Segunda huelga general contra las reformas ultraliberales de Milei
La Confederación General del Trabajo (CGT), la Central de los Trabajadores de la Argentina (CTA) y la CTA Autónoma han emitido un documento donde dan cuenta de las causas de la huelga. “Estamos frente a un Gobierno nacional que promueve la quita de derechos laborales y sociales, que redefine el rol del Estado, cerrando y achicando a su mínima expresión importantes dependencias e instituciones que brindan asistencia a nuestra población, generando de esta forma ciento de miles de despidos de servidores públicos”.
Como es habitual en él, Milei ha arremetido en redes
sociales contra la huelga general contra sus reformas económicas estructurales.
“Yo no paro”, ha publicado en X e
Instagram, acompañado de su conocido lema: “Viva la libertad carajo”.
El panorama en materia de empleo resulta alarmante, advierte Yasky, secretario general de la CTA de los Trabajadores. “En el caso del sector de la construcción, se perdieron 100.000 empleos entre despidos (por el decreto de suspensión) de la obra pública y los del sector privado. Son 380.000 afiliados activos, por eso es evidente que la cifra es descomunal. Por cada empleo directo se ganan dos empleos indirectos en la cadena de valor, y a la inversa, por un despido, se pierden dos empleos indirectos. En cinco meses se calculan 300.000 puestos de trabajo perdidos, entre los 100.000 de la construcción, 20.000 en el sector estatal y en las pymes (pequeñas y medianas empresas). En el transcurso de los próximos meses vamos a ir a un desempleo de dos dígitos (en el último trimestre de 2023, último registro, fue del 5,7%)”, sostuvo el líder sindical.
El régimen otorga un trato preferencial a los bienes importados por grandes empresas (extranjeras) beneficiarias del RIGI, pues realizarán inversiones de envergadura básicamente en actividades primarias. Podrán ingresar cualquier bien de capital, repuestos o insumos sin arancel alguno, tanto en la etapa de la inversión inicial como durante todo el flujo productivo de los próximos 30 años. Así, se pondrá en clara desventaja a la industria nacional.
La marcha de un millón de argentinos el 23 de abril en defensa de la educación pública ante la asfixia presupuestaria evidenció el malestar social contra el ajuste del Gobierno.
Así, pues, la desigualdad es un peligro real con consecuencias muy graves. La respuesta a la incertidumbre parece inclinarse por el autoritarismo identitario que representan Milei Trump, Bolsonaro, Le Pen, Vox… Utilizan el odio para llegar a los pisos más altos de la opulencia y los privilegios. Me temo que va perdiendo la economía real, la empresa orientada a sus clientes, respetuosa con los trabajadores y vinculada a su comunidad y el sentido último y radical del trabajo que humaniza y dignifica a la persona.
Nos hemos acostumbrado a escuchar que si no nos gusta el empleo que nos ofrecen, hay miles de personas esperando para aceptarlo. Eso es el ejército de reserva de empleo del que se hablaba el movimiento obrero. La pérdida de derechos y la rebaja de condiciones será imparable mientras haya personas empujadas a aceptar lo que le ofrezcan y un sistema dentro del cual todo vale con tal de mantener el negocio. No habrá trabajo decente para todos y todas, en cualquier lugar y para cualquier etapa vital, en una economía que no solo tolera la indecencia, sino que la necesita para prosperar.
Hay personas, partes de la población mundial, gente a nuestro lado, condenadas a vivir sometidas, encadenadas a subsidios “graciosamente” repartidos o a trabajos que nos les permiten salir de la pobreza. No hay una lista definida y exhaustiva, pero sí hay algunas realidades que claman al cielo y merecerían mayor atención, como la situación de los temporeros y temporeras, las trabajadoras domésticas y todos aquellos empleos de cuidados, las camareras de piso de hotel, los repartidores, los trabajadores y trabajadoras de plataformas digitales, el personal de las subcontratas, los falsos autónomos…
Lo que tantos esfuerzos costó identificar como un trabajo
aceptable está disminuyendo en favor de lo que se ha llamado “trabajo atípico”,
esas modalidades más propias de la economía sumergida que van imponiéndose
también en esos nuevos sectores de la economía ávidos de recurrir a las viejas
prácticas. No es casualidad que sean
sectores con presencia mayoritaria de inmigrantes, mujeres y jóvenes.
Ante estas situaciones necesitamos alzar la voz, pelear y luchar cada vez con más fuerza para que el trabajo decente sea posible, necesitamos una esperanza que nos permita ver el horizonte a través de estas situaciones, muchas veces sangrantes, que padecen las personas en el mundo del trabajo. Así que toca moverse. No esperar que otros se muevan. Tú y yo tenemos nuestra parte de responsabilidad y nos toca movernos. Porque moverse nos humaniza.
Afirmaba Pablo VI: “Para la Iglesia no se trata solamente de predicar el Evangelio…, sino de alcanzar y transformar con la fuerza del Evangelio…” En muchos de sus encuentros con los trabajadores reitera la conciencia de la sagrada dignidad del ser humano, íntimamente relacionada con la capacidad de trabajar que nos humaniza, y que es parte de ese acto creador de Dios –por amor–, que nos configura a su imagen y semejanza. Y su empeño a lo largo de todo su Pontificado será rehacer el encuentro entre la Iglesia y el mundo del trabajo.
Sus mensajes a los
trabajadores siempre dejan traslucir esa ternura que solo puede nacer del
corazón de pastor que camina –como dice el papa Francisco– con su pueblo; que
conoce sus sufrimientos y comparte sus esperanzas. Y, por eso, propone un
estilo evangelizador en el mundo obrero y del trabajo desde la encarnación
compasiva de la Iglesia en su realidad concreta.

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