¿Vox, sordera, ignorancia o pecado…?
«Tras entregar el CGPJ, RTVE, la Junta Electoral Central o
aliarse en Europa contra los intereses de los españoles, el PP llega a un nuevo
acuerdo con el PSOE y confirma dónde y con quién quiere estar», criticó Vox
Samper, ha sostenido que ni les impresionan «los órdagos
de Vox» ni se sienten «presionados por las amenazas del Gobierno» para que las
autonomías del PP den acogida a los menores que migran solos.
«Vamos a cumplir con nuestras obligaciones y vamos a ser
solidarios», sintetizó.
Feijoo desdeñó de forma pública por primera vez ese órdago
recordando a los de Abascal que esos territorios ya acogen a menores migrantes
no acompañados en la actualidad. «Es la realidad y entiendo que no se puede
amenazar a nadie por cumplir con su deber», señaló el líder del Partido
Popular.
La Consellería de Política Social confirmó ayer, en la
conferencia sectorial, que la comunidad gallega está dispuesta a acoger a 26
menores no acompañados llegados a Canarias y a Ceuta. La conselleira defendió
que acoger a estos jóvenes es «unha cuestión de humanidade», y que Galicia
siempre demostró y «seguirá demostrando» que es una comunidad responsable y
solidaria.
Fabiola García, La conselleira criticó la ausencia de
política migratoria, una competencia del Gobierno central sobre la que, cree,
este intenta descargar toda responsabilidad en las comunidades al intentar
imponer de forma unilateral un reparto no negociado con ellas. Acoger un menor,
argumenta la consellería, no consiste solo en ofrecerle alojamiento y cubrir
sus necesidades básicas, sino que implica también asumir el compromiso de
acompañarlo a lo largo de los años y «axudalo a construír un proxecto vital».
Por eso, es algo que «hai que tomar moi en serio».
La Biblia no resuelve los problemas actuales, pues la
situación social ha cambiado, pero ayuda a plantearlos con radicalidad.
Éste es un tema que ha sido planteado desde el Antiguo Testamento, donde el
mismo Dios, al comienzo del Decálogo, se define a sí mismo liberador oprimidos:
“Yo soy Yahvé, tu Dios, que te he sacado de Egipto” (Ex 20, 2; Dt 5, 6; cf.
1 Rey 12, 28; Jer 2, 6). En esa línea se sitúa ratifica un credo histórico muy
antiguo, donde cada israelita afirma “mi padre (Jacob, Israel) era un arameo
errante...” (Dt 26, 5-10).
Todos los occidentales, de raíz judeo-cristiana (y
musulmana) nos consideramos “hijos de un arameo errante”, descendientes de
múltiples migraciones... Este tema, unido al de la trata (compra-venta de
personas, en especial de mujeres y niños) define de algún modo la historia
bíblica, tal como culmina en Mt 25, 31-46, donde el Mesías de Dios
“fui extranjero y me acogisteis... o no acogisteis”. La Biblia es un libro
realista donde el recuerdo de la historia más dura se entremezcla con leyes y
caminos de liberación (de utopía), que siguen abiertos, de manera que tenemos
que interpretarlos de un modo personal y social.
¡Cuánto se necesita en el mundo de cristianos impregnados
de los valores bíblicos, de los valores del Reino!
Abramos los baúles del Reino para recordar el hecho de que
en el banquete del Reino no entran los considerados más puros o más dignos,
sino que, curiosamente, se llena de lisiados, pobres, excluidos y desclasados.
Yo sé que lo conocemos, pero yo creo que no lo vivimos ni lo integramos en
nuestra espiritualidad cristiana. Están en recinto clauso, en un baúl bajo
siete llaves.
Valores del Reino bajo llave y escondidos en la oscuridad de
los baúles insolidarios pueden estar en aquellos valores bíblicos en torno a
los extranjeros y migrantes del mundo, con respecto a nuestros posibles
enemigos, con respecto al que consideramos pecador comparado con nosotros.
También con respecto a los empobrecidos por sistemas injustos o con los ricos
de este mundo que han sido injustamente enriquecidos.
Abramos esos baúles, descerrajemos esos depósitos de valores
que para nosotros son como cadáveres, valores del reino en torno a las
temáticas de solidaridad humana, de derechos humanos o de reducción de la
pobreza en el mundo. Todo esto debería ser una concreción más de nuestra fe
viva que afecta mucho al compromiso social de los creyentes. Los cristianos
deberían ser los mejor preparados y los más habilitados para salir a la
palestra de la realidad en conflicto y, con una mano tendida de amor, trabajar
por la dignidad de los pueblos. Hay que ser valientes y romper baúles.
Sordos, ignorantes o pecadores. Creo que el clamor profético
y el grito de Jesús a favor de los maltratados del mundo, de los empobrecidos y
excluidos, ha dado lugar hoy en el mundo, en una gran medida, a un dar
la espalda al gemido del tirado al lado del camino. Tristeza
evangélica.
¿Por qué ocurre esto? ¿Acaso hemos caído en una sordera
espiritual que tranquiliza nuestras conciencias mientras pensamos en las
recompensas espirituales? Erramos ante la fuerza y riqueza de la espiritualidad
cristiana. ¿Acaso es una ignorancia que proviene de que no somos capaces de
hacer una relectura de la Biblia desde el sufrimiento, la pobreza o la
opresión? ¿Acaso se trata del pecado de omisión contra el que truena el
texto bíblico?
¿Hay muchos ignorantes o es que miran para otro lado
buscando una espiritualidad desarraigada de los problemas del mundo y del
prójimo? ¿Cuántos no saben que hay un total e injusto reparto de los bienes en
nuestro ámbito terrestre, que los pobres lo son en una gran parte por el
despojo y el robo en nuestras sociedades injustas, estructuras económicas de
pecado, las multinacionales injustas u otros medios de opresión? ¿Acaso somos
sordos o nos están tapando los oídos en las propias iglesias desoyendo el
clamor profético? Vuelvo a decir: ¿Será que estamos cayendo en el pecado de
omisión callando ante la injusticia?
Sordos, ciegos, ignorantes, insolidarios, faltos de amor y
ajenos a los valores del Reino. Vuelvo a preguntar: ¿Podríamos hacer una
relectura de la Biblia? A la luz de las Sagradas Escrituras creo que la
situación es alarmante y reclama la justicia profética que se reclama en la
Palabra, la búsqueda de esa justicia sin la cual no es posible el ritual, ni el
culto.
Una pena. Hemos acallado las voces de nuestras conciencias,
y las hemos silenciado para tranquilizarnos.
Para evitar el pecado de omisión hay que tener en cuenta que hay
que trabajar por la justicia y buscar los grandes cambios estructurales,
trabajar por un mundo más justo, por la eliminación de la opresión, del abuso
de los débiles y de la pobreza. Por tanto: ¡Cuidado! No caigamos en el
pecado de omisión.
Se requiere que los cristianos, junto a su lucha por las
reformas estructurales, su trabajo a favor de la justicia social y su denuncia
de las estructuras de maldad que reinan en el mundo y que marginan y empobrecen
y oprimen a las tres cuartas partes de la humanidad en mayor o menor grado, se
manchen las manos en la atención asistencial sin olvidar nunca la búsqueda de
la justicia y la práctica de la misericordia… porque ejemplo nos ha dado el
Maestro al que decimos seguir. Quizás sea una condición profética para poder
pasar a elevar nuestras miradas en adoración al Maestro.


Estoy de acuerdo con el escrito anterior pero me gustaría agregar que el aceptar o no a los "menas" a pesar que desde hace tiempo están llegando a España, debería ser la raíz del análisis.
ResponderEliminarMe pregunto, por qué España tiene que asumir responsabilidades de crianza de menores de edad a los que sus padres han renunciado por las razones que sean (nunca suficientes para mi).
Creo que no deben ser aceptados los menores sin sus padres (al menos uno). Es difícil de erradicar eso y mucho más difícil es entenderlo, pero la educación de un menor quien puede darla de la mejor manera son sus padres o tutores, en el país en que se encuentren