la respuesta a la actual situación de malestar religioso exige avanzar en la desclericalización en la Iglesia. En esa labor de desclericalización, se orientaron la teología y la praxis de la Iglesia que culminaron en el Vaticano II, aunque sin utilizar el término desclericalización.

Así las cosas, la institución sacerdotal queda enfrentada siempre a la grave e irresistible tentación del poder religioso que llamamos hoy clericalismo; es decir, ceder al peligro de apropiación y secuestro del Absoluto, con las consecuencias negativas que ello trae consigo para todos. Se le arrebata entonces a lo divino la plenitud que le es propia, que es portadora de apertura, reconocimiento y entrega humilde y compasiva. Arrebatada y poseída de este modo, se convierte en excluyente y totalizadora, se defiende incluso con dosis de crispación y autoritarismo, y se intenta imponer, ocasionando cerrazón y dureza. De esta manera, la fe auténtica se reduce a seguridades que, una vez asimiladas por la casta sacerdotal, generan prepotencia y actitudes legalistas de cumplimiento, que acaban padeciendo los fieles. Caer en esta trampa supone la progresiva pérdida de credibilidad de la institución religiosa, al pretender controlar y cosificar la plenitud del Misterio que se le ha entregado.

Desde el año 1989 que se publicó en lengua alemana la controvertida obra de E. Drewermann Clérigos. Psicograma de un ideal, fueron sucediéndose toda clase de críticas ante un voluminoso tratado sobre la psicología de los clérigos que, en su conjunto, resulta demoledor.

Para Drewermann, en el clérigo se da una total identificación de la personalidad del sujeto con la institución eclesiástica. Dicho en términos psicoanalíticos, el yo personal ha sido totalmente suplantado por el superyó institucional. Ante esta importante y sospechosa despersonalización que favorece el rol de funcionario eclesiástico, Drewermann encuentra el origen de esta actitud incondicional en la inseguridad ontológica que el niño -futuro clérigo- padece ya en los primeros años de la vida. El autor continúa indagando en la búsqueda de la raíz profunda de esa temprana inestabilidad ontológica, y cree encontrar la respuesta en la incapacidad de la madre para poder ofrecer a su hijo la seguridad y el apoyo que el pequeño tanto necesita y busca, ya que ella se siente sobrepasada en su condición de esposa y madre. En esta situación, el niño experimenta que su venida a este mundo ha agravado aún más el estado de desvalimiento que ya padecía la madre, ocasionando en él un sentimiento de culpabilidad inconsciente que está en la base de la inseguridad ontológica. Se genera entonces un mecanismo inmolatorio de entrega incondicional a la madre, por medio del cual el hijo espera redimirla. Dicha inmolación suele tener un componente religioso -máxime si la madre es religiosa-, por lo que resulta fácil transferirlo posteriormente a la Santa Madre Iglesia. Aparece entonces, como mecanismo asociado, la idea de elección divina, mediante la cual es llamado y destinado por Dios a la noble tarea de redimir a los demás -incluida la propia familia-, según el ejemplo de Cristo.

Martín Velasco afirma que a sus miembros les caracteriza una afirmación muy decidida y hasta inflexible de la propia identidad. Se subraya la condición sacerdotal sobre la caracterización ministerial, dan importancia fundamental al ejercicio de las funciones cultuales, se creen poseedores de poderes sobrenaturales, son depositarios de un saber que se identifica con las enseñanzas del Magisterio…, como si tuvieran una respuesta a todas las preguntas.

Clericalismo y narcisismo se gestan en la misma matriz; es decir, ambos comparten una imagen ególatra de superioridad y prepotencia bajo la cual se esconde siempre una personalidad insegura con alto grado de inadecuación.

El clericalismo es un fenómeno dentro de la Iglesia que implica una concentración de poder y privilegios en el clero, lo que puede tener un impacto significativo en la salud mental de los sacerdotes, los laicos y la comunidad eclesial en general. Este enfoque coloca al clero en una posición de autoridad incuestionable, lo que no solo afecta la dinámica de poder en la Iglesia, sino que también genera una serie de tensiones emocionales y psicológicas en quienes forman parte de esta estructura.

También el psiquiatra alemán Martin Flesch, desde su amplia experiencia terapéutica con sacerdotes y víctimas de abuso -sobre todo espiritual-, expone en una obra reciente (titulada en castellano: Los afectados. Espacios de sufrimiento psíquico en la Iglesia católica) que los trastornos del clericalismo narcisista son la causa de los graves sufrimientos que se dan en el abuso espiritual a los seglares. Para este terapeuta, la vocación sacerdotal y el apego al poder de los clérigos narcisistas son la excusa para escapar de los problemas de la propia personalidad. En una entrevista publicada en la revista alemana Katholisch -traducida en castellano-, Flesch afirma lo siguiente:

 El narcisismo es la piedra angular para las estructuras de abuso y sólo un requisito previo para el clericalismo persistente. Es un fenómeno eclesiástico que las personas suban a los puestos de poder para escapar de su propio sentido de insuficiencia, de no significar nada o no ser nada como un ser humano “normal”. Los déficits psicológicos deben compensarse enriqueciendo la propia esfera de eficacia a través del poder y la influencia. Por eso, siempre llegamos a estructuras narcisistas a las que tenemos que hacer frente, si también queremos abordar de forma preventiva las estructuras de abuso… Lo que Drewermann diagnosticó hace más de 30 años sigue siendo actual y es verificable en la práctica.

Lo que señala Flesch en la actualidad, ya lo comprobó sobradamente san Juan de la Cruz, en el siglo XVI, que muchos sacerdotes y directores espirituales no saben acompañar a las almas que están pasando por la “noche oscura”, ocasionándoles gran confusión y sufrimiento.

Por lo tanto, Se necesita una gran capacidad de introspección psicológica y un sincero discernimiento espiritual para descubrir que la vocación, en algunos casos, ha sido la tapadera para ocultar deficiencias personales, a veces inconfesables, que se han producido en la infancia del clérigo. Aceptar esta realidad -que no tiene por qué invalidar la opción ministerial-, requiere de una profunda humildad, nada fácil de conseguir.

La soledad no deseada, que tantas veces hace presencia en la vida de muchos sacerdotes , es la expresión de un doloroso vacío interior que intenta ser llenado infructuosamente desde fuera. Sin embargo, cuando la soledad está habitada por la presencia amiga de uno mismo y de Dios, se convierte en “soledad sonora”, fuente de silenciamiento interior, creatividad y gozo.

En conclusión, el clericalismo afecta de manera negativa la salud mental de los sacerdotes y la comunidad eclesial al crear dinámicas de poder opresivas, generar aislamiento y fomentar la represión emocional. Un cambio hacia una Iglesia más participativa, transparente y centrada en el bienestar integral puede ayudar a mitigar estos efectos.

Fuentes:

Drewermann "Clerigos"

Manuel García Hernández “el clericalismo y las heridas de los sacerdotes”

Juan Martín Velasco "Introducción a la fenomenología de la religión"

Estructuras y Procesos. Religión, El fenómeno místico, Editorial Trotta

  Libro Primero, Noche oscura, 12, 2. 

Xabier pikaza (Todos somos sacerdotes, editorial Nueva Utopía)

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