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Nuestro obispo, Fernando Cadiñanos, nos anima a la búsqueda del bien común

“La carencia de un pacto educativo global es una evidencia del poco compromiso en la búsqueda del bien común de nuestros niños y jóvenes. Lo mismo sucede con otras cuestiones que nos preocupan como sociedad, como son la natalidad, la España vaciada, la sanidad, la vivienda…” afirma el obispo de Mondoñedo Ferrol.

El bien común consiste en la creación de las mejores condiciones sociales posibles en cada momento para que cada persona y todas las personas puedan vivir de acuerdo a su dignidad y realizarse como personas.

Todas las personas tienen derecho a lo necesario para vivir con dignidad y desarrollarse humanamente. Por tanto, los bienes tienen un carácter social que deben llegar a todas las personas del mundo. Frente al egoísmo humano, la tarea de todos, también de los políticos, es hacer posible que los bienes lleguen a todos.

La Biblia nos dice: "En el principio creó Dios los cielos y la tierra... y creó al hombre a imagen y semejanza suya. . . y les bendijo Dios y les dijo: sed fecundos y multiplicaos llenad la tierra y sometedla. Mirad que os he dado toda hierba y semilla que existe sobre la tierra y todo árbol lleva semilla: eso os servirá de alimento" (Gn. 1 ).Con claridad señala que los bienes creados por Dios tienen un destino común: ser alimento del ser humano. Esto es lo justo. Por eso en el pueblo de Israel se estableció la ley del Jubileo, mediante la cual, todos los ciudadanos recobrarían la propiedad de la tierra que se hubiera perdido y volvería a su familia, para que cada familia pudiera vivir. La tierra dará su fruto y nadie de vosotros dañe a su prójimo. (Lv.25 ss)

El bien común está siempre orientado hacia el progreso de las personas, al que debe subordinarse el progreso social. Catecismo de la Iglesia Católica, 1906, 1910-1912, 1922 Compendio de la Doctrina Social de la Iglesia, 164

La solidaridad, es la mejor expresión de la igualdad de todos los seres humanos y del destino común al que estamos llamados, de tal manera que nos convierte en responsables los unos de los otros, especialmente de aquellos que más carecen de estos bienes.

El Evangelio nos dice que Dios nos juzgará al final por los comportamientos que hemos tenido con las personas necesitadas: "... porque cuando tuve hambre, sed, estuve desnudo etc.. .y lo hiciste con uno de estos necesitados". (Mt. 25, 31 ss)

Tiene razón Fernando Cadiñanos al afirmar: “cuando la democracia se asienta en la aceptación del relativismo, la sola gestión de intereses y la permanente referencia a la ideología de los derechos individuales por haber perdido la referencia al bien común, la democracia misma abona su propia crisis” ” detrás de muchas leyes, hay una renuncia a la búsqueda del bien común para satisfacer intereses generales o ideológicos que no siempre coinciden con lo bueno para todos y cada uno” añade

El bien común se puede considerar como la dimensión social y comunitaria del bien moral.

Nuestros sistemas democráticos están en crisis porque han perdido la capacidad de decidir según el bien común. Un hombre o una sociedad que no reaccione ante las tribulaciones o las injusticias, y que no se esfuerce por aliviarlas, no están a la medida del amor del Corazón de Cristo.

La falta de valores en los jóvenes de la sociedad actual ha traído como consecuencia acciones y comportamientos que han venido erosionando la unidad de la sociedad creando una crisis a nivel mundial que se traduce en una inestabilidad y carencia de amor y respeto por el otro. Entre las consecuencias más graves se tienen: Vandalismo, Homicidios, Drogadicción, prostitución, suicidios, embarazos precoces y no deseados…

Lo que nos falta es el nivel de educación y transformación espiritual en cada individuo. El potencial humano llega a buen término cuando es cultivado en un espíritu de servicio desinteresado, sin orgullo, sin deseo de ser superior a nadie, dispuesto a acompañar a otros en sus propios actos de servicio y así convertirse en parte de una comunidad de aprendizaje que evoluciona orgánicamente. Es esta dimensión de la educación que está ausente hoy en gran parte de las sociedades alrededor del mundo.

Existen ya dos milenios en los que la humanidad ha ido recibiendo con desigual intensidad el cristianismo, que ha afectado a los que de verdad sienten ser cristianos. Me parece absolutamente imprescindible extender en este momento a la sociedad actual una perspectiva cristiana, analizarla, descubrir sus ingredientes principales y sus conexiones.

Esa hostilidad al cristianismo en la que estamos está destruyendo parte de la convivencia. Es conveniente averiguar, si es posible, las causas a esa hostilidad al cristianismo dentro del mundo cristiano. La metamorfosis de la familia transforma la política y la sociedad, y por eso mismo disminuye la práctica del cristianismo, dificultando la respuesta que la religión cristiana ofrece al hombre de convertirse en un hijo de Dios.

Las mismas políticas que socavan a la familia con legislaciones perversas agitadas por catervas de nuevos Herodes que destruyen la vida constituyen el mayor impulso de descristianización en Europa.

Nietzsche dijo que, aunque la «noticia» tardaría en producirse cientos de años, el cristianismo que ha dominado Europa se extinguirá.

España está amenazada por una irrefrenable erupción de políticas de acoso y derribo, manifiestan la vinculación absoluta en Europa entre el declive religioso y el declive de la familia, el factor de la familia como la causa del declive de la religiosidad.

El drama sigue vigente más de dos mil años después: «vino a los suyos, y los suyos no le recibieron». Pero la esperanza crea una fuerza y una misión mayor: «a quienes lo recibieron les da el poder de ser hijos de Dios».

 Manuel Sánchez Monge, ha denunciado que actualmente existe una corriente de laicismo que pretende «erradicar» de la vida pública a la Iglesia y al Cristianismo. Una Iglesia que «está siendo perseguida ahora mismo en el mundo», ha enfatizado.

«Tenemos que acostumbrarnos a vivir nuestra fe en un ambiente como éste», ha asegurado, si bien ha señalado que «la sangre no ha llegado al río» en comparación con otros países. Preguntado si hay mártires cristianos en la actualidad, el obispo ha asegurado que sí, que «no son reliquias del pasado» ni «piezas de museo» porque la Iglesia está «siendo perseguida» actualmente.

Cuando Dios habla de separarnos del mundo, no se refiere a desaparecer del mundo. La separación que Él desea toma lugar en el corazón y se refleja en nuestros deseos, en lo que escogemos, en nuestro estilo de vida.

Él está preguntándonos: “¿Está tu corazón aún ligado al mundo de tal forma que me haces a un lado? ¿Qué te trae paz y autoestima: lo que el mundo dice de ti o lo que Yo veo en ti?”

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