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Fidel Castro, el soldado de las ideas


Nacido el 13 de agosto de 1926 en Birán -antigua provincia cubana de Oriente- Fidel Alejandro Castro Ruz impulsó y dirigió la lucha del pueblo cubano por la consolidación del proceso revolucionario, su avance hacia el socialismo, la unidad de las fuerzas revolucionarias y de todo el pueblo, las transformaciones económicas y sociales del país, el desarrollo de la educación, la salud, el deporte, la cultura y la ciencia, la defensa, el enfrentamiento de las agresiones externas, la conducción de una activa política exterior de principios, las acciones de solidaridad con los pueblos que luchan por la independencia y el progreso, y la profundización de la conciencia revolucionaria, internacionalista y comunista del pueblo.

Cuba   ha promovido un proyecto transformador, cuya obra ha reivindicado los derechos de millones de seres humanos y se ha convertido en esperanza para los pueblos del mundo, que sufren la exclusión del sistema capitalista, teniendo como fuente de inspiración la obra de un gigante de la historia de la humanidad, Fidel Castro.

En su libro «La victoria estratégica», nos cuenta Fidel: «No nací político, aunque desde muy niño observé hechos que, grabados en mi mente, me ayudaron a comprender las realidades del mundo».

Toda su vida estuvo signada por esa convicción y sus hechos y batallas estuvieron ligados coherentemente en forma de una unidad indestructible para garantizar el triunfo de las causas en que creía, para construirla en su tiempo inmediato o para soñar el futuro.

Ahora que el mundo está convulso por distintas causas. Hoy, vivimos un tiempo en que la acumulación original es característica esencial del neoliberalismo globalizador con variadas formas de corrupción que son legitimadas por el sistema dominante y sus publicistas. Si “la corrupción”, es denunciada por las fuerzas hegemónicas, lo es como un mal siempre disociado de las políticas del neoliberalismo de paz y de guerra. Los defensores de la “dignidad humana”, de la “prensa libre”, y todo el aparato retórico del imperialismo neoliberal, como el Banco Mundial, el Fondo Monetario Internacional, apoyados por importantes grupos de las “clases políticas”, de las “élites tecnocientíficas” y de los “medios de comunicación”, logran ocultar las dimensiones macrosociales de la corrupción y de la depredación neoliberal, emprendiendo batallas de distracción “contra una corrupción” cuidadosamente acotada como fenómeno delictuoso y criminal, y más bien característica del “sector público” de la economía, de cuyas empresas, riquezas y presupuestos de ingresos y egresos, las megaempresas y el imperialismo se apoderan todo lo que pueden. La acumulación primitiva de nuestros días, como ha señalado David Harvey “tras una lectura cuidadosa de la descripción de Marx”, incluye: “la mercantilización y privatización de la tierra y la expulsión forzada de las poblaciones campesinas; la conversión de varios derechos de propiedad (comunitaria, colectiva, estatal, etc) en propiedad privada con derechos exclusivos; la supresión de los derechos de “la cosa pública”; la mercantilización de la fuerza de trabajo y la supresión de las formas indígenas o alternativas de producción y consumo; la apropiación colonial, neocolonial e imperial de bienes y propiedades, incluyendo recursos naturales; la monetarización del intercambio y de los impuestos; la trata de esclavos; la usura y la deuda nacional así como el dominio de los sistemas de crédito...” En todos estos casos se ha empleado el arma de la corrupción y la represión legitimada, legalizada u ocultada por el Estado.

   ¿Qué conocen las masas de los complejos problemas económicos del mundo de hoy?  ¿Quién les enseñó lo que es el Fondo Monetario Internacional, el Banco Mundial, la OMC, y otras instituciones similares? ¿Quién les explicó las crisis económicas, sus causas y consecuencias? ¿Quién les dijo que ya el capitalismo, la libre empresa y la libre competencia apenas existen, y que 500 grandes empresas transnacionales controlan el 80 por ciento de la producción y el comercio mundiales? ¿Quién les enseñó de bolsa de valores, de especulación creciente con los productos de los cuales dependen los países  del Tercer Mundo y con la compraventa  de monedas que ascienden hoy a millones de millones de dólares cada día? ¿Quién les instruyó de que las monedas del Tercer Mundo son papeles que constantemente se devalúan y sus reservas de dinero real o casi real escapan inexorablemente hacia los países más ricos.

Sería interminable seguir preguntando. Basta una adicional para los que viven de la hipocresía y la mentira acerca de los más sagrados derechos de los seres humanos, de los pueblos y de la propia humanidad en su conjunto: ¿Por qué no se levanta un monumento vivo a la hermosa y profunda verdad contenida en el apotegma martiano: “Ser culto es el único modo de ser libre”

Para lo posteridad quedó registrada la frase conclusiva de su memorable alegato, como expresión de su disposición de resistir los peligros que sobrevendrían en prisión: “…Condenadme, no importa, la historia me absolverá”.

No hay dudas de que Fidel ha sido absuelto por la historia, que sus ideas han triunfado y que es tarea de las nuevas generaciones de revolucionarios consolidar un legado que ha hecho temblar los más oscuros poderes de este mundo.

Con Fidel Cuba volvió a la semilla de su revolución. “Recuperó su originalidad creadora”. En ella, la moral, como instrumento necesario para construir el socialismo, adquirió un papel central y práctico mucho mayor al de los grandes pensadores marxistas que, como Gramsci, habían advertido que “la honestidad es necesaria para alcanzar los objetivos del socialismo.” Más que de objetivos a alcanzar en un proceso histórico, se pensó en “¿Cómo alcanzar los objetivos? en la construcción del proceso histórico Se pensó en las mejores formas de lucha para lograrlos, en las acciones que es necesario practicar para ser consecuente con objetivos por los que se quiere luchar y por los que se dice que se lucha. Se puso especial atención en la manera necesaria para lograrlos. En la condición necesaria destacó la honestidad dentro de la moral, y la moral dentro de la Revolución como parte de la Revolución, para la Revolución. El problema se planteó en amplios horizontes como “la construcción del hombre nuevo”, y también a escalas menores y medianas de la lucha, que se dan en la producción, los servicios y el consumo.

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