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El monstruo de Cleveland y mi “amigo” el cura.

Hace pocos días tuve una conversación con un cura que casa, descasa y perjuraÉste sacerdote "amigo mío" desde hace muchos años, me hizo recordar  “El monstruo de Cleveland” y el sótano de los horrores, pues como el monstruo, llegó a culparme de muchos males pasados por haber invitado a comer a un “amigo excura” a mi casa.  El monstruo de Cleveland fue acusado de tener un total de 977 cargos: secuestros, violaciones y torturas, dos delitos por homicidio imprudente, y por haber provocado dos abortos a una de sus víctimas tras patearle el abdomen.  Pero el Monstruo de Cleveland también se defendía con argumentos similares a los de mi “amigo”: “Ellas estuvieron encerradas  en contra de su voluntad porque cometieron el error de subirse al coche de un desconocido”.

No sé si este “amigo sacerdote” se habrá  dado cuenta de que sus argumentos, en cierto sentido, son idénticos a los argumentos machistas que vinculan la violencia contra las mujeres con el uso de ropa «provocativa».  Decía Bilardo en una entrevista para el canal América 24 tras asegurar que había luchado durante «mucho tiempo» contra «la vestimenta de la mujer»: «Estoy contra la violación, pero hay mujeres que visten bien y hay mujeres que son provocativas» Esto también me hace recordar las preguntas de un fiscal de Las Palmas de Gran Canarias a una mujer denunciante de una violación que crearon gran indignación por apuntar directamente a la vestimenta de la víctima. "¿El pantalón era corto, ceñido o ajustado?

Quienes entienden que dominan la verdad de modo exclusivo, quienes se alteran ante aquellos que le llevan la contraria, quienes no saben manejar la frustración y defienden sus criterios y buscan siempre que su punto de vista subyugue el de los demás se definen en una palabra: prepotentes.

La prepotencia es una cualidad muy ligada al poder y al clericalismo. No en vano el Diccionario de la Real Academia de la Lengua Española define esta palabra como “más poderoso que otros, o muy poderoso” en una primera acepción, y como el “que abusa de su poder o hace alarde de él” en una segunda. Desde siempre las personas en posiciones de poder se han valido de éste para menospreciar la opinión de los demás.

El poder hace que a veces, en la personalidad de alguien, se desarrolle la prepotencia.

La psicóloga Olga María Renville explica que para tratar a estas personas “se apela a la terapia cognoscitiva, donde el individuo debe empezar a buscar dentro de sí y a evaluar en sí mismo una respuesta a esa problemática”.

Se evalúa como la persona comenzó a recibir información y programación emocional para ser prepotente, en qué etapa de la vida ocurrió esto o qué evento lo desencadenó.

Así pues, me parece acertada la propuesta que, ya en 1778, hizo G. Lessing: “El verdadero valor de un ser humano no viene determinado por su grado de posesión, supuesto o real, de la verdad, sino más bien por la honestidad de su esfuerzo en pos de alcanzarla. No es la posesión de la verdad, sino más bien la búsqueda de la misma, lo que ensancha su capacidad y donde puede hallarse su siempre creciente perfectibilidad. La posesión nos convierte en sujetos pasivos, indolentes y orgullosos. Si Dios ocultara toda la verdad en su mano derecha y en su izquierda no escondiera más que el firme y diligente impulso para perseguirla, y se me brindara la oportunidad de escoger únicamente entre una de las dos, tomaría con toda humildad su mano izquierda, aún con la condición de errar siempre y eternamente en el proceso”.

 Además de todo esto es lamentable  que algunos sacerdotes usen muchas veces la Santa Misa con fines terrenales, políticos, lingüísticos, de protesta, etc. Todo  esto es la consecuencia directa de un clero apaisanado, del desprecio de los medios de la gracia, de la falta de consideración del Sacramento de la Penitencia, del olvido de Cristo, que es a quien maltratan especialmente los sacerdotes cuando no tienen fe. El arrepentimiento incluye una tristeza piadosa por el pecado. El lamento de la persona verdaderamente arrepentida envuelve una profunda tristeza de corazón, no por temor a ser castigada sino por el mal que le ha hecho a un Dios Santo, lleno de amor y de gracia. San Pablo se refiere a esta clase de tristeza al escribir a los creyentes corintios: “"En efecto, la tristeza según Dios produce firme arrepentimiento para la salvación; más la tristeza del mundo produce la muerte." ( 2 Corintios 7:10).

Una vocación auténtica supone siempre una motivación religiosa, de carácter sobrenatural, como sería la extensión del Reino de Dios, la liberación integral de los hombres (que incluye la liberación del pecado y la eterna salvación), el amor y seguimiento de Jesucristo, la salvación y santificación propia o ajena...

La experiencia nos enseña que  los radicalismos de tipo socio-político y las desviaciones ideológicas en el campo teológico son muy peligrosos. ¿No habrá a veces mucho altruismo mal entendido y poca caridad cristiana. ¿No habrá confusión de identidad en el "rol" y funciones.

 Primero fueron las ideas obsesivas de las misas en gallego,  después, fue el volcarse en  hacer actividades sociales, disfrazando su intención política con actividades de tipo pastoral. Posteriormente comenzaron a casarse o a convivir con alguna señora, eso sí ejerciendo de sacerdotes… ¿Si no fuese así de que iban a vivir? Si seguimos por estas vías lo más normal es que terminemos todos en un psiquiátrico, eso sí, después de haber matado la fe de miles de personas… de haber tergiversado valores que hacen difícil llegar a creer en alguien, porque jóvenes y adultos buscan una iglesia que no sea el brazo de ningún grupo político o de alguna ideología.

La Iglesia somos todos y necesitamos de una espiritualidad auténtica y con empuje.

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