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Golpe de mano contra la minería contaminante en Galicia

El organismo provincial aprueba una contundente moción de Marea Atlántica apostando por la regeneración de los terrenos contaminados por la explotación y niega su apoyo al proyecto de Cobre San Rafael defendido por Atalaya Mining y Explotaciones Gallegas.

A excepción del Partido Popular, que se evitó un compromiso explícito y se abstuvo, todos los grupos provinciales votaron el 1 de octubre a favor de la propuesta de restaurar ambientalmente una zona afectada por la megaminería del cobre desde hace más de 30 años que defendió el representante de la formación Alberto Lema.

Lema visitó la zona el pasado 16 de septiembre acompañado por el portavoz nacional de Anova Antón Sánchez y pudo comprobar sobre el terreno el desastre ambiental causado por la explotación minera, operativa desde 1970 a 1988. Una problemática que actualmente afecta al curso medio del río Ulla y en último término a la ría de Arousa, que como sistema biológico altamente productivo sostiene miles de empleos en los ámbitos del marisqueo, la pesca y el turismo.

"Estamos ante un claro ejemplo de malas prácticas y explotación descontrolada de los recursos naturales, con una huella que permanece después de tres décadas ante la dejadez de la Xunta de Galicia" -denunció Lema-, recordando que la instalación de una planta de tratamiento de lodos de depuradora una vez finalizada la operación minera contribuyó a aumentar el problema.

Este hecho, además, ya fue advertido en los informes de la Sociedade Galega de Historia Natural (SGHN), entidad que trabaja con criterios científicos y como entidad consultiva de la Administración en múltiples proyectos aporta una visión especializada de los impactos ambientales de los mismos.

Para la SGHN, de hecho, la reapertura de la mina de Touro en las actuales circunstancias conllevaría, textualmente «un gran impacto en los cursos de agua y manantiales» y que, en el proceso de recuperación del cobre se emplearían diversos compuestos químicos «con distinto grado de peligrosidad para las personas y el medio ambiente» que «quedarían indefinidamente almacenados en los depósitos de estériles».

Entre otros puntos, la SGHN  alerta que la minera usó para uno de sus estudios ambientales un micororganismo marino, cuando la mina está 50 kilómetros mar adentro.

La SGHN acusa a Atalaya de aportar datos atípicos, extremos y descontestualizados procedentes del entorno de la mina de Belmonte en Asturias. En su opinión, basada en varias tablas del INE, esa mina no sirvió para parar la sangría demográfica.

La Asociación Aldea Viva, una de las opuestas a la mina de Touro, argumenta que analizó la documentación oficial del proyecto depositada en la Xunta con varios científicos gallegos y que la conclusión es que la "Declaración de Impacto Ambiental (DIA) da mina de Touro debe ser negativa".

Como ejemplos del "poco rigor científico" de los promotores, los ambientalistas señalan a la supuesta falta de analisis de la contaminación del agua  producida al margen de la planta de tratamiento. También se acusa a la minera de escoger la legislación aplicable a la carta, por ejemplo en análisis de la contaminación por cadmio.

Por otro lado, la moción insta a la propietaria de la concesión, la mercantil Explotaciones Gallegas, a presentar un plan de restauración actualizado, a proceder a su ejecución y a poner fin a más de tres décadas de irregularidades ambientales en el entorno de la mina de Touro.

Consecuencias ambientales de la minería a cielo abierto

El método de minería a cielo abierto genera enormes impactos ambientales en el territorio sobre el cual se desarrolla, algunos de estos son:

Daños a la superficie de la tierra, destruye y cambia la forma de la corteza terrestre, formando grandes cantidades de material de desecho, alterando la morfología local.

Contamina el aire, durante esta actividad se generan grandes cantidades de materia fina “polvillo” tóxico, constituidos por químicos pesados que son absorbidos por animales y seres humanos.

Contaminación de las aguas superficiales, si los residuos químicos no son debidamente tratados y almacenados pueden filtrarse hasta los caudales de agua fresca, contaminándolos y disminuyendo la vida presente en los mismos.

Daños a acuíferos subterráneos, los desechos contaminados suelen ser lavados por el agua de lluvia, la cual se filtra hacia el subsuelo, ocasionando la contaminación de los yacimientos de agua subterráneos.

Impactos sobre la flora y fauna, el proceso de excavación elimina todo tipo de flora existente en la corteza terrestre, además los animales se ahuyentan por el ruido, cambios en su hábitat y contaminación de fuentes de agua.

Conflictos entre comunidades y empresas de minería, las comunidades aledañas se ven afectadas y pueden generarse disputas por el uso indebido de las tierras, además de la posible sobrepoblación debido a la nueva fuente de trabajo.

Cambios visuales, luego de terminada la explotación quedan inmensos cráteres en el área, disminuyendo el atractivo de la zona, afectando negativamente el turismo.

El suelo es un gran motivo de preocupación con el paso del tiempo y su explotación. Pierde casi en su totalidad la materia orgánica, se vuelve inestable, cambia sus propiedades físico-químicas, pierde su productividad e indirectamente contamina el aire y las fuentes de agua circundantes por la acumulación de materiales tóxicos en su substrato y por el proceso de erosión y desertificación que le sigue.

En Colombia, varias regiones están en proceso de desertificación debido a la disminución de la precipitación por el fenómeno del cambio climático que vemos en la actualidad, entre ellas las más afectadas serán la Andina y el litoral Caribe, zonas con la mayor demanda de suelos por la alta densidad poblacional. Por lo tanto, preocupa que se desarrollen proyectos mineros en estas regiones teniendo en cuenta lo anterior y considerando el impacto en el recurso hídrico yaque, aparte de la contaminación descrita, se utilizan grandes cantidades de este líquido en el proceso de obtención del material y para mitigar la emisión del material particulado durante la extracción.

El modelo de desarrollo actual global impone una serie de patrones que ponen en riesgo la supervivencia misma de la especie humana. La destrucción de incontables regiones del planeta a manos de los procesos de producción intensivos va en conjunto con la emergencia de serios conflictos socio ambientales que ponen en evidencia la innegable relación del ambiente con las dinámicas socio-culturales y, en particular, con la salud.

¿Estamos dispuestos a cambiar nuestro modo de vida y nuestros patrones de consumo para encaminarnos en una dirección diferente de un desarrollo ligado más al vivir saludablemente, visión que le apuesta a una relación de respeto y equilibrio entre la sociedad y la naturaleza?

El mercado no garantiza que la economía encaje en la ecología, ya que el mercado infravalora las necesidades futuras y no cuenta los perjuicios externos a las transacciones mercantiles.

Es necesario entonces replantear el modelo de ciudad y frenar la expansión de la capital en pro de mejorar las condiciones ambientales y de salud de los que habitan en ella, en tanto mega ciudades como Bogotá son ya consideradas inviables tanto desde el punto de vista social como ambiental. Y si esta expansión es inevitable es absolutamente necesario encontrar alternativas de materiales que no pongan en riesgo el medio ambiente ni la salud.

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