Fernando García Cadiñanos, cuidar de los mares y de sus gentes...
“Nos encontramos ante un mundo muy diverso, con muchos
rostros, plurales y diferentes. La llegada de los inmigrantes es buena prueba
de ello, especialmente los que se han establecido entre nosotros procedentes de
Cabo Verde, Perú e Indonesia principalmente. Pero también es
diversa la pluralidad de funciones: las tripulaciones de las
embarcaciones que transportan mercancías, los operarios portuarios, los
operadores de remolcadores y los estibadores, los guardacostas, el personal de
tráfico marítimo y de salvamento, los agentes de aduanas, los pescadores, los
mariscadores…” Afirma Fernando Gracia Cadiñanos
Así es, D. Fernando, los movimientos migratorios están
presentes en toda la historia de la humanidad y tienen una importante capacidad
de transformación social. Desde sus orígenes el ser humano decide dejar su
lugar de procedencia para buscar mejores oportunidades de vida. Huye de la
pobreza, de las guerras, de catástrofes naturales y de otras situaciones que le
impiden vivir dignamente y progresar.
Los movimientos migratorios generan efectos en los países de
origen y en los de acogida. Los países de origen sufren una pérdida de
población más joven y productiva, pero se benefician de las remesas de dinero
que estos jóvenes trabajadores envían a sus familias. En los países de acogida
los efectos positivos se dejan ver en la demografía, en la economía y en el
aspecto social. Las sociedades ganan en diversidad y en riqueza cultural, se
atenúa la pérdida de efectivos humanos en países con altos índices de
envejecimiento, como España y crece la economía gracias a la incorporación de
estos jóvenes al mercado laboral con fuerte presencia en sectores con gran peso
económico. Si en otros períodos históricos los europeos han protagonizado
emigraciones masivas (como las que tuvieron lugar durante el siglo XIX y
primera mitad del XX, hacia América), la actual historia migratoria es a la
inversa y Europa se ha convertido en receptor de inmigrantes procedentes de
todos los continentes.
Los principales motivos que influyen en las migraciones son
la huida de conflictos bélicos, la difusión del modo de vida occidental, la
acción de las redes migratorias, la presión demográfica o el deterioro
medioambiental y también factores culturales o históricos. Es sobre todo el
actual contexto político y económico lo que aviva los flujos migratorios: la
división espacial de la riqueza que resulta de las grandes desigualdades
entre el Norte y el Sur es la principal causa de los desplazamientos a
escala mundial. Sin embargo, en un mundo globalizado que tiende a flexibilizar
las fronteras para la libre circulación de capital, tecnología, información o
mano de obra, surgen barreras (sobre todo legales) para contener la libre
circulación de millones de personas expulsadas de sus países que buscan
salir del atraso. Asimismo, se está produciendo un creciente aumento de
políticas restrictivas a la migración y de discursos que criminalizan a los
inmigrantes, sobre todo a los “sin papeles” alegando que causan graves pérdidas
para las economías nacionales y amenazan la seguridad ciudadana y la identidad
nacional.
La presencia de inmigrantes en nuestra sociedad suscita
grandes debates y muchas personas los miran con inquietud, no porque
representen una amenaza para sus puestos laborales, sino porque sus
comportamientos, habla, modos de vestir en la convivencia diaria puede generar
rechazo o desconfianza. Son los llamados prejuicios culturales.
Según el sociólogo Escobar (1997), el ciudadano de una
ciudad multicultural, donde el contacto con el extranjero forma parte de las
relaciones sociales cotidianas, no tiene la suficiente madurez para comprender
y vivir en esta nueva realidad. Los ciudadanos están condicionados por el
“miedo al extranjero” que impide la comunicación entre las diferentes culturas
y por tanto no se lleva a cabo una integración cultura.
La inmigración puede ayudar a mantener ese equilibrio porque
los inmigrantes suelen entran a formar parte de la población activa y
contribuyente. Además, por un lado, los ingresos percibidos por las personas
inmigrantes trabajadoras les permiten invertir en bienes y servicios en la
sociedad de destino, aumentando así el consumo. En ocasiones, los inmigrantes
crean sus propias empresas en las sociedades de acogida. Por otro lado, estos
ingresos benefician también a las sociedades de origen en forma de remesas de
dinero que los inmigrantes envían a sus familiares cada cierto tiempo.
Quienes emigraban eran fundamentalmente hombres (en torno
al 70%) procedentes del medio rural, en su mayoría analfabetos, solteros y con
una media de edad que oscilaba entre los 18 y 20 años. La mujer se
incorpora más tarde, a partir de la segunda década del siglo XX. Éstas tienen
una media de edad de 22 años y, a causa de la sociedad sexista imperante,
tendrán limitaciones laborales, por lo que adquirirán un carácter más familiar.
Las mujeres que no emigraban se quedaban solas en Galicia cuidando de las
tierras y de los hijos. Cuando éstos crecían, muchos tomaban el mismo camino
que sus padres, por lo que las familias quedaban divididas y desestructuradas.
Los países a los que emigraban los gallegos eran: Argentina,
Cuba, Brasil, Uruguay, México, Venezuela y Estados Unidos. Entre 1887 y 1895 el
destino principal es Cuba, seguida de Argentina y Brasil. De 1912 en adelante
será Argentina a donde se dirigía más de la mitad de la emigración gallega.
Precisamente por esto, a Buenos Aires se la conoce como la quinta provincia
gallega, o la “Galicia Ideal”.
Se emigraba en buques transatlánticos de vapor que partían desde
los puertos de A Coruña, Vilagarcía de Arousa y Vigo, y tardaban alrededor de
dos semanas (dependiendo de la travesía) en recorrer los miles de kilómetros que
separan las rías gallegas de las costas del continente americano.
De la misma forma que emigramos los gallegos, los
migrantes que llegan a Burela provienen de zonas rurales de países en vías de
desarrollo, con altos índices de pobreza. La agricultura o la pesca eran sus
ocupaciones en origen. El factor económico es el motivo principal para emigrar
y eligen como destino España por las oportunidades de mejora de vida que ofrece
este país.
Los inmigrantes que llegaron a Burela a lo largo de estas
últimas cuatro décadas persiguen el mismo objetivo que los millones de personas
que dejan sus países para instalarse en otros: la búsqueda de una vida mejor y
de oportunidades para poder progresar.
Más que pese a muchos, el fenómeno inmigratorio en Burela ha
sido una pieza importante para la construcción de esta sociedad, en primer
lugar, porque ha favorecido al crecimiento de su población, en un contexto
provincial de pérdida de efectivos, ha propiciado su rejuvenecimiento y
presenta unos indicadores demográficos con los mejores resultados de la
provincia. De hecho, con este aporte migratorio, el importante crecimiento (16%
en los últimos 20 años) contrasta con la tendencia a la pérdida de población de
las provincias de Lugo y Ourense.
Finalmente, tal vez el argumento más contundente para
cuidar a los refugiados es que, como ellos, somos forasteros. Desde el
patriarca Abraham a Jesús y de sus discípulos a la iglesia mundial, la metáfora
del forastero está profundamente incorporada en nuestra historia y teología y,
por lo tanto, nuestra identidad misma



Entiendo que la inmigración puede ayudar a la economía española, siempre que la mayor parte de los inmigrantes sean personas que vienen con disposición para desempeñarse en múltiples trabajos, sin embargo, no estoy de acuerdo en que se acepte una inmigración descontrolada, abriendo puertas a cualquier persona sin al menos saber al menos sus nombres y alguna información adicional, por otra parte se les debe explicar que de ser aceptados podrán integrarse a la sociedad con las costumbres españolas, si bien se les permite que mantengan su religión, se les debe aclarar que no pueden pretender imponer su religión en el sistema de educación español .
ResponderEliminarResumiendo, la inmigración descontrolada sin revisión de las personas, puede ser mucho más un problema para España que una solución para las buenas personas, que serán juzgadas por las fechorías que cometan (como ya está pasando) otros no tan buenos, que vienen amparados por las mismas facilidades que se les da a todos