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Díaz Ayuso afirma que sólo en Madrid se vive en libertad.

 


De nada sirve la libertad para salir a tomar cañas mientras haya gente muriendo en los hospitales. Decía Isabel Díaz Ayuso que ha ganado la libertad o, al menos, lo que ella entiende por libertad. Irse a tomar cañas ¿Esa es su libertad? Yo tengo claro cuál es la mía. Libertad es educación y sanidad pública.

Benjamín Constant  subrayó hace mucho tiempo la libertad como libertad de los individuos entendida cual la “libertad negativa” que tanto ensalzó Isaiah Berlin, en el sentido de libertad como “no interferencia” en derechos que el individuo ha de ver protegidos por el Estado como derechos civiles, no es para decirle de manera frívola a los ciudadanos que nadie les va impedir que se vayan de juerga.

“El capitalismo no es, como pretenden sus economistas, un régimen de intercambio generalizado sino un sistema de destrucción generalizada; consiste en una guerra ininterrumpida al mismo tiempo contra los hombres y contra las cosas. A la guerra contra los hombres la llaman trabajo, a la guerra contra las cosas la llaman mercado; y lo que llamamos convencionalmente “guerra” – con sus bombardeos, sus incendios, sus víctimas mutiladas y sus escombros- no es más que una forma rutinaria de ajustar el trabajo y el mercado”. Santiago Alba rico.

La sanidad privada vive en un boom en España. En cinco años, del ejercicio de 2014 al de 2018, los hospitales privados  aumentaban su facturación en casi mil millones, con un crecimiento del 16,71%. El seguro privado ha subido en número de asegurados casi un 15% en entre 2015 y 2019, estabilizándose por encima de los 10 millones. El volumen de primas de las compañías ha crecido un 20%.

A la medicina privada, la pandemia la sorprendió en cifras récord. Las cifras lo indican. Los hospitales privados no benéficos alcanzaron en 2018 6.670 millones de euros de facturación, como recoge el recién presentado informe de la Fundación IDIS Sanidad privada, aportando valor, que no ofrece datos de beneficios de las compañías. Esto supone un crecimiento de 265 millones, un 4,13%, con respecto al año anterior. Si tomamos los últimos cinco años con datos ya publicados, el periodo 2014-2018, el crecimiento es de 955 millones, un 16,71%, lo que da idea de la fuerza del crecimiento de la sanidad hospitalaria privada en España.

La inversión en hospitales de gestión privada ha crecido tres veces más en los últimos cuatro años que en los públicos (19,4% vs. 6,4%), según un estudio de UGT. Los grandes centros de referencia han quedado «descapitalizados», concluyó un informe preliminar de la Cámara de Cuentas relativo al periodo 2011-2015, mientras las derivaciones de pacientes van en aumento. También escalan, en la misma medida, las facturas que cobran las empresas gestoras por atenderlos. Una operación en un hospital externalizado cuesta hasta seis veces más que en uno público, según el órgano que se encarga de la fiscalización de las cuentas en la región.

«Los abusos en privatizaciones son especialmente dañinos en la imagen de lo público. Si hay controles, puede funcionar. Funciona en la socialdemocracia sueca, por ejemplo. Pero tiene que estar bien ejecutado y permitir a todos la libertad para elegir. Y no una falacia de libertad», valora Víctor Lapuente, catedrático en Ciencia Política en la Universidad de Gotemburgo (Suecia). Mientras los profesionales sanitarios están dando, literalmente, la vida para salvar vidas, con unos recursos diezmados por los recortes del PP, desde la derecha se pretende colocar una cortina de un humo plagado de deslealtad y de indignidad para que la ciudadanía se olvide del austericidio del gobierno del Partido Popular que tanto daño ha hecho a todos y a todas.

En cuanto a la protección a los profesionales, Madrid también está a la cabeza de los suspensos. Al igual que sucedió con el drama de las residencias, el Gobierno de Ayuso también ocultó las cifras de los sanitarios contagiados por coronavirus durante semanas. Defendió la calidad de su material frente al del Gobierno, aunque luego se demostró que también había comprado mascarillas defectuosas como el Gobierno.

Díaz Ayuso siempre ha defendido la libertad y la economía por encima de la salud.

La última de las polémicas ha sido la construcción del Hospital enfermera Zendal con un coste que triplicaba lo presupuestado y donde no han dejado de adjudicarse contratos a dedo a diferentes empresas. Aunque la presidenta madrileña alardeaba de haber construido en menos de 100 días un espacio de 80.000 metros cuadrados que albergaría 1.000 camas y 48 de cuidados intensivos, lo cierto es que se inauguraba solo un pabellón, sin plantilla propia, con 40 camas, 4 de UCI, sin quirófanos y sin laboratorios, mientras en el hospital Infanta Sofía hay 16 camas UCI cerradas.

El neoliberalismo ha impuesto una cultura de la privatización de la vida que llega a los extremos que vemos en EE.UU y que seguirá acentuándose en las próximas décadas, cuando hasta respirar aire limpio sea un privilegio de unos cuantos. Este proceso sistemático no va cesar y lo único que podemos hacer es oponer resistencia desde estructuras comunitarias, sociales y políticas que frenen la lógica del mercado, la privatización de los bienes comunes y la deshumanización de las relaciones sociales.

Lleva razón Bernardo Pérez Andreo cuando afirma: “Los seres humanos avanzaremos rápidamente hacia la pérdida de lo que nos identifica como tales, pues la sociedad no será sino la lucha de todos contra todos para poder hacernos un hueco en el nuevo paraíso, siempre limitado, del capitalismo neoliberal.”

Muchas veces los menos aptos están en los grandes tronos. Sobre esto también escribió Ortega y Gasset en la rebelión de las masas… Antes mandaban los señoritos, algunos bien, pero a costa de los pobres y de la pobre gente.

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