Homenaje a Ramón Díaz Raña, cura activista...
En torno a un centenar de personas se dieron cita en un acto
conducido por la periodista Patricia Hermida y en el que intervinieron el
también periodista Iago Soler Castiñeira, familiar además de Díaz Raña, además
del religioso e histórico galleguista Xaquín Campo Freire, el teólogo y
lingüista Xosé Martinho Montero Santalha y Xosé López Gudín, exconcejal y amigo
personal del homenajeado.
Ciertamente, ha sido un activista, pero con todos mis respetos
lo que verdaderamente define al sacerdocio es su carácter vocacional; es decir,
el hecho de que se trata de un proyecto de vida que exige una determinación
espiritual (una respuesta a una llamada), que afecta a todas las dimensiones de
la vida (corpórea, afectiva, intelectual, etc.), que pide exclusividad, entrega
y fidelidad absolutas, y que es animado por una pasión: la pasión por el
Evangelio. Exige exclusividad, entrega absoluta. El sacerdocio es una
profesión a la que se llega, o se debe llegar, sólo por vocación. ¡Y se nota!
No es igual ordenarse sacerdote porque así lo quisieron las circunstancias y
ejercer el sacerdocio como un funcionario cualquiera cumple con su cometido,
que ordenarse por auténtica vocación y dar la vida ilusionado por la gente y
por la Iglesia.
El activismo es la acción sin sentido de dirección o la
acción orientada al logro de objetivos que no necesariamente concuerdan con el
propósito de Dios para la vida humana y para toda la creación.
¡Los activistas están en la política, en las iniciativas
sociales, en la religión y en las iglesias!
Jesús es el mejor ejemplo para ayudarnos a equilibrar
nuestras acciones. En Mateo 14:22 dice “En seguida Jesús hizo
a sus discípulos entrar en la barca e ir delante de él a la otra rivera, entre
tanto que él despedía a la multitud”.
La unión entre contemplación y acción constituye el
verdadero apostolado, que consiste en anunciar a Jesucristo, así como acción y
oración continua se alternaban y unían armoniosamente en la vida de Jesús,
durante el día enseñaba en el Templo y salía a pasar la noche en el monte
llamado de los Olivos (Lc 21, 37), después de despedirse de ellos
se fue al monte a orar (Mc 6, 46).
Jesucristo era una persona llena de actividades. Basta dar
una pequeña lectura a los Evangelios para notar eso. Lo vemos predicando,
sanando enfermos, viajando, alimentando multitudes (Mt 5:1 ss; 8:1-4;
Mr 8:1-10; Lc 4:16, 31). Ahora, a pesar de ser un hombre muy
ocupado, Jesús jamás abandonó lo principal, esto es, su relación con el
Padre. Lo vemos orando en todo tiempo (Lc 6:12; 22:41; Jn
17:1-25), lo vemos siempre citando las Escrituras – lo que nos dice
que era un verdadero conocedor de ellas (Mt 4:4, 7, 10; 5:17-18; Jn
5:39; Lc 24:44), en fin, nuestro Salvador nos dio el ejemplo perfecto
de actividad y piedad.
Así, pues, las Palabras de Dios son Espíritu y Vida, y
por lo tanto no se pueden proclamar ni acoger sin el Espíritu.
«Lanzarse al activismo febril y perder el contacto con la
Palabra es lanzarse al fracaso. Es como si unos bomberos se lanzan a apagar un
incendio con mucha prisa, y cuando llegan no tienen agua». Afirma Raniero
Cantalamessa -predicador de la Casa Pontificia con Juan Pablo II,
Benedicto XVI y Francisco- «Los católicos estamos más acostumbrados a ser
pastores que a ser pescadores de hombres». Añade.
Dios realiza su obra por la transformación de los corazones
por su “Santo Espíritu” (Ez 36,25-27), quien “escribirá la
ley” de la “nueva alianza” (Jr 31,31-34) e instaurará el Reino
esperado (Dn 2,44;4,31;7,14,20. El creyente está llamado a
colaborar en su proceso de santificación, en el cual se trata de imitar la
santidad de Dios guardando el doble mandamiento del amor. La creencia y la
experiencia personal de la paternidad amorosa de Dios y de la filiación del
Hijo, de su ser amor (1Jn 4,7-5,21), es el principio motor del
nuevo “código de santidad” de la nueva alianza.
Jesús, maestro y modelo de santidad, llamó a sus discípulos
a seguirle, para que fuesen santificados en él, de modo que pudo ser reconocido
como “camino, verdad y vida” para la humanidad, en cuanto nos
abre el acceso hacia el Padre, plenitud de vida y felicidad, haciéndonos filii
in Filio en la fe del bautismo, en la que se nos comunica la gracia
santificante.
La naturaleza íntima de la Iglesia se expresa en una triple
tarea: anuncio de la Palabra de Dios (kerygma-martyria), celebración de los
Sacramentos (leiturgia) y servicio de la caridad (diakonia). Son tareas que se
implican mutuamente y no pueden separarse una de otra (Carta enc. Deus
caritas est, 25).
El evangelizador debe llenarse de Jesús para luego darlo
a los demás. El demonio del activismo desvía la evangelización hacia
la multiplicación de actividades, haciéndonos perder el horizonte de que es el
Espíritu Santo el primer protagonista de todo apostolado y que por tanto la
evangelización descansa sobre la oración y en la iniciativa primera de Dios.
Hay un dicho en inglés que toma un significado muy
particular si aplicado a la evangelización: “los hechos hablan más fuerte que
las palabras”. “Deeds speak louder than words”. Una frase de
Pablo VI en la Evangelii Nuntiandi, dice: “El hombre contemporáneo
escucha con más placer a los testigos que a los maestros, o si escucha a los
maestros es porque son testigos”.
La situación en muchas parroquias y comunidades
cristianas es crítica. Las fuerzas disminuyen. Los cristianos más comprometidos
se multiplican para abarcar toda clase de tareas: siempre los mismos y los
mismos para todo. ¿Hemos de seguir intensificando nuestros esfuerzos y
buscando el rendimiento a cualquier precio, o hemos de detenernos a cuidar
mejor la presencia viva del Resucitado en nuestro trabajo?
Si estos curas activistas emplearan el mismo ahínco para
evangelizar, no estaría tan menguado el número de cristianos en estas tierras.
El Nacionalismo. Otra forma de adoración a la "Madre
Tierra" de cada uno, como también lo es la ecología llevada al extremo.
El Nacionalismo pagano es una ideología perversa que ve en
la Patria, la raza, o la etnia un fin en si mismo, es por tanto una ideología
pecaminosa porque hace de estos conceptos un culto idolátrico, si se menciona a
Dios o a la Religión es siempre para instrumentalizarlo al servicio de esa
idolatría. El verdadero seguidor de Cristo no debe ver en la Patria un fin en
sí mismo, sino un medio para poner a toda una comunidad de hombres con vínculos
fraternales, culturales, históricos, y sobre todo religiosos, al servicio de
Dios y de la Evangelización del Mundo.
Hoy se valora poco la salvación, la gracia, los sacramentos,
la acción de Dios en las almas. Como consecuencia, difícilmente se valorará el
ministerio de alguien que se dedica a la «cura de las almas», es decir, a su
cuidado, dirección y acompañamiento.
Sólo quienes aprecian el hecho de que Cristo ha querido
quedarse entre nosotros en la persona misma de quienes tienen autoridad para
actuar en su nombre, valoran el misterio que llevamos en nuestros «vasos de
barro» y firmarían las palabras de una conversa francesa, Madeleine
Delbrel, que salió del ateísmo gracias a la ayuda de algunos sacerdotes, y
decía: «La ausencia de un verdadero sacerdote en una vida es una miseria sin
nombre; es la única miseria».


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