“Cuando le doy pan a un pobre, me llaman santo. Cuando pregunto por qué un pobre no tiene pan, me llaman comunista.” Hélder Câmara.
Dom Helder Cámara, emblema de la lucha a favor de los
pobres y símbolo de la resistencia a la dictadura militar brasileña, murió por
insuficiencia respiratoria, en su humilde casa de Recife, donde había sido
arzobispo. Había cumplido 90 años en febrero y había sido apellidado por los
militares el obispo rojo.
En 1959 crea
el Banco de la Providencia para ayudar a los pobres y realiza la Feria de la
Providencia, que se realiza anualmente para conseguir recursos destinados a
mitigar la situación de las clases menos favorecidas. Participó activamente en
el Concilio Vaticano II, entre 1962 y 1964. Fue el secretariado nacional de
acción social de la CNBB. Desde 1964 asumió el arzobispado de Olinda y Recife y
siguió las pautas inscritas por el papa Pablo VI en su encíclica Populorum
Progressio (1967).
"La liberación eterna",
predicaba Helder, "comienza aquí. Es aquí y ahora donde construimos
nuestra eternidad". Defensor a ultranza de la gente sencilla y pobre, solía decir: "Cuando estás cerca de los pobres te
das cuenta de que aunque no saben leer ni escribir sí saben pensar".
Escribió más de 40 libros, algunos de los cuales tenían que ser leídos a
escondidas por miedo a los militares, que los consideraban subversivos.
El
presidente brasileño, Fernando Henrique Cardoso, en una nota oficial, afirmó : "Fue un hombre bendito que dedicó su
vida al ecumenismo, a los Derechos Humanos y a la lucha por la paz y la
solidaridad. Brasil sentirá su falta". Por su parte el teólogo Enrique
Miret Magdalena, dijo que el obispo brasileño deja unas ideas y
pensamientos que "siguen siendo válidos ante el nuevo milenio".
“La Iglesia
-sostenía Dom Hélder, como lo llamaba su pueblo- siempre ha estado demasiado
preocupada por el problema de mantener el orden, de evitar el caos, y esto le
ha impedido darse cuenta de que su orden era más bien desorden. A veces me
pregunto –plantea– cómo es posible que
personas serias y virtuosas hayan aceptado y acepten tantas injusticias.
El coraje con que defendió sus ideas
de transformación social le valió ser acusado por las autoridades brasileñas de
hacerle el juego al comunismo; aunque no fueron sólo éstas las injusticias que
debió soportar. Sin
embargo, no desmayó en su prédica, que ha quedado como ejemplo en el mundo.
¡Los que llamaron comunista a Don
Helder, o sus hijos, son los mismos que hoy llaman comunista al Papa Francisco! Don Helder, ejemplo de una Iglesia
presente en las periferias geográficas y existenciales, que vivía de forma
simple en la Iglesia de las Fronteras, nunca se distanció de los pobres, a
pesar de que fue abiertamente perseguido por la Dictadura Militar.
En sus
palabras, siguiendo lo escrito en Fratelli tutti, el Papa Francisco recordó
"¡Qué importante es soñar juntos! […] Solos se corre el riesgo de tener
espejismos, en los que ves lo que no hay; los sueños se construyen
juntos". Sus palabras nos recordaron una frase de Don Helder, escrita en
una carta dirigida a Jerónimo Podestá, a principios de los 80: "Cuando sueñas solo es sólo un sueño.
Cuando soñamos juntos es sólo el comienzo de la realidad".
Jesús es la
encarnación definitiva de la caridad y de la justicia de Dios hacia los pobres
y excluidos de la sociedad. A este respecto Chenu cita textos bíblicos que se
refieren a los pobres y a la esperanza mesiánica de su liberación:
A los pobres
es a quienes se dirige ante todo el Mesías; son los primeros clientes de su
Palabra, el signo de su llegada. De hecho, cuando inaugura su ministerio, en
Nazaret, en la sinagoga, se aplica a sí mismo el texto del profeta: “El
Espíritu del Señor descansa sobre mí; me ha enviado para predicar la Buena
Nueva a los abatidos, para anunciar la libertad a los cautivos”. (Is 61,1; Lc 4,18)
Y el colmo
será una extravagancia que desconcertará al pueblo mesiánico. Este Mesías es
Dios mismo hecho hombre, convirtiéndose mediante esta encarnación en un
personaje de la historia, tipo supremo de pobreza en este “anonadamiento”.
“Conocéis la gracia de nuestro Señor Jesucristo, que, siendo rico, se hizo pobre
por amor vuestro, para que vosotros fueseis ricos por su pobreza”. (2 Co 8,9)
La pobreza que motiva a los
espirituales del siglo XIII no tiene un carácter sociológico sino evangélico
porque, en opinión de Chenu, no se trata de un asunto de ideología sino de
estilo de vida.
“Si la
iniciativa de Francisco de Asís hizo impacto en la cristiandad, hasta el punto
de dar nuevos moldes a sus estructuras, no fue primeramente porque se levantó
contra los vicios de un enriquecimiento egoísta, sino porque, por encima de los
capillismos y de los privilegios de un régimen feudal, hizo emerger la ley
elemental de la fraternidad. Ni en este ni en los demás movimientos de pobreza
que estaban entonces en plena ebullición se trata en manera alguna de una
insurrección económica en vistas a reivindicaciones materiales, ni de un
Evangelio convertido en mensaje social; sino que la fraternidad franciscana,
por su misma pureza, da un sentido espiritual y su dimensión evangélica a una
emancipación humana, cuyas causas promotoras son el desarrollo industrial y una
economía de circulación.” Chenu compara este caso del movimiento
renovador franciscano del siglo XIII con movimientos contemporáneos del
redescubrimiento de la pobreza, en los que el común denominador es un apego a
la letra evangélica antes que provocar cambios en el sistema económico
dominante.
La fe en
Cristo y su seguimiento no son entendibles sin la opción de Jesús por el Reino
de Dios. Sin caer en horizontalismos ni en espiritualismos en la comprensión de
lo que es el Reino de Dios para Jesús, hay que decir que el Reino de Dios es el
criterio hermenéutico de lectura creyente de la realidad. ¡El Reino de Dios es presencia y es también utopía!
Afirma el papa Francisco: “Un cambio
en las estructuras sin generar nuevas convicciones y actitudes dará lugar a que
esas mismas estructuras tarde o temprano se vuelvan corruptas, pesadas e
ineficaces” (EG 189). “Es necesario crear una nueva mentalidad que piense en
términos de comunidad, de prioridad de la vida de todos sobre la apropiación de los bienes
por parte de algunos” (EG 188). Y ello, lo sabemos todos, es una tarea que le
corresponde a la educación.


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