Amargo final de Josefina Fernández en DomusVi
DomusVi y Josefina Fernández Miguélez no eran nombres
demasiado conocidos en España antes de la pandemia. Pero desde marzo de 2020
han estado en el ojo del huracán. DomusVi, principal grupo de residencias en España,
porque en sus centros fallecieron más de 2.100 mayores durante el año pasado. Y
Josefina Fernández, su consejera delegada.
En la primavera de 2020 DomusVi gestionaba 140 geriátricos,
que contaban con 18.700 plazas. Durante la primera ola fallecieron en sus
centros más de 1.800 ancianos, de acuerdo con los datos conseguidos por
infoLibre a través de los portales de transparencia de los gobiernos
autonómicos. En la segunda ola, la cifra de muertes a finales de diciembre
alcanzó los 300. En total, perdieron la vida más de 2.100 residentes en centros
de DomusVi. ¡Un 11,2% del total!
Gonzalo Caballero
afirmaba que la vacunación de la delegada de DomusVi "es una bofetada a la
dignidad de los gallegos" "Es como si en la crisis del ladrillo se
premiase a los que más defraudaron",
espetaba Gonzalo Caballero en una entrevista en la Cadena Ser recogida
por Europa Press
El tratamiento a las personas residentes en centros de
DomusVi provocó el nacimiento de dos asociaciones de familiares, que más tarde
formaron una federación gallega con la posibilidad de una federación estatal.
Pepe Bernárdez, de la asociación Vellez Digna, señalaba los
constantes problemas cada vez que pedía el libro de reclamaciones mientras su padre
estaba en la residencia de DomusVi en Aldán. “Si pides el libro de
reclamaciones tiene que entregarlo la
dirección y hasta que no puse las cosas claras no lo recibí”. Bernárdez también cuenta el caso de una
mujer que se quejaba de un dolor fuerte. El motivo era un tornillo clavado en
la pierna. La herida se infectó por no recibir los tratamientos necesarios.
De este modo Josefina
Fernández, recibió la Medalla de Oro del
Círculo de Empresarios de Galicia haciendo gala de su mesura y destacando la
palabra "trabajo" en su visión sobre el mundo empresarial.
Fernández, que
recibió la insignia de manos del presidente de la Xunta, Alberto Núñez Feijóo,
quiso dejar claro que el premio "no es un triunfo personal, solo refleja
que he hecho lo que tenía que hacer…"
El mundo tiene un
problema de líderes. Hay demasiados que son ineptos o irresponsables.
En todas partes, las democracias están siendo sacudidas por
los votos de ciudadanos indolentes, desinformados o de una ingenuidad solo
superada por su irresponsabilidad.
La democracia fomenta ciudadanos que, en vez de pensar con
la cabeza, piensan o con el estómago o según su ideología, es decir, eligen a
sus gobernantes en virtud de los beneficios que puedan conseguir desde un tamal
hasta un puesto en la alcaldía, o bien, se deciden por uno u otro candidato por
las efervescencias de sus pasiones iracundas o melancólicas.
La tiranía es el
gobierno de uno sólo, que reina como señor sobre la asociación política; la
oligarquía es el predominio político de los ricos; y la demagogia, empleo de
halagos y de falsas promesas que son populares, pero difíciles de cumplir para
convencer al pueblo y convertirlo en instrumento de la propia ambición
política.
Fue el general De
Gaulle quien afirmó que la política era un asunto demasiado serio como para
dejárselo sólo a los políticos. Son muchas las lecturas que se pueden derivar
de este aforismo. En la España que vivimos sigue abierto el debate sobre si
debemos someternos o no a la tiranía de las mayorías, y si éstas tienen o no
una legitimidad reconocida.
John Stuart Mill ya
advirtió de los riesgos de un gobierno elegido por la mayoría que puede
terminar oprimiendo a la minoría.
Por eso para san Agustín la tiranía -como luego lo será para
Santo Tomás, como antes también lo fue para Aristóteles- es, simple y
llanamente, gobernar egoístamente en beneficio propio, no de la comunidad,
ejercer el poder en interés del propio gobernante, y no rectamente en la
búsqueda constante y permanente del bien común, en cuya idea insistirán y harán
hincapié los grandes pensadores y filósofos cristianos del siglo XV y XVI (Erasmo
de Rotterdam, Tomás Moro, la Escuela Jurídica Española del siglo XVI…).
Conviene recordar la frase de san Agustín: <<Si de los gobiernos quitamos
la justicia, ¿en qué se convierten sino en bandas de ladrones a gran escala? Y
estas bandas, ¿qué son sino reinos en pequeño? >>. O lo que afirmaba
Erasmo de Rottederam en su “Educación al Principio Cristiano”.
El objetivo de una ética política es conseguir una comunidad
cohesionada y solidaria, desde el compromiso con el Bien Común y con la
eliminación de todo aquello que erosiona y favorece la desigualdad en la
sociedad. Solo una comunidad de este tipo puede garantizar la estabilidad
necesaria para que los ciudadanos puedan llevar a cabo sus proyectos de vida en
condiciones de libertad y dignidad.
Debemos estar, pues, prevenidos respecto de aquellos
políticos que quieren mantenerse a toda costa en el poder y que no aprecian
tanto los talentos para el bien común, como el beneficio para su propio
interés; y que aparentan cumplir fielmente con la verdad y la justicia y, sin
embargo, se dejan llevar por los intereses egoístas de su narcisismo
desmesurado y que identifican el Estado con su persona.
Debemos exigir integridad y honestidad a todos nuestros
políticos, sean de la ideología que sean.
Hagamos frente común
en la recta defensa de la libertad radical y de la vida y dignidad de la
persona, en suma, y de la necesidad de exigir, en definitiva, al político la
búsqueda del bien común.


Más claro imposible, pero predicamos en el desierto.
ResponderEliminarArtículos así debieran estar en las primeras páginas de todos los periódicos