El bloqueo a Cuba
El bloqueo económico, financiero, comercial, con
pretensiones totalizadoras contra Cuba y de alcance extraterritorial, es
llamado por ellos eufemísticamente un “embargo”. Aunque algunas medidas lo
antecedieron desde 1960, fue establecido a comienzos de 1962 y han generado
pérdidas de entre dos y cuatro mil millones de dólares anuales durante sesenta
años. Al margen de las cifras es difícil aquilatar la magnitud y todos los
ámbitos en que el bloqueo estadounidense ha ocasionado dificultades y
sufrimientos a la población cubana. E incluso, de manera sostenida, ha
dificultado o impedido la obtención de medicamentos que se necesitan para
salvar vidas.
Jurídicamente hablando es un crimen, por injusto, ilegal
e inhumano; un conjunto de acciones ilícitas de alcance extraterritorial que
pretende rendir por hambre al pueblo cubano. Por su forma son actos que exceden
las facultades de un Estado integrante de la comunidad internacional. Es una
permanente saturación de acciones hostiles de todo tipo, equivalente a una
guerra, y sin apenas ropaje de derecho.
No es solo porque Cuba no tenga acceso al mercado
estadounidense. Debe tenerse en cuenta que:
el asedio obliga a los cubanos a
comerciar con la mayor desventaja; están obligados al uso de costosos
préstamos comerciales a corto plazo;
no pueden realizar transacciones directamente en dólares
estadounidenses; terceros países no
pueden vender sus productos en el mercado estadounidense si contienen insumos
cubanos, ni pueden comprar en ningún lugar del mundo un producto en el que más
del 20% de su valor total esté representado por contenidos originarios de los
Estados Unidos; un barco que hace escala
en sus costas debe esperar seis meses antes de poder visitar cualquier puerto
de los Estados Unidos, lo que alza aún más los costos de su comercio; no pueden
acceder a tecnologías de los Estados Unidos ni, a veces, a la de ningún otro
país desarrollado.
Tradicionalmente la política inmigratoria ha sido
instrumentalizada para atacar a Cuba o crear dificultades bilaterales. A fines
de 2016 y comienzo de 2017 miembros de la Embajada de Estados Unidos en La
Habana comenzaron a informar que sentían síntomas extraños, sensaciones de
debilidad, etc. En breve el gobierno de ese país y otros medios aseguraron que
se debían a ataques sónicos de naturaleza desconocida. Eso les sirvió de
pretexto para cerrar el Consulado en La Habana, con lo que dejaron de cumplir
la entrega de visados fijada en los acuerdos migratorios bilaterales. Como
consecuencia aumentaron las salidas ilegales, ante lo cual la arrogancia y el
cinismo de Washington ha sido lanzar amenazas: si el gobierno cubano permite el
flujo migratorio desordenado y masivo, dijeron, se afecta así la seguridad
nacional de ese país y se adoptarían muy fuertes medidas contra Cuba.
Hace unos años, el entonces presidente Barack Obama reconoció
el fracaso de esa política. En algunos aspectos la misma, junto a las
agresiones de todo tipo por parte de la mayor potencia de todos los tiempos,
les ha resultado contraproducente pues ha catalizado la capacidad de
resistencia de los cubanos, en una mayoría de ellos ha afianzado las posiciones
antiimperialistas, y ha concitado una mayor simpatía y la solidaridad para con
Cuba en el resto del mundo.
A Cuba se le reconoce en el mundo por su solidaridad
fraterna en socorrer poblaciones enteras en tiempos de catástrofes alrededor
del Mundo: terremotos, huracanes, pandemias, tsunamis, sequías, etc. En el caso
de Honduras, Cuba fue el primer país en solidarizarse durante los huracanes
Fifí (1974) y Mitch (1998) y no por un rato, sino años, con brigadas médicas,
medicinas y hasta hospitales portátiles.
No obstante, desde el triunfo de su revolución en 1959, Cuba
ha sido asediada, castigada y bloqueada por los diferentes gobiernos de Estados
Unidos durante más de un siglo. Se calcula que el bloqueo económico, financiero
y tecnológico durante los últimos 62 años ha afectado al pueblo cubano en más
de CIENTO CINCUENTA MIL MILLONES DE DÓLARES.
Esto fue parte del extensísimo discurso de Rosa que alude a
México, Centroamérica y el Caribe. Y en lo pertinente a Cuba dice:
“Y si los hombres que han traicionado la Patria, y
desnaturalizado la obra de la independencia, si ellos por una fatalidad
rigiesen todavía los destinos de la Nación, los veríais, señores, aplaudir el
martirio de Cuba inmortal; los veríais ponerse de parte de la despiadada
barbarie, y condenar los sacrificios heroicos de una Patria que nace, llena de
infinitos dolores, pero recibiendo las bendiciones de todos los corazones
generosos; los veríais, hoy que Cuba avanza resuelta, entre mares de sangre y
de lágrimas, entristecerse, sufrir y hacer votos por que la más noble causa de
la humanidad se pierda, aunque el instinto les dijese que las luchas de
independencia sólo concluyen con la independencia, y que el soplo letal de la
España no apagará, no podrá apagar nunca, la viva, esplendorosa luz que, a
orillas del mar Caribe despide la solitaria Estrella de las Américas”.
Vivimos en un mundo de gobiernos criminales que no se
preocupan por el mundo. Reagan lo dejó bien claro y todos los que han venido
después han hecho lo mismo.
Y ese es el efecto que ha provocado en la gente, que ha
marginado a muchas personas, ha creado lo que se denomina el precariado; es
decir, una gran cantidad de personas en una situación muy precaria. Frente a
nuestros ojos se está desarrollando una brutal guerra de clases.
Cuando Pinochet instauró su dictadura se apresuraron a
apoyarla y a participar en ella porque era el experimento perfecto para sus ideales
neoliberales. No podía haber objeciones, las cámaras de tortura se encargaban
de que así fuera. Entonces el dinero comenzó a llover, de inversores
internacionales, del Banco Mundial, de Estados Unidos.
George H. W., el primer Bush, había creado un consejo asesor
científico y cuando Obama asumió el cargo, a los pocos días de su mandato, lo
activó y les pidió que elaboraran propuestas para tratar una pandemia
inminente. Todo el mundo sabía que iba a llegar y por eso les preguntó ¿qué
debemos hacer? A las dos semanas le entregaron un plan muy detallado y se
aplicó. En cuanto Trump inició su mandato, en sus primeros días, lo que hizo
fue desmantelarlo todo porque no generaba ganancias. Este es el neoliberalismo
extremo, en lugar del neoliberalismo moderado; salvajismo salvaje en lugar de
salvajismo moderado. Desde su primer día en el cargo, Trump retiró los fondos
del Centro para el Control de Enfermedades, cada año; eliminó también los
programas de científicos estadounidenses que trabajaban en China con
científicos chinos para intentar identificar posibles coronavirus. Un trabajo
duro y peligroso, de hecho, algunos científicos chinos murieron desempeñándolo,
pero todo fue desmantelado.
¡Y ese es el mundo en el que vivimos, pero de eso no se
habla!


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