Los fariseos de hoy…
Pero debes saber esto: que en los últimos días
vendrán tiempos difíciles Porque los hombres serán… calumniadores… (2 Timoteo 3:1,3).
Si la blasfemia
se dirige hacia Dios, la calumnia tiene al hombre como destinatario.
Es la
consecuencia de la falta de amor verdadero por la verdad y la justicia.
Es el lenguaje
común de la serpiente antigua, del padre de la mentira, el acusador de los
hermanos.
El hombre calumniador es la boca de Satanás para
dar expresión al veneno mortífero que lleva como naturaleza de serpiente.
La religiosidad
se puede vivir de dos maneras o según dos modelos: el modelo “profético” y el modelo “farisáico”. Los profetas se fijan más
en el comportamiento ético y al cambio social, mientras que los fariseos dan
más importancia a la observancia de la ley y el cumplimiento de los ritos y
ceremonias religiosas.
Afirma Múgica: “Sin justicia no hay Eucaristía”.
Expresa que si no hay un compromiso concreto de lucha por la liberación de los
pueblos, las misas, las celebraciones no tienen valor ninguno, son vacías y
funcionales a los poderosos de cada tiempo. Mugica tenía muy claro esto. Por eso este texto, profundamente actual,
expresa claramente el proyecto revolucionario de Jesús de Nazaret.
En cada
generación existe un remanente que corre hacia Jesús con pasión y gratitud. Yo
creo que el leproso samaritano corrió de regreso a Jesús porque no estaba atado
a formas o ritos (Lucas 17:11-19).
Él no tenía que “desaprender” nada. Como vemos, los otros nueve habían sido
criados de manera ortodoxa, sus mentes
habían sido enseñadas desde su niñez en los rituales y las ceremonias, y
seguían aun atados por su tradición. Pero cuando el samaritano vio todo el
sistema religioso, exclamó: “¡De ninguna manera!”. Él fue testigo de la
falsedad de los líderes religiosos y de los domingueros.
Jesús vio a los fariseos robando a las viudas y
llevándose sus casas. Vio sacerdotes sobornando y siendo sobornados. Él vio los templos llenos de cambistas,
que cambiaban la casa de Dios en una cueva de ladrones. Vio escribas dando
leyes para otros, que ellos mismos ni intentaban cumplir.
Los fariseos
modernos hacen uso de diversas argucias y razonamientos vanos, para que el
pueblo de Dios guarde sus reglas humanas y así abandone los mandamientos de
Dios. Y ay de aquellos creyentes que les
contradicen, les ponen en contra toda la hermandad, les llaman herejes, les
eliminan incluso el saludo y a veces hacen el vacío alrededor de ellos.
Para determinar
la definición de «fariseo» es
necesario examinar la acusación lanzada por la persona que tenemos que examinar
y compararla con la Palabra de Dios,
tenemos que identificar cuál es el mandamiento de las Sagradas Escrituras que
se debe observar de acuerdo a la voluntad de Dios, y los que se oponen a este
mandamiento con varios sofismas y razonamientos, tratando de cancelarlo, es un
fariseo.
Otra de las características de los fariseos de hoy
es que creen tener la verdad de todo. Solo ellos tienen la verdad y solo ellos son capaz de ver “más allá”. La
mayoría de las veces nadan solos en contra de la corriente porque creen haber
sido llamados para eso, pero sus frutos
hablan de otra cosa contraria a lo que Jesús estableció.
Los fariseos de hoy no están a gusto con los
nombramientos de obispos sencillos y cercanos, y en lugar de promover la
comunión entre los hermanos la dinamitan. Al parecer les seducen los ambientes palaciegos y
los riquísimos perfumes, porque no disimulan su disgusto con los obispos que
“huelen a oveja” También les molesta que los obispos sean hombres
cercanos y accesibles que además visten con sencillez, capaces de pasar por sus
diócesis haciendo el bien, y acercándose a los que sufren, a los pobres, a los
que buscan y a los limpios de corazón que quieren seguir el mensaje de Jesús
desde la comunión. Hoy, a éstos fariseos, Jesús también les llamaría “raza de
víboras y sepulcros blanqueados”, porque imponen cargas pesadas que ellos son
incapaces de mover.
Los fariseos de
hoy también les incomoda compartir la
mesa con aquellos a los que estos obispos cercanos se acercan –como lo hacía Jesús- y que son
aquellos a los que se acercaba Jesús: los pobres, los pecadores, las
prostitutas, los marginados, los enfermos, los que no cuentan.
Algunos de esos
“doctores de la ley” se burlan de la vida religiosa, fundamentalmente femenina,
no aceptan el sacerdocio de la mujer ni el celibato opcional. Deberían saber que no se puede afirmar que por el hecho de ser
célibe se es más libre para servir y entregarse a los demás que siendo casado.
El espíritu de servicio y la entrega al pueblo considero que no dependen tanto
del estado de vida cuanto de la generosidad y disponibilidad personal.
El amor humano no
resta en nada al amor, servicio y consagración a Dios. La auténtica
consagración nos viene dada por el bautismo. Todos los cristianos somos hombres
y mujeres consagrados a Dios mediante la muerte y resurrección de Jesucristo (Ef 1,4-5). No hay consagración mayor
que ésta.
A estos fariseos no hay que hacerles caso. Creo
que están enfermos de “ortodoxia hipócrita”; que están enfermos y casi muertos, ahogan el Espíritu que todo lo hace nuevo y que sigue animando a la comunidad de los
amigos y seguidores de Jesús.
“¡Jerusalén,
Jerusalén, que matas a los profetas y apedreas a los mensajeros que Dios te
envía! ¡Cuántas veces quise reunir a tus hijos como la gallina reúne a sus
pollitos bajo las alas, pero no quisisteis! Pues mirad, vuestro hogar va a
quedar desierto. Y os digo que ya no volveréis a verme hasta que digáis:
'¡Bendito el que viene en el nombre del Señor!'” Mt 23
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