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“Pruébame tu poder o teme el mío”. Así se miden hoy nuestros políticos.

Usualmente el liderazgo político se asocia con la capacidad que tiene una persona de mandar sobre otros y lograr que estos cumplan lo que ese líder pretende; sin embargo, no es un tema de imposiciones entre gobernantes y seguidores, sino la capacidad que tiene un político —con determinadas cualidades— de conducir una entidad política a través de su capacidad de influencia, las propuestas que aporta y las decisiones coherentes que tome.

Según el sociólogo alemán Max Weber, un líder es el responsable de guiar a otras personas por el camino correcto para conseguir objetivos específicos o metas que comparten. Es por esto que el liderazgo es imprescindible en la sociedad, y más aún en tiempos de crisis donde surge la necesidad de un “nuevo liderazgo”, centrado en que el líder actúe como tal y no como un mero gestor. Es necesario que sea capaz de conectar y comunicarse con sus seguidores buscando orientarlos, movilizarlos y hacerles sentir que tienen el poder para conseguir sus metas.

Para ser un buen líder no es necesaria ninguna preparación específica, pero sí hay  cualidades imprescindibles para tener éxito político y ejercerlo con liderazgo, y es que, políticos con cargo públicos o institucionales hay muchos, pero figuras capaces de ejercer un liderazgo político real, pocos.

El líder político debe ser honesto con sus votantes. Al final la ciudadanía valora saber la verdad y que no le escondan cosas que, más tarde o más temprano, acabarán sabiendo.

Un buen político puede contar con excelentes asesores en comunicación que le ayuden a construir sus mensajes, pero un líder debe tener o desarrollar excelentes dotes comunicativas para hacer llegar sus ideas y sus proyectos con su propio estilo. No se trata solo de ofrecer datos e ideas; el político debe ser capaz de conectar con la ciudadanía, siendo transparente, transmitiendo sus emociones y manteniendo una coherencia entre lo que dice y lo que ha hecho (y hará) en su trayectoria política, personal y profesional.

Como ejemplo se pueden destacar en el mundo de la política  a Nelson Mandela o a Abraham Lincoln

Nelson Mandela. Sin lugar a dudas ha sido un excelente ejemplo de líder. Un personaje que siempre defendió sus ideas, a pesar de que fueron las que lo mantuvieron casi 30 años en prisión. Pero fue su pasión, y persistencia a esas mismas ideas, las que lo llevaron a liderar su país

Martin Luther King. Fue otro personaje que luchó  de manera pacifista por los derechos de las poblaciones negras en todo el mundo. En 1963, pronunció su famoso discurso del que salió la frase “I have a dream”; aquel día pedía libertad, paz e igualdad ante la justicia para las personas —fueran negras o blancas— una lucha que aun hoy en día se disputa.

Algunos filósofos de la antigüedad consideraban que los mejores gobernantes son los que conocen más del ámbito de los asuntos públicos, aquellos que comparten el compromiso de la búsqueda de la verdad, la honestidad y la ética o bien común.

La autoridad no es algo que se obtiene con la fuerza, sino que se gana porque las personas ven en la persona a alguien a quien seguir. Para ello, es importante escuchar, atender a las necesidades de las personas y velar por su bienestar con convicción.

Así, pues, un buen líder político es aquel cumple con sus funciones y está al servicio de la población (llega al poder público para servir, no servirse de este). Por lo tanto, un verdadero líder político es aquel que actúa con congruencia, es fiel a una serie de valores y principios que orientan su actuación hacia el bienestar de los ciudadanos y no simplemente al de su interés personal, tiene vocación de servicio, respeta los límites de su función, no trata de sobrepasarlos para acumular poder o dinero y finalmente, es capaz de construir y no destruir.

Ortega y Gasset hablaba del liderazgo como guiar con el ejemplo. Y así, la lista de pensadores políticos es amplia, y tienen diferentes concepciones de qué características hacen a un buen líder. No obstante, en nuestros tiempos, ¿qué esperamos de nuestros líderes? ¿Qué los hace buenos o malos?

Muchos Ferrolanos estamos perplejos de contemplar el tiempo que hemos perdido para ver que, al final, los resultados conseguidos son iguales o muy parecidos. Y todo, porque unos y otros están “traspasados por la ambición del poder”

Escuchando a nuestros líderes “despellejarse” en la  campaña electoral del 28 de mayo, me viene a la memoria lo que refiere Suetonio, en “Vida de los doce Césares”, de Domiciano, el déspota del Palatino, que impuso en Roma un auténtico régimen de terror; cuando quería deshacerse de un enemigo poderoso, le decía: “Pruébame tu poder o teme el mío”. Así se miden hoy nuestros políticos.

La “impaciencia” adolescente de nuestros políticos, la “nerviosa emotividad” con la que transmiten sus escasamente reflexionadas propuestas de solución a nuestros problemas, nos conducen a la incertidumbre electoral…

Si decimos que muchos problemas en nuestra ciudad no se resuelven porque no hay voluntad política, es necesario cambiar a quienes no están trabajando por mejorar la situación de los ferrolanos. Debemos encontrar una forma de generar esa voluntad política. ¡En parte, esa es nuestra tarea ciudadana el próximo 28 de mayo!

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