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Irene Montero y el ataque contemporáneo a la familia

Irene Montero ya está cocinado una nueva ley: la Ley de Derechos Sexuales y Reproductivos y de Interrupción Voluntaria del Embarazo.  En el punto de mira, la reforma de la normativa sobre el aborto, para blindarlo, poniendo "en el centro el derecho al aborto efectivo en la pública".

De nuevo, el Ejecutivo se arroga para sí el derecho a decidir sobre la educación de los más pequeños en un asunto tan íntimo como el de su educación sexual y lo hace además, señalando como incorrecta cualquier otra forma de educar.

"Todos los niños y niñas de este país, independientemente de quién sean su padres o del colegio al que vayan, tienen que poder recibir una educación sexual integral que les asegure que pueden ser quienes quieren ser sin miedo, sin culpa y sin ningún tipo de discriminación", ha explicado Montero.

La lucha de clases propia del marxismo pasa a ser ahora lucha de sexos, siendo el varón el opresor y la mujer la oprimida. Marx decía este disparate: “Sólo la burguesía tiene una familia, en el pleno sentido de la palabra”. Marx introduce la dialéctica de odio de la lucha de clases en el seno de la familia para enfrentar a los hijos contra los padres, al presentar a éstos como unos explotadores.

Su amigo Friedrich Engels escribió “El origen de la familia, la propiedad privada y el Estado” (1884), en el que se explicaba una de las consecuencias de esa abolición de la familia: “La economía doméstica se convertirá en un asunto social; el cuidado y la educación de los hijos, también”. George Orwell basó buena parte de la historia en su crítica hacia los regímenes totalitarios que ejercían el control total hacia los ciudadanos. Uno de esos personajes claves en la historia de la propaganda política en la Unión Soviética, y que llegó a convertirse en todo un símbolo nacional, fue Pável Morozov, un niño que pasó a la gloria bolchevique por el hecho de haber delatado a su propio padre.

 La feminista española Celia Amorós, que no es representante de todo el pensamiento feminista dijo en su momento: “la supresión de la familia es el objetivo fundamental a conseguir. Con el fin de la familia y del tabú del incesto la sexualidad se vería liberada, erotizando toda la cultura”.

El vocablo humano, generación y gestación, se va suplantando por la palabra reproducción, término común en los manuales de zoología. Suprimamos por su matiz peyorativo el sustantivo aborto y digamos simplemente interrupción voluntaria del embarazo para centrar la atención en un pretendido derecho de la mujer y apartar la mirada del ser indefenso asesinado en el seno materno.

Continúan los voceros de la antifamilia con su letanía de despropósitos. Para ellos, la familia no es un bien, sino un mal, porque coarta la omnímoda libertad del hombre y somete a éste a obligaciones perpetuas. Y las feministas más radicales no vacilan en concluir que el matrimonio y la familia, tal como los entendió y vivió siempre la humanidad son inventos culturales, sin base natural, montados para imponer los dominios del varón sobre la mujer.

La familia y el matrimonio -añaden- y la nueva morfología familiar son meros asuntos privados, sin trascendencia social ni pública. No le interesan a la sociedad, y el matrimonio es una simple agrupación bipersonal, igual que cualquier contrato bilateral sometido por entero a la voluntad de las partes y por eso resoluble en cualquier momento.

Desde esta perspectiva, llegamos a una encrucijada en relación con el concepto de familia y no podemos y no debemos echar en olvido que desde esta encrucijada de concepciones tan dispares nos jugamos muchas veces la vida personal y social, anudándonos a sendas que, como el aborto o la eutanasia y en ocasiones el divorcio, terminan llevándonos a una ruptura del amor y con el amor.

Pues bien, aquella peligrosa doctrina sexual y familiar de los textos clásicos del marxismo, ha regresado hoy. Las ideas dominantes no son forzosamente las ideas justas. Muchas veces la repetición acaba por hacer admitir el error como verdad. Las técnicas de manipulación amenazan cada vez más con convertirse en el secreto del arte de gobernar. Este fenómeno se desarrolla sobre todo al amparo de la ignorancia. La familia no es una simple entidad intermedia, ni creación de la autoridad, sino una realidad social antecedente y condicionadora de la autoridad pública.

Josef Pieper en su libro "las virtudes fundamentales" de la editorial Rialp dice que “lo destructivo del pecado contra la castidad viene de que hace al hombre parcial, y lo insensibiliza para percibir la totalidad de lo que realmente es”. Además, la castidad es muy superior a la mera continencia, porque la castidad regula el instinto sexual, significa control de sí mismo y libertad interior. Frente a las presiones externas, la castidad permite al ser humano decidir libremente, y por tanto, aumenta el placer. Por el contrario, “la lujuria destruye el verdadero goce sensible de lo que es sensiblemente bello”, pues hace al hombre incapaz de reconocer la belleza. Vuelvo a citar a Pieper para aclarar un poco más esta idea: “El que busca el goce sensible de manera desordenada tiende siempre a reducir la totalidad del mundo sensitivo, sobre todo lo que en él hay de bello, al deleite sexual. Sólo una sensibilidad que es casta capacita, por ejemplo, para percibir la belleza de un cuerpo humano como pura belleza y para gozarla en sí misma, “propter convenientiam sensibilium”, sin dejarse extraviar ni nublar por una voluntad desaforada de placer”.

El amor es donación y no privación, ofrecimiento y no renuncia; es vida y no muerte, es diálogo y no rechazo preconcebido.



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