El gobierno justifica como «ayuda de existencia» la financiación pública que recibe el Rey emérito.
La
vicepresidencia primera del Gobierno,
Carmen Calvo, estuvo presente el miércoles
la comisión del Congreso para exponer la reforma constitucional para que
los discapacitados dejen de ser calificados como «disminuidos«. Pero, a pesar suyo, la vicepresidenta primera del Gobierno ha
tenido que enfrentar otros debates, como el de la monarquía, en el turno de
preguntas.
En su
aclaración la vicepresidenta ha justificado que Juan Carlos de Borbón es
«exjefe del Estado» y que, por ello, «en su condición dispone de manera
absolutamente clara de una ayuda de existencia«, comparándolo con la que
también reciben expresidentes autonómicos. Se trata de una ayuda básica, ha
insistido, que consiste en «seguridad y staff de ayuda, coche y secretaría«. Ha
insistido en que «esta es la ayuda que tiene el rey emérito como jefe de
Estado, entre la que hay los tres asistentes«. En cambio, ha recordado, no
recibe prestaciones económicas «por ninguna actividad pública», después de que
su hijo Felipe VI le retirara la pensión el año pasado con todos los
escándalos.
"Algunos dicen que quieren mucho
a España, pero el sexo lo tienen con Suiza", comenzó diciendo antes de asegurar
que como español se siente avergonzado de que Juan Carlos "fuera a Suiza
con maletines de dinero o fuera al banco a pedir fajos de billetes sin pasar
por el fisco español".
"No estamos hablando de llevarse
100.000 pesetas para el fin de semana, estamos hablando de hasta 300.000 euros
al cambio y eso no es para irse a echar la partida de mus", alegó.
"Nos
estaban diciendo que eran ejemplares y en los años en los que la gente peor lo
estaba pasando en España, cuando estalla la burbuja inmobiliaria, cuando este
señor salía a decirnos que había que ser generoso... Él seguía este tipo de
conductas", lamentó.
Mientras
tanto la realidad en la que se desenvuelven muchas familias es sumamente dura.
Si nos fijamos en España y analizamos un poco la situación, vemos que es
sumamente difícil. El desempleo se ceba en más de una cuarta parte de la
población activa, niños a los que sus padres no pueden alimentar cayendo así en
las oscuras sendas de las nuevas pobrezas, dificultades para muchos niños de
acceder a los comedores escolares, a las becas para libros de texto. Muchos
abuelos jubilados tienen que mantener a familias enteras con sus flacas
pensiones que ya no se revalorizarán con el IPC, centros de ayuda social
colapsados por la cantidad de familias en situación de dificultad social o en
pobreza severa, pérdida de derechos sociales y laborales que quizás ya no se
conseguirán nunca, desahucios, los copagos sanitarios que afectan a los más
débiles, recortes en sanidad y en educación... La realidad social en que
estamos inmersos en nuestro aquí y nuestro ahora es dura.
En España llevamos años asistiendo a
diferentes situaciones que muestran el deterioro político, económico y moral
que está sufriendo este país, y ya no sólo estamos hablando de una crisis
económica en España sino de una crisis de valores generalizada…a la que todos nos hemos
acostumbrado, viviéndola con “normalidad” y casi como si fuera un espectáculo
televisivo con máxima expectación y que sirve para llenar horas de tertulias,
periódicos y contenidos televisivos…
¡La justicia no está siendo igual
para todos! Quien
diga que la justicia es igual para todos no sabe de qué habla. La Justicia es
igual para todos los que se la puedan permitir. La justicia de los poderosos no
es igual que la de los pobres. Siempre
tendrán los mejores abogados, cosa muy importante en la cárcel. Nunca les fallarán
las visitas ni los vis a vis. Aun estando en las mismas celdas e incluso en el
mismo patio. Nunca les faltará una tarjeta para telefonear, ni los euros para
el economato y para el café o el tabaco. Cosas muy valiosas dentro de la
cárcel.
No hay proporción entre una persona
que usó una tarjeta para dar de comer a los hijos, (y claro que la usó
ilegalmente), y encargar un entramado bancario en Suiza para recibir
donaciones. Todos
nos equivocamos pero el rey emérito
tiene un plus en el deber de ejemplaridad que debe ir incluido en sus
títulos y en sus sueldos.
El Rey emérito debería tomar ejemplo
de santa Isabel de Hungría, española ella, se desvivió por los pobres. Y gastó su vida por ellos. Y su
sobrina, Santa Isabel de Portugal, hizo lo mismo. Santa Isabel se gastó su
dinero ayudando a los pobres y el grano que estaba reservado para su casa. Esto
le valió grandes críticas. Como el castillo quedaba sobre una colina, construyó
un hospital al pie del monte para dar de comer a los inválidos con sus propias
manos, y pagaba la educación de los niños pobres, especialmente de los
huérfanos.
A Santa Isabel de Portugal le enseñaron que si quería en verdad agradar
a Dios debía unir a su oración, la mortificación de sus gustos y caprichos y
esforzarse por evitar todo aquello que la pudiera inclinar hacia el pecado. Le repetían la frase antigua:
"tanta mayor libertad de espíritu tendrás, cuanto menos deseos de cosas
inútiles o dañosas tengas". Sus educadores le enseñaron que una
mortificación muy formativa es acostumbrarse a no comer nada entre horas (o sea
entre comida y comida), y soportar con paciencia que no se cumplan los propios
deseos, y esmerarse cada día por no amargarle ni complicarle la vida a los
demás.


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