La sanidad con el PP y el PSOE…
Albares cargó contra el líder del PP, Alberto Núñez Feijoo, al que ve «muy nervioso» al que «le faltan votos» y «está dispuesto a cualquier cosa para encontrarlos», dijo. «De ser una derecha reformista, a ser una derecha extrema, a pactar con la extrema derecha... Ya no sabe si sube, si baja: ya no sabe lo que es. Lo que está claro es que lo que no sube es en votos», espetó. Pero más que votos —añadió— le faltan convicciones», expuso, al defender que ha demostrado que «lo malo no son los votos de Junts, lo que a él no le gusta es que haya un Gobierno progresista en España».
Un 10 de abril de 1997 el Congreso de los Diputados aprobaba la ley que abría la puerta a que entidades privadas se beneficiaran de la sanidad pública. Gobernando Aznar en minoría, el texto salió adelante con los únicos votos en contra de Izquierda Unida y el Bloque Nacionalista Galego, que supieron prever lo que años después sucedería: La óptica liberal que impusieron defiende que un empresario se arriesga para poder ganar rentabilidad en el futuro, pero en este caso ni siquiera fue así. Las empresas privadas no arriesgaban nada porque contaban con financiación pública y una clientela asegurada, además de que podían elegir libremente el tipo de contrato que hacían a los sanitarios, algo que no ocurre en la pública.
Cuando Susana Díaz fue presidenta de la Junta de Andalucía, el SAS ha aumentó los conciertos con los centros privados en un 13%, llegando en la actualidad hasta los 500 millones de euros.
Andalucía era la segunda comunidad autónoma, tras Cataluña, donde más se ha recortado el presupuesto sanitario desde 2010. La comparación de la cifra de empleo sanitario en enero de 2016 con la de enero de 2012 muestra una pérdida 17.856 puestos de trabajo en España, "de los que el 31,11 por ciento se eliminan en Andalucía", con 5.556 empleos menos.
CCOO también destacó que en diciembre de 2014 había 519 camas en funcionamiento menos que en 2010, una reducción del 3,61 por ciento, y que Andalucía también está por debajo de la media estatal respecto al número de camas en funcionamiento por mil habitantes "e incrementa esa diferencia negativa año a año".
La gestión sanitaria de Susana Díaz durante siete años de Gobierno, dio mucho que hablar.
En 2018, la expresidenta de la Junta derivó de los Presupuestos 155 millones de euros en asistencia sanitaria complementaria, mientras escondía a 500.000 personas en lista de espera, al tiempo que presumía del Servicio Andaluz de Salud (SAS). En un año, la dirigente socialista repartió esta cantidad y lo hizo entre 18 centros dispersos por la geografía andaluza. Dos correspondieron a Almería, cuatro a Cádiz, uno a Córdoba, uno a Granada, otro a Huelva, cuatro a Málaga y, finalmente, cinco a Sevilla.
El centro sanitario
Nuestra Señora de Valme en Sevilla, realizaba en la última semana antes de dar a luz Susana Díaz una serie de mejoras
gracias a las cualesla presidenta de la Junta podrá tener una serie de
comodidades.
Es más. Médicos y enfermeras de Neonatología apuntaban a que el centro estaba preparando a Díaz una habitación especial con una serie de comodidades a la que no tenían el resto de pacientes.
Carmen Calvo ingresó por coronavirus en la exclusiva Clínica Ruber Internacional de Madrid en lugar de en un hospital público.
La ex vicepresidenta es como esos políticos a los que se les
llena la boca defendiendo la educación pública y luego llevan a sus hijos al
Colegio Alemán o se cambian de barrio para elegir el mejor colegio concertado. Viendo las imágenes de Urgencias del
hospital Infanta Leonor, uno entendería que no quisiera esperar en un pasillo
atestado de gente tosiendo y con enfermos tirados por el suelo, pero su
decisión no se debe a las actuales circunstancias.
Carmen Calvo, se mostraba abiertamente defensora de la Sanidad pública en actos electorales del Partido Socialista y, sin embargo, ella prefería hacer uso de la Sanidad privada como mutualista de Muface…
Lo de Carmen Calvo
tiene un aspecto meramente moral y expresa la contradicción entre lo que se
predica para otros y se elige para cada uno. En su día prefirió acogerse a la
sanidad privada y no a la pública.
La señora Calvo
estaba en su derecho y lo ha ejercido. Nada que objetar en ese sentido. Pero
hay un pequeño matiz. En su día, esta activa militante del PSOE, en función de
lo cual ha ocupado repetidos cargos públicos, defendía y defiende, en
consonancia con su partido, la necesidad de reforzar y ofrecer a los españoles
una sanidad pública de calidad, extendida y eficaz. Sin embargo, pese a que se
predica una cosa, a la hora de optar ha preferido acogerse al resguardo de lo
privado.
Uno supone que lo coherente moralmente es que, cuando uno se dice socialista, y se predica, insisto, un determinado modelo de sociedad, todos los actos de la propia vida personal estén en consonancia con lo que se dice. En eso de decir, esta señora ya nos ilustró en su día que con que el dinero público no es de nadie. No debe tener empero mucha confianza en la sanidad pública, cuando a la hora de tomar una decisión fundamental en su vida decaen sus propias ideas predicables y prefiere ser atendida fuera del sistema general que acoge a la inmensa mayoría de los españoles.
No es de extrañar,
pues, que en un momento en que el sistema nacional de salud público estaba desbordado
y veíamos a pacientes tirados literalmente por los pasillos y que cada día
fallecían por cientos los ingresados en centros públicos, un personaje tan
singular y emblemático del PSOE y del Gobierno resulta que es llevada a la
clínica de los ricos, los poderosos y los exclusivos. Por ejemplo, en clínicas
como la Ruber, el acompañante del paciente tiene, en determinados casos,
derecho a habitación privada. No podemos olvidar que ya en 1986 y gobernando
Felipe González, se aprobó la Ley General de Sanidad. El artículo 90
posibilitaba realizar conciertos con centros sanitarios privados.
En Madrid, Ayuso hace
desangrar la sanidad pública. Los sanitarios se organizaban en protestas
prácticamente semanales en tiempos del coronavirus y los pacientes se desesperaban entre colas y listas de espera. “Quieren que
acabemos en la privada, que contratemos seguros y que nos financiemos nuestro
propio cuidado”.
Las esperas de una semana o más para conseguir una cita con el médico de atención primaria o con el pediatra son habituales en los centros de salud gallegos, cuando hasta hace pocos años era infrecuente que superasen los dos días. Las urgencias hospitalarias afrontan colapsos recurrentes. Las demoras para operarse siguen sin volver a los niveles previos a la pandemia y hay pacientes que tienen que aguardar hasta 15 meses por una prueba que les permita recibir tratamiento. Los propios profesionales se quejan de la saturación en varios de los eslabones del sistema y de los problemas acumulados en áreas sanitarias como la de Santiago, dirigida por Eloína Núñez, prima de Alberto Núñez Feijóo.
Los principios
neoliberales y el estrechamiento de lazos entre iniciativa pública y privada
guiaron los mandatos de Feijóo en la Xunta. Y su sucesor, ahora candidato del PP
a la Xunta, Alfonso Rueda, ha profundizado en esa senda.



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