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Con Fidel murió la Revolución

Miguel Díaz-Canel y su banda de obesos secuaces están desmontando el "socialismo" pasito a pasito, con miedo porque no quieren ser Gorbachov, intentando alcanzar un modelo más equilibrado entre el control económico-social y algo que sea lo suficientemente productivo como para mantener el nivel de miseria socialmente tolerable para un pueblo cautivo y adoctrinado.

Hoy, perplejos, los cubanos de a pie atestiguan cómo el Gobierno no importa muchos alimentos de primera necesidad manteniendo las tiendas de los precios estatales vacías, mientras MIPYMES "privadas" —las privilegiadas que tienen el permiso de hacerlo— importan contenedores y contenedores de leche, aceite, pollo, harina, en volúmenes inexplicables bajo un régimen que supuestamente mantiene un monopolio del comercio exterior, y los venden a precio de mercado negro. ¿Alguna duda sobre quienes están detrás de esas MIPYMES?

Cuba se transforma a simple vista. Negocios emergen y los autos de lujo desfilan por las calles. Pero, ¿es esto un verdadero signo de progreso? La realidad detrás del brillo es una economía que depende del exterior y un sistema que favorece a unos pocos.

Durante los últimos meses, Cuba ha experimentado un aparente florecimiento en el número de MiPymes. Mercaditos emergen en todo el territorio nacional, ofreciendo una variedad de productos antes inimaginables. Las tiendas en línea han creado infraestructuras de reparto que imitan las de otros países. Incluso, vehículos de última generación y de alta gama.

La explicación para este cambio copernicano se encuentra en la situación desastrosa de la economía nacional, que está provocando una emigración masiva (más de 320.000 personas abandonaron la isla en 2022). Cuba es un país en bancarrota, con una deuda que no quiere y no puede pagar, una industria obsoleta e improductiva, una agricultura maltratada por el Estado al punto de acabar con la exportación del azúcar, que fue la principal fuente de riqueza de la isla hasta los años 80. A diferencia de las décadas anteriores, Cuba ya no puede contar con la generosidad de sus dos grandes mecenas, primero la URSS hasta 1990 y, luego, la Venezuela bolivariana, que ha dilapidado su riqueza y se ha visto obligada a reducir un 50% sus envíos de petróleo.

Como vemos, los herederos de Castro van enterrando la Revolución Cubana y sus "logros"  —siempre pagados por otros— mientras arman un sistema Frankenstein con pedazos putrefactos de capitalismo de oligarcas y socialismo de verborrea, que quizás sea algo más productivo que la economía centralizada del faraón Fidel, pero en realidad, se está especializando en redistribuir a su favor los dólares que desde Miami envían los rehenes del amor por familias desesperadas en una isla que se hunde…

Dentro de Cuba, los críticos sospechan que el Gobierno ha encontrado una manera de favorecer a sus partidarios con un capitalismo de amiguetes a la rusa o, más burdo aún, con una piñata similar a la que hicieron los sandinistas cuando perdieron el poder en 1990 y se repartieron entre ellos los bienes confiscados por el Estado. La prosperidad repentina de algunos negocios en Cuba parece confirmar que la nomenklatura castrista se está beneficiando de privilegios inaccesibles al pequeño emprendedor sin relaciones políticas.

Aunque crueldades tales como el bloqueo económico durante casi medio siglo son verdaderas vacunas contra la amnesia histórica, el deslumbrante espejismo del paraíso terrenal que proyecta la propaganda del modo de vida estadounidense -que invisibiliza los 48 millones de estadounidenses que viven por debajo de la línea de pobreza, las crecientes tensiones raciales o la penuria de los cubanos emigrados a Estados Unidos después de 1980- lo invade todo y es casi imposible escapar de sus nocivos efectos.

Para las nuevas generaciones de cubanos no es fácil imaginar tanta inequidad y corrupción en un pasado reciente que les puede parecer lejano.

La emigración y las manifestaciones neo anexionistas son la válvula de escape en la olla que incendió el capitalismo en Cuba y el bloqueo y demás agresiones han impedido sofocar totalmente.

Nadie sabe si los cambios económicos adoptados en la isla van con buen rumbo o son un capitalismo restringido para unos pocos y un socialismo de subsistencia para los demás.

Tras las reformas económicas adoptadas por el gobierno cubano lo que existe ahora en la isla es un capitalismo con esposas, mercados competitivos altamente regulados para negocios familiares y poco calificados, según un comentario publicado en la página de opiniones del diario The New York Times.

Así pues, en Cuba hay hoy un importante descontento tácito: que muchas gentes pasan hambre, que hay casi 500 jóvenes encarcelados por la manifestaciónes del 11de julio, y pretender hacernos creer que la manifestación es un acto organizado desde fuera, es lo mismo que hacen todas las dictaduras y lo que nos decía a nosotros el dictador Franco cuando hablaba de una “conspiración judeomasónica”.

A pesar de los méritos de sus primeros años, hoy la revolución cubana ha fracasado. No reconocer eso me parece un fundamentalismo. Y los fundamentalismos son típicos de todas las derechas.

La cuestión es que, luego de sobrevivir en un modo de vida como la sociedad mercantil capitalista, gestionada por gobiernos con prácticas autoritarias, independientemente de que sean ungidos bajo procesos democráticos, que no le confieren importancia a la vida concreta de los seres humanos, puesto que su cometido es afianzar sus espacios de poder sin importar el costo humano, los sectores sociales subalternos terminan por asumir y reproducir esa gestión política de la vida y la muerte, acorde a los criterios impuestos por los gobernantes, inclusive se llega a respaldar o exigir que así se haga, en aras de una abstracta paz y seguridad, y por tanto están dispuestos a sacrificarse para favorecer a los potentados, máxime cuando son líderes carismáticos o con tintes mesiánicos, como su- cede actualmente con los populistas. No obstante, la devastación apenas ha comenzado.

Las economías del mundo, los gobiernos y los trabajadores están situados en una encrucijada histórica que más valdría entender y afrontar con prontitud. Más allá de la narrativa del progresismo tecnocrático, inevitablemente la última ola de la automatización del trabajo bajo el influjo de la inteligencia artificial y bajo la gestión desbocada de los CEOs y la tecnoburocracia, habrán de profundizar las desigualdades sociales. A no ser que se anticipen y organicen formas de gestión colectiva que establezcan mecanismos de control y dirección del cambio sociotécnico en ciernes, con el diseño consciente y bien documentado de políticas públicas de nuevo tipo, entonces, eventualmente pudiera generarse una gestión consciente del desarrollo de las fuerzas productivas con formas de crecimiento impulsadas por el trabajo potenciado y la redistribución social de los beneficios.

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