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Las mujeres y el sacerdocio

Cuando en la historia surge alguna causa que parece traer salvación, se  apuntan inmediatamente todos los que no quieren servir esa causa sino servirse de ella: inventores fracasados, picapleitos sin éxito etc. El enemigo más grande de las causas más santas son algunos de sus defensores, toda la comunidad cristina tiene derecho a pedir a las mujeres que aspiran al ministerio, que examinen bien si buscan un sacerdocio pretendiendo un servicio a su comunidad o “un salto a la fama”. Servir a Jesús es dejarse elegir para servir, no para hacerse servir.

No se trata pues de que algunas señoras se pongan unas ropas que nunca se han puesto (como aquella que se manifestaba en Roma con alba y estola, dañando la causa que quería defender), sino de que eso tan femenino (y a veces tan duro) que es el cuidado, modele y configure eso de la autoridad que pasa por masculino.

La Iglesia no es una empresa o una ONG, la Iglesia es un misterio, el misterio de la mirada de Jesús a cada uno y que te dice: ¡Ven! ¿Queda claro?: se entra por la puerta, no por la ventana y se sigue el camino de Jesús. Para estas señoras que deseen entrar por la ventana les recuerdo que en en Kenia hay: 513 hospitales y ambulatorios, 21 leproserías, 117 hogares para ancianos, inválidos o discapacitados, 1.173 orfanatos y guarderías, 110 consultorios familiares, 11 centros especiales de educación o reeducación social y 203 instituciones de otro tipo.

No impongas con ligereza las manos a ninguno, ni participes en pecados ajenos. 1 Timoteo 5.22

Este versículo a veces se ha interpretado como una advertencia a no poner las manos sobre un endemoniado si tu vida no es integra delante de Dios, porque los malos espíritus pueden aprovecharse de la situación. En este versículo Pablo está hablando sobre el acto de ordenar a alguien al ministerio a través de la imposición de manos. Hay algo mucho más peligroso  que poner las manos sobre un endemoniado, es: darle autoridad  a alguien que no está calificado  para determinada tarea.

¿Quiénes terminan siendo las columnas de la iglesia?  Personas que no han podido ganar a sus propias parejas, ¿son ellas columnas fuertes para sostener el crecimiento de la iglesia? Seamos sinceros la verdad es que no lo son. Alguien puede decir: pero tienen ganas, o  son los únicos dispuestos a servir, y eso es verdad, no lo he negado en ningún momento. El problema no son ellos el problema es la falta de visión y estrategia para establecer lideres. 

Estos creyentes podrán funcionar como un parche a una llanta pinchada pero no como una refacción, en alguno su utilidad dejará de funcionar. Y lo más difícil para muchos pastores será  como retirarles del cargo que se les dio. Cuando ya han tomado demasiado control de la iglesia, y se pueden volver incluso en amenaza de división.

  Esto también sirve para los varones pero entre los varones no se da hoy este atractivo clásico de lo prohibido que se expresa en aquellas frases ya viejas: el divorcio es una cosa que solo interesa a los casados (Lidia Falcón); el matrimonio es una cosa que solo interesa a los curas (Simone de Beauvoir); y ahora el sacerdocio es una cosa que solo interesa a las mujeres.

Esto quiere decir que el acceso al ministerio no puede ser defendido para resolver ningún problema personal (ni siquiera ese sentimiento de culpabilidad machista que nos puede molestar a muchos varones).

  Si algún día  nuestra iglesia ordena mujeres sacerdotes sospecho, que en los comienzos tendrá que hacerlo con cuentagotas y no como ruptura de presa y esto seguirá suponiendo frustraciones para muchas mujeres  que les costara aceptar que su  propio rechazo se deba a razones personales y  les será más fácil seguir atribuyéndolo a razones sexistas.

Además, Elena de White con gran acierto, afirma que la Iglesia Católica pervirtió ese concepto de la ordenación equipándolo con un poder especial que daba jerarquía al clero por encima de todos los creyentes: “Ulteriormente, el rito de la ordenación por la imposición de las manos fue grandemente profanado; se le atribuía al acto una importancia infundada, como si sobre aquellos que recibían esa ordenación descendiera un poder que los calificaba inmediatamente para todo trabajo ministerial.” (Ibid). Incluyendo, que la teología católica expulso a las mujeres del ministerio, por la influencia pagana de los filósofos griegos que jerarquizaron la sociedad, poniendo a las mujeres en uno de los niveles más bajos (Aristóteles, Politics, 1.5.3-8).

El sacerdocio de Jesús no necesita de templos, ritos y sacrificios , ni de especiales intermediarios entre Dios y los hombres; es distinto y se condensa en el amor que rige y mueve toda su vida, no en otro tipo de sacrificio externo, violento, oficiado por intermediarios sagrados.

Ellos se dedicaron a la enseñanza de los Apóstoles, fieles a la comunión fraternal, a la fracción del pan y a las oraciones. ” (Hechos 2:42)

“Día tras día, un solo corazón, asistieron asiduamente al Templo y partían el pan en sus hogares, tomando los alimentos con alegría y sencillez de corazón.” (Hch 2,46)

“Para vosotros, no os hace falta llamar” maestro “, porque sólo tenéis un maestro y todos vosotros sois hermanos. No llaméis a nadie sobre la tierra ” padre “, ya que solamente tenéis uno , el Padre celestial. No hace falta que llaméis a nadie “doctor”, ya que sólo tienes un médico, Cristo. El mayor entre vosotros será vuestro servidor, quien se exalta a sí mismo será humillado, y quien se humilla será enaltecido. » (Mt 23,8-12).

“Porque donde están dos o tres reunidos en mi nombre, yo estoy en medio de ellos. “(Mateo 18:20) ) Así, pues, el concepto del sacerdocio de todos los creyentes nos recuerda el privilegio de la elección y la santidad, y el llamado correspondiente a vivir en armonía con esa prerrogativa. Los creyentes tienen una relación directa y personal con su Señor y no necesitan ningún mediador aparte de Jesús, su sumo sacerdote, y el Espíritu Santo, su ayudante y defensor. Aquellos que son salvos por gracia a través de la fe, viven una vida santa en servicio a Dios y a la humanidad. Esto también significa que todos sus miembros tienen el mismo estatus y valor ante Dios y dentro de la iglesia.



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