El papa Francisco dijo que la propiedad privada es un “derecho secundario”
Los discípulos lo
tenían todo en común, lo repartían y lo comían. Pero eso puede durar un
año, dos o tres a lo más. Al cabo de tres años consumes y no llega el fin.
Entonces, ¿qué tienes que empezar a hacer? Producir y compartir. Tenemos,
por tanto, el ideal del evangelio de Marcos que es el de poner bienes en común para compartir y tener una familia
universal.
También se les podría
llamar comunistas como llaman algunos al papa Francisco. Pero eso no se
organiza en forma de Estado. Porque a Jesús, dos o tres veces, y estos son los
textos clave, se le ofrece la tentativa de organizar esto con toma de poder. Tanto
en la tentación de Mateo 4 y Lucas 4 donde el diablo, que es símbolo de la
tentación, dice: “Todos estos bienes te los doy. Y con esos bienes organiza el
mundo en forma de poder”.
De alguna manera el libro del Apocalipsis, que es el que
retorna con más fuerza a los motivos de Jesús, se centra en aquello que pone a la
entrada de Roma en un gran letrero:
“Aquí se compra y se vende todo”. Se empieza comprando y vendiendo oro,
piedras preciosas, metales preciosos, objetos de consumo caros. Y, termina la
lista grande del mercado, “aquí se compran y se venden cuerpos y almas de
hombres”.
Ese mercado pone al hombre al servicio de quien da el
dinero. Y en ese sentido, uno de los que mejor ha captado el mensaje de Jesús
sería el Apocalipsis que dice cosas que Jesús no dijo así pero que están en el
fondo así.
Jesús, al llegar a aquel sitio, levantó los ojos y dijo:
Zaqueo, baja en seguida, porque hoy tengo que alojarme en tu casa. Él bajo en
seguida y lo recibió muy contento.Al ver esto, todos murmuraban, diciendo:
"Ha entrado a hospedarse en casa de un pecador.
Pero Zaqueo se puso en pie y dijo al Señor: Mira, la mitad
de mis bienes, Señor, se la doy a los pobres; y si de alguno me he aprovechado,
le restituyo cuatro veces más. Jesús le contestó: "Hoy ha sido la
salvación de esta casa; también este es hijo de Abrahán. Porque el Hijo del
hombre ha venido a buscar y a salvar lo que estaba perdido."
El encuentro con Jesús ha hecho cambiar al publicano. Jesús
entra en la casa de ese hombre que “estaba perdido”, aunque era hijo de Abrahán
(israelita). Con Jesús entra la salvación, que se expresa en el cambio
económico. Éste es un publicano que pone su casa (su administración del dinero)
en la línea del mensaje de Jesús.
El Papa ha defendido que, según la doctrina
social de la Iglesia, el derecho a la propiedad privada no es «absoluto» ni
tampoco «intocable», sino que tiene una función social, del mismo modo que ha
dejado claro que la justicia nunca podrá «cimentarse en la inequidad, que
supone la concentración de la riqueza».
Asimismo, el pontífice recordó a los empresarios que
“su verdadera vocación” es “producir riqueza al servicio de todos”. De
este modo, denunció una “dinámica elitista, de constitución de nuevas élites a
costa del descarte de mucha gente y de muchos pueblos”. Por ello, alertó
frente al peligro real de “olvidar a los que han quedado atrás”. “Corren el
riesgo de ser atacados por un virus peor aún del COVID-19: el de la
indiferencia egoísta”, indicó. Para Francisco, “una sociedad no puede
progresar descartando, no puede progresar”.
“Este virus se propaga al pensar que la vida es mejor si es
mejor para mí, y que todo estará bien si está bien para mí, y así se comienza y
se termina seleccionando a una persona en lugar de otra, descartando a
los pobres, sacrificando a los dejados atrás en el llamado ‘altar del
progreso’”, dijo Francisco.
Como ya hiciera en su última encíclica “Fratelli Tutti”
sobre la fraternidad humana y la amistad social, el Papa ha reflexionado sobre
las cinco bases sobre las que a su juicio debería construirse la justicia
social.
Para el Papa, la primera de ellas se relaciona directamente
con la realidad: «Las ideas sobre las
que seguramente ustedes trabajarán, no debieran perder de vista el angustiante
cuadro en el que una pequeña parte de la humanidad vive en la opulencia,
mientras que a una cantidad cada vez más numerosa le es desconocida dignidad y
son ignorados o violados sus derechos más elementales».
La segunda se refiere a las formas en que se gesta la
justicia: «Pienso en una obra colectiva,
en una obra de conjunto, en donde todos y todas las personas bienintencionadas
desafían la utopía y asumen que, así como el bien y el amor, lo justo es una
tarea que ha de conquistarse todos los días, porque el desbalance es una
tentación de cada minuto. Por eso cada día es una conquista».
El Papa desarrolló la tercera a partir de la actitud de
compromiso, siguiendo la senda del Buen
Samaritano. Así insistió en dejar de lado la indiferencia para hacerse «cargo
del dolor del otro». Además vinculó la cuarta a la idea de «la historia como
eje conductor».
Y la quinta, al pueblo: «Es muy difícil poder construir la justicia social sin basarnos en el
pueblo. O sea, la historia nos lleva al pueblo, los pueblos. Será una tarea
mucho más fácil si incorporamos el deseo gratuito, puro y simple de querer ser
pueblo, sin pretender ser elite ilustrada, sino pueblo, siendo constantes e
incansables en la labor de incluir, integrar y levantar al caído. El pueblo es la quinta base para construir la
justicia social. Y, desde el Evangelio, lo que a nosotros creyentes Dios nos
pide es ser pueblo de Dios, no elite de Dios. Porque los que van por el camino
de la ‘elite de Dios’, terminan en los tan consabidos clericalismos elitistas
que, por ahí, trabajan para el pueblo, pero nada con el pueblo, sin sentirse
pueblo».
Francisco pidió atención, sobre todo, “hacia los
trabajadores que se encuentran en los márgenes” laborales y que “realizan
lo que se suele denominar el trabajo de las tres dimensiones: peligroso, sucio
y degradante”, como “los jornaleros, los del sector informal, los
trabajadores migrantes y refugiados”.
Cuando siegues la
mies de tu campo… no recojas la gavilla olvidada; déjasela al forastero, al huérfano y
la viuda… Cuando varees tu olivar, no repases sus ramas; déjaselas
al forastero, al huérfano y la viuda. Cuando
vendimies tu viña… (Dt 24, 19-22; Cf. Ex 20, 22-23; Dt 10,12-18)).
Esta proto-ley de los alimentos “sobrantes” reaparece en
otros lugares del Pentateuco y de la tradición profética para garantizar la comida de los no propietarios de tierra, siempre
amenazados de hambre. Por encima de la propiedad privada existía en Israel una
ley fundante de solidaridad con los hambrientos.
La Biblia no sigue contando una historia idílica de buenos
pastores y labriegos, que comparten sus bienes, sino que en el mismo comienzo
de Israel sitúa un conflicto de explotación y dinero… Por dinero venden los
hijos de Jacob a su hermano José; con dinero bajan esos mismos hermanos a
comprar pan de Egipto, en tiempo de hambruna, y por pan quedan allí
esclavizados, hasta que salen de Egipto (economía que somete a pobres y
extranjeros), buscando libertad (con riesgo de hambre) en el desierto, pues no
sólo de pan vive el hombre, como dirá más tarde Jesús (Mt 4, 4).
El hambre importa más que toda ley y religión. Éste
es el argumento de Mc 2, 23-28 par.
Unos discípulos caminan un día de sábado y, como tienen hambre, recogen y
desgranan espigas, para así comerlas, cometiendo dos “pecados”: Roban espigas
de un campo que no es suyo y además lo hacen (trabajan) en sábado. Los fariseos que lo ven les critican, sobre
todo porque “trabajan” para saciar el hambre en sábado.
La persona “buena” se realiza en los que se dejan llevar del
Espíritu de Dios: “cuantos se dejan llevar por el Espíritu de Dios, esos son
hijos de Dios” (Rm 8,14). “El
deseo del Espíritu es vida y paz” (Rm 8,6b). En Cristo lo que vale “es la fe que actúa por amor” (Gál
5,6b). No los ritos y normas de la ley, sino la fe en el amor del Padre nos
trae el Espíritu de Jesús: “el que os concede el Espíritu y obra prodigios
entre vosotros, ¿lo hace por las obras
de la ley o por haber escuchado con fe? (Gál 3,5). El criterio
de nuestra bondad es la libre conducta que produce frutos de vida: “amor, alegría, paz,
paciencia, bondad, lealtad, modestia, dominio de sí”... (Gál 5,22s). Libre
conducta motivada por la fe en el Amor.



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