Milei, el amigo de Abascal, retiene alimentos al pueblo…
Desde hace meses, sectores sociales han denunciado el brutal recorte a los fondos para comedores públicos, así como otras políticas lesivas del Gobierno de Milei, que tienen una incidencia directa en la población más vulnerable que no ha podido sortear el ajuste del libertario.
Un grupo de curas argentinos realizará una huelga de hambre
para exigirle al Gobierno del presidente Javier Milei que distribuya en los
comedores populares las 5.000 toneladas de alimentos que tiene guardadas en
galpones.
«Comenzaremos una huelga de hambre en la puerta del depósito con una celebración ecuménica a la que invitamos a todos los cultos y sus representantes a participar», señaló el comunicado publicado por Francisco Olvera, un sacerdote conocido en el país por su activismo social y por formar parte del colectivo Curas en Opción por los Pobres.
«Si nuestro pueblo no come, nosotros tampoco vamos a comer», agregó al anunciar que la medida de protesta se llevará a cabo en las dos bodegas ubicadas en las provincias de Buenos Aires y de Tucumán, en donde el Ministerio de Capital Humano guarda el cargamento de alimentos que fue comprado por el pasado Gobierno de Alberto Fernández, pero que no se ha distribuido.
La semana pasada, el portal El Destape reveló que en esos galpones había yerba mate, leche en polvo, aceite, puré de tomate, garbanzos, harinas de trigo y de maíz y arroz con carne, que están destinados a los 45.000 comedores populares que hay en el país, y a donde diariamente acuden personas en solitario, familias, adultos y menores de edad para poder comer.
El caso se ha transformado en un conflicto para las autoridades, ya que retienen los productos en medio de una creciente crisis económica que ha provocado que se incremente el número de personas que necesitan acudir a los comedores para tener por lo menos una comida al día.
Milei pretende que los problemas del país tienen origen en un teórico exceso de gasto público, que generaría déficit, que se financia con emisión, lo cual induce a la inflación y desorganiza la economía como un todo. Cada tramo de esta cadena argumental está repleta de supuestos que fallan a la hora de la realidad. Pero aun así, permiten ver que atacar el gasto es, entonces, el centro de gravitación de su política. Y sobre esto ha actuado, en efecto, haciendo caer el gasto en cerca del 31% interanual en de 2024. Esto le llevó a mostrar superávit primario e incluso financiero, según los datos de la Oficina de Presupuesto del Congreso de la Nación.
Este “ahorro” se explica por un auténtico desplome de gastos
muy sensibles socialmente. En primer lugar, de las jubilaciones y las
pensiones, que se retrajeron alrededor del 31% el primer trimestre del año
respecto de 2023, siendo un principal componente del gasto total. Las
erogaciones de la obra pública (-85%) y las transferencias a las provincias
(-83%) le siguen en relevancia por su brutal caída y peso en el gasto total.
También disminuyeron los recursos destinados a financiar servicios públicos
como la salud y la educación, que son también sostenidos por las provincias, de
modo de conjugar una crisis general en estos sectores. De hecho, el sistema
universitario –en boca de sus autoridades reunidas en el Consejo
Interuniversitario Nacional– ha acusado una situación delicada, que compromete
su propio funcionamiento. También se procede a una veloz licuación de la masa
salarial. Y la virtual cesación de pagos en la que incurrió el Estado nacional
con algunas empresas, como Cammesa (ligada a la distribución de energía
eléctrica). Dicho de otra forma, se logra superávit dejando de pagar las cosas.
Estos fueron los componentes del “ahorro”, mientras que la partida destinada al
pago de intereses mostró un aumento del 7% interanual en el mismo período.
Esto está generando una caída en picada de los ingresos populares. Las jubilaciones cayeron un 32% entre noviembre de 2023 y febrero de 2024, mientras que los salarios de quienes trabajan en el Estado un 21% entre noviembre de 2023 y enero de 2024.
Así pues, Con un tono discursivo imperativo y de advertencia, los profetas Amós, Isaías, Miqueas y Joel comunicaron el mensaje de cambio radical de Yahvé a los gobernantes de Israel. No cayeron en la tentación de dictar actos de habla alienantes, guardar silencio, ni danzar con los políticos; ni tampoco le pidieron al pueblo que aguantara el golpe, como si no tuviera sentimientos. Al contrario, fueron donde los políticos de su tiempo, no a pedir lisonjas, sino a decirles el mensaje de Yahvé: hacer justicia a los más despreciados de la sociedad, denunciar la acumulación de riquezas en unos pocos y dejar de adorar dioses paganos importados que descomponía el orden moral del pueblo. De no hacerles caso, el brazo de hierro de Yhavé, juez severo y justiciero, se haría sentir con grandes consecuencias en las autoridades, en el pueblo corrupto y en las potencias extranjeras, como lo fueron los imperios asirio y neobabilonio.
Estos profetas, hombres comunes y sencillos, pero fieles a sus principios, elegidos por Yahvé fueron los protagonistas de una renovación espiritual. El pueblo la necesitaba, pues estaba cansado de ver el derroche, la corrupción, la inequidad de sus autoridades y la proliferación de los falsos profetas. Estos falsos profetas eran seres réprobos, anunciantes de la paz, espíritus estáticos…
El profeta Amós, de oficio granjero y ganadero fue uno de esos grandes hombres influyentes que vivió en el siglo VIII, después del un largo período de crisis política, posterior a la división del reino de Salomón. Este se había dividido en dos reinos: el del Norte y el del Sur. Joás, rey del Sur, logró progreso material con una vigorosa economía basada en la producción y el comercio. Pero ese progreso generó descomposición social, moral, aumento de la brecha entre ricos y pobres.
El profeta tenía una actitud escéptica sobre el cambio en el corazón de las personas por sí mismas y consideraba que aquello
no se podía remediar, porque la sociedad estaba podrida (Schokel y
Mateo, Profetas II, 1980, p.951). Por
eso, profundamente acongojado y molesto, confiado en Yahvé, advirtió con una
serie anafórica de ayes sentenciosos contra los que tenía el poder y quienes se
hacían cómplices de los opresores, en
lugar de encomiarlos:
“ ¡Ay de los que convierten la justicia en acíbar y arrastran por el suelo al inocente, aceptan sobornos, atropellan a los pobres en el tribunal! Por eso se calla, entonces, el prudente, porque es un momento peligroso. En todas las calles hay duelo, en todas las calles gritan: ¡ay, ay! Los campesinos llaman para el duelo y el luto. Odien el mal, amen el bien e instalen en el tribunal la justicia”.(Am,5, 7-17)


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